BCNegra 2012, del 2 a l'11 de febrer

30/04/11

Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás

[Best Seller Español, 30 de abril de 2011]

David Yagüe Cayero

Terminamos esta semana de post dedicados a los últimos premios literarios de novela negra -tras Alta tensión, de Coben- con Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás. La novela ha obtenido el premio internacional de novela negra L´H Confidencial 2011.
 
La periodista y escritora nos presenta a una detective (antigua periodista) de los bajos fondos de Barcelona, Victoria González, que, embarazada de cinco meses, recibe un misterioso encargo de investigar la desaparición, violación, tortura y muerte de dos hermanas de tres y cuatro años.
 
Nos encontramos con una novela despiadada, cruel y directa, que no ahorra detalles en una trama que ya es truculenta de por sí. La investigación del caso enviará a la protagonista a una Barcelona habitada por yonquis y traficantes, donde lo mismo se trafica con niños que con droga, recorriéndosela desde las casas ricas hasta las pobres.
 
Es precisamente en la ambientación donde se encuentra el gran valor de esta novela: con un estilo duro, pero no exento de belleza, Fallarás logra crear una atmósfera opresiva, de nula catadura moral, llena de negrura y sin esperanzas, con momentos tan intensos que parecen poseer un tono onírico. No hay lugar para la corrección política ni para las concesiones, la novela y su ambiente son truculentos y terribles de principio a fin, a veces rozando el límite.
 
La protagonista está muy trabajada y hay una galería de personajes fascinantes como el sicario Genaro o el misterioso Conseguidor.
 
Sin embargo, es en la trama policíaca en lo que he encontrado menor intensidad. El desarrollo de la historia parece avanzar con trompicones, tan centrada en la atmósfera y sus personajes que parece dejar en un segundo plano el caso y el interés en él puede llegar a decaer, para después cerrarlo de una manera precipitada. Ese cierre tan abrupto, hace que algo que veo positivo como dejar la trama abierta, sin explicar todo hasta el último detalle para que el lector tenga que unir todas las piezas en su cabeza, pierda fuerza y deje al lector algo descolocado.

Título: Las niñas perdidas
Autor: Cristina Fallarás
Editorial: Roca Editorial
Año de edición: 2011
PVP: 15 €

29/04/11

Carta del librero. Tiempo de lobos

[El Blog de Negra y Criminal, 29 de abril de 2011]

Fechas como el Dia del Libro, Navidad o la Feria del libro de Madrid, hace que a las librerías llegue una avalancha de novedades, más avalancha que lo habitual. Y pueden pasar desapercibidos libros importantes.
 
En ocasiones damos. Simplemente, noticia de la aparición de un libro, en ocasiones recomendamos, y en ocasiones recomendamos de forma entusiasta, con premeditación y alevosía, casi al borde de la coacción. En este último caso se encuentra nuestra recomendación de hoy de Tiempo de lobos, de Martín Cruz Smith, traducido por Rosa Corgatelli. Una de las mejores novelas que, tanto el librero como la librera, han leído en los últimos años. Y ya saben ustedes, que no siempre coinciden el librero y la librera…
 
Fue primero editada por la editorial El Ateneo de Buenos Aires. Fuimos trayendo unos pocos ejemplares (somos una pequeña librería) hasta que desgraciadamente ya no llegaron más. Afortunadamente ahora se edita en España, y al mismo tiempo se recupera Parque Gorki, del mismo autor. Una de esas novelas nada leídas por que todos hemos visto la película. La película es buena, la novela mejor.
 
Pasha Ivanov, uno de los nuevos multimillonarios de Rusia, se ha suicidado -en apariencia-, arrojándose desde el décimo piso de su exclusivo departamento de Moscú. Su muerte es investigada por Arkady Renko, un policía honesto, terco,y perseverante. Los indicios llevarán a Arkady hasta la Zona de Exclusión, Chernobil, un mundo fantasmal, radioactivo, habitado sólo por la milicia, traficantes de mercadería rapiñada, unos cuantos científicos temerarios y algunos campesinos ucranianos que prefieren ignorar los altísimos niveles de radiación a mudarse.
 
Sólo los grandes novelistas nos pueden conmover mientras leemos. Todos hemos oído hablar de Chernóbil, hemos visto algún reportaje más o menos amplio, pero Martin Cruz Smith a través de Arkadi Renko nos trasmite la desesperanza y la inhumanidad de algunos humanos.

Un paisaje, una mirada, un sinsentido.
 
Fukushima, Chernóbil, Garoña, el debate sobre ¿Nucleares?, no gracias,... les aconsejamos vivamente que lean Tiempo de lobos, de Martín Cruz Smith, que les ayudará si no a opinar, sí a sentir, y una vez más tendrán un ejemplo de cómo la narrativa negrocriminal nos ilumina, nos matiza zonas oscuras.
 
Una pregunta nos hicimos en su momento, cuando asesinaron con polonio radiactivo, en Londres, a Litvinenko. ¿Quien de los servicios secretos rusos ha leído Tiempo de lobos, escrita dos años antes?. La puñetera realidad siguiendo los pasos de la mejor ficción.

Tiempo de lobos es una gran novela negra. Martin Cruz Smith, uno de los mejores novelistas. Y Arkadi Renko, su protagonista, uno de los nuestros.
 
“Yo supongo que los abogados tambien fueron niños”. Cita de Charles Lamb, en el inicio de Matar un ruiseñor. De Harper Lee. La película es buena, la novela mejor.
 
Nosotros no sabemos nada de cine negro venezolano. Afortunadamente La Bóbila, la biblioteca de L´Hospitalet, acude, puntual como el Septimo de Caballería, en nuestro rescate. Con el asesoramiento de Marcos Tarre, el novelista negrocriminal venezolano, La Bobila nos ofrece un ciclo con cinco películas.

 
¿ Quien es Bruno?
 
Saludos negrocriminales y buena lectura

28/04/11

Ésta es mi rabia, éste es mi mundo

[Diario de Mallorca / Bellver, 28 de abril de 2011]

Tino Pertierra

Las sombras de la ciudad al acecho. Tras las apariencias, el engaño envenenado. Una Barcelona que tiene poco que ver con las postales edulcoradas es el laberinto por el que se mueve una detective de nombre común en estado de excepción: está embarazada. Bien, eso nos coloca ante una investigadora nada habitual. Y un encargo cargado de malas vibraciones: Las niñas perdidas. Desaparecidas. Por una ya no puede hacer nada: ha sido asesinada. Y de la otra nada se sabe.


A Cristina Fallarás, que ganó el premio de novela negra L’H Confidencial con esta novela, le va la marcha. Escribe a trallazos: un estilo sincopado, de plano corto que de repente se lanza a patinar sobre frases sinuosas, sustantivos solitarios, verbos que incendian las páginas cuando menos te lo esperas. Una prosa con carácter. Parece sobria a primera vista, pero no lo es. Es retorcida y frondosa, de espesura amenazadora, de pronto se salta las comas o taladra la página con una imagen sombría, poderosa, temible. No hay exceso de diálogo. Qué raro en una novela negra. No es necesario. Cuando hablan es por algo, no por cháchara llenapáginas. Lo quiero muerto. Me han dicho que usted mata. Adjetivos punzantes, una calle queda descrita (destripada) en unas líneas que huyen de lo convencional y lanzan a la cara del lector olores, colores, sabores incluso. El escenario infernal donde aguardan momentos aterradores. El horror no perdona nada: la inocencia en el punto de ira. Y entre brotes de crueldad y golpes bajos de unmundo hostil, destellos de ternura (ese diálogo con el bebé que va a nacer) que aligeran la presión de una atmósfera atmósfera agobiante en una ciudad que es como una bestia, un monstruo con entrañas que se revuelve, se enfurece, muerde. La ciudad como vertedero de miserias de carne y hueso. Fallarás no se anda con chiquitas a la hora de dar un repaso convulso a la inmundicia que nos rodea, a la guerra silenciosa que estalla todos los días ahí fuera y a la que es mejor no acercarse para no saber de qué pasta están hechos algunos seres inhumanos La acción avanza sin misericordia hacia un desenlace tan lógico omo amargo, no hay concesiones cuando se trata de retratar el infierno. El horror es pegajoso. El horror nunca se olvida, aunque vendas tu alma al diablo a cambio de borrar la memoria. Y la pena... la pena mata. Las niñas perdidas es una invitación al desasosiego: sin pamplinas, sin paños calientes. El saber sí ocupa lugar: allí donde nace la rabia.

CRISTINA FALLARÁS
Las niñas perdidas
Premio L’H Confidencial
ROCA, 208 PÁGINAS, 15 €

26/04/11

Lectores

[Cristina Fallarás, 26 de abril de 2011]


El gato llamado Pipo lee atentamente las "Instrucciones para matar a un hámster".


El hombre llamado Alex Gutiérrez lanza una mirada amenazadora quién sabe si al gato o a la autora.

Las niñas perdidas, por Carmen Moreno

[Letratlántica, 26 de abril de 2011]

LAS NIÑAS PERDIDAS
Autora: Cristina Fallarás
Editorial: Rocaeditorial
ISBN: 978-84-9918-264-3
Pag.: 208
PVP: 15€

NOVELA GANADORA DEL PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA NEGRA L'H CONFIDENCIAL 2011. ¿Puede haber mejor carta de presentación para la novela de Cristina Fallarás?

Publicada por Rocaeditorial, Las niñas perdidas es una novela policíaca en la que la trama es tan abyecta que duele, en ocasiones leer la historia que ha ido trazando Cristina Fallarás.

Esta novelista maña, afincada en Barcelona, nos presenta a la detective, Victoria González que no sólo va a pelear contra lo peor de los bajos fondos barceloneses, sino que lo va a hacer embarazada. Por supuesto, Fallarás, no iba a construir un personaje al uso, sino que su protagonista debía ser una mujer de armas tomar, y es lo que ha conseguido.

Las niñas perdidas es una de esas novelas que una vez que comienzas no puedes soltar. La pregunta "¿y ahora qué?" impide que sueltes el libro y pases a otra cosa. El ritmo trepidante de la acción sólo se ve interrumpido a veces por la aparición de una voz en of o un flashback de lo ocurrido con las niñas a las que hace mención el título. Y es que no sólo están desaparecidas, sino que han muerto (no se preocupen, no estoy desvelando nada que la autora no muestre en las primeras páginas del libro) de la manera más brutal, más salvaje que pueda imaginarse.

Los personajes, como en las buenas novelas de este género, se dividen en dos grupos: los buenos y los malos. La complicación estriba en saber si todos los que parecen buenos lo son de verdad. No esperen encontrar profundización psicológica compleja, sino una sucesión de hechos que señala a cada uno de ellos de manera que queden retratados y, de esta manera, inmortalizados para lo que ha de venir.

El lenguaje también es el perfecto para la narración: duro, contundente, sin largas digresiones o falsos diálogos. No, no. En esta novela los personajes dicen exactamente lo que quieren decir en el tiempo y la forma que quieren. Esto no quiere decir que el estilo sea pobre, todo lo contrario. Cristina Fallarás consigue eso tan complejo, aunque no lo parezca, de que cada personaje tenga su propia voz, así cuando Jesús, el ayudante de la detective habla con ella escuchamos una voz dura y dulce a la vez; pero cuando habla con la madre de las niñas, esa mujer que está asistida por la locura o las drogas, leemos diálogos tan bellos como este:

-Estos edificios espantan a la muerte -dijo.
-Nada espanta a la muerte. -La voz de Adela Sánchez de Andrade emergió falsamente serena, como si las hojas de los álamos del río fueran de papel de seda-. Tenemos la violencia metida en los sueños.

Y justo cuando llega el final, ese otro momento (el primero es el comienzo) en el que la novela se lo juega todo, y creemos haber atado todos los hilos, Fallarás da una vuelta de tuerca más y nos sorprende con... ¿De verdad piensan que se lo voy a decir?

Aquí más sobre la novela:


22/04/11

Libros para comprar, vender y regalar

[Ajuntament de Barcelona, 22 de abril de 2011]

Matilde Alsina

(...)

Barcelona, del infierno a los palacios

Y para terminar dos obras situadas en Barcelona, una de ficción y criminal, y la otra de no ficción y divulgativa. La criminal viene de la mano de Roca Editorial, la firma Cristina Fallaràs y la protagoniza Victoria González, experiodista, detective y embarazada. Se titula Las niñas perdidas y es la crónica de la bajada a los infiernos de Barcelona por parte de la protagonista que busca a dos niñas desaparecidas de 6 y 8 años a cambio de una suculenta cantidad de dinero.

La de no ficción es Horta-Guinardó, una guía firmada por Antoni Capilla y con fotos de Frederic Comallarga, que pasea por el distrito barcelonés con más diversidad de lugares atractivos: desde el Hospital de Sant Pau hasta los parques de les Aigües y el Laberint, pasando por antiguos palacetes como el Palau de les Heures. Es el segundo de la nueva colección ‘Barcelona, barri a barri', editada por Cossetània, que se inició con el volumen dedicado a Sant Martí.

Y hasta aquí hemos llegado, amigos. Venga, ánimos y un buen desayuno, que la caza del libro siempre ha sido un deporte agotador. ¡Feliz Sant Jordi!

La legge del più forte, de Joaquín Guerrero Casasola (La Nouva Frontiera)

Apareix a Itàlia la traducció de Ley garrote, de Joaquín Guerrerro-Casasola, Premi L'H Confidencial 2007, editat per La Nuova Frontiera.

21/04/11

Día de la Madre: Libros para sorprenderla

[Ella hoy, 21 de abril de 2011]

Día de la Madre: Libros para sorprenderla en una fecha especial. Si estás buscando un regalo, un libro siempre es un acierto. La lectura es una pasión, la posibilidad de vivir historias, viajar y descubrir otros mundos a través de las páginas de un libro. Te proponemos una lista de libros, entre las que se encuentran algunas de las novedades editoriales recién llegadas a las librerías. Libros de diferentes géneros, con la firma de escritores como Javier Marías, Maruja Torres o Nuria Roca, toda una revelación con sus anteriores trabajos.

Regalar un libro es regalar un amigo, el cual te acompañará durante el tiempo que te zambullas en sus páginas. Si estás buscando un regalo para el Día de la Madre, además de las joyas, un libro siempre es una gran idea. Entre las novedades editoriales encontrarás interesantes títulos que, a buen seguro, le gustarán. Lógicamente, siempre se puede echar un vistazo a los libros para mujeres más vendidos, aunque en esta ocasión te proponemos una lista con algunos de los títulos recién salidos de la imprenta con destino de las librerías.

Los enamoramientos’, del escritor y académico de la Lengua Javier Marías. La publicación de su nueva novela por la editorial Alfaguara coincide además con la reedición de su primer libro, ‘Los dominios del Lobo’. Ahora regresa con una novela de sentimientos, narrada con voz de mujer, y escrita por el autor de otros éxitos como ‘Mañana en la batalla piensa en mí’ o ‘Tu rostro mañana’, cuyos derechos han sido comprados recientemente por Hollywood.

Para Ana, de tu muerto’, tercera novela de la presentadora y escritora Nuria Roca y que, en esta ocasión, está acompañada en esta aventura literaria por Juan del Val. La novela ‘Los caracoles no saben que son caracoles’ fue todo un éxito de ventas y de críticas.

Fácil de matar’, primera incursión de la escritora y periodista Maruja Torres en el género policiaco. Publicada por Planeta, Torres se adentra en el género negro, y lo hace de la mano de un personaje que tiene mucho de sí misma.

‘El cuadro’, de Mercedes Salisachs, la última novela de la escritora longeva de las letras españolas. Una historia basada en hechos reales, un relato sobre la búsqueda de respuestas.

La tierra de las cuevas pintadas’, de Jean M. Auel. Los seguidores de la saga de Los hijos de la Tierra están de enhorabuena con la publicación de la sexta y última entrega de la historia de Ayla y Jondalar. Más de 45 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo de una saga que comenzó con ‘El clan del oso cavernario’ y que ha conquistado a millones de lectores.

Las niñas perdidas’, de la escritora y periodista Cristina Fallarás, una novela ganadora del premio de novela negra L’H Confidencial.

‘La cazadora de cuerpos’, de Najat El Hachmi, ganadora del premio Ramón Llull con su anterior novela, ‘El último patriarca’.

Catorce veces ochomil’, de Edurne Pasabán y con la colaboración de Josep María Pinto. Un libro que narra la biografía de la alpinista guipuzcoana, capaz de coronar 14 cimas del planeta.

Un consejo: elige un título que se adapte al género que más le gusta leer, aunque siempre es interesante bucear en nuevas propuestas literarias.

Programa del 20 de abril de 2011

[El Blog del Lector, 21 de abril de 2011]


José Luis Ibáñez

El próximo sábado, 23 de abril, es el Día del Libro, la diada de Sant Jordi. Como cada año, la oferta de novedades literarias es inmensa. Por eso, en El día del lector nos hemos imbuido de la sana pretensión de orientarles en poco. No es, obviamente, una lista exhaustiva –necesitaríamos cientos de entradas como esta– pero puede ayudarles a elegir una buena lectura.
Recuerden que pueden repasar, también, las entradas y programas anteriores. 

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Novela negra

Acabamos este apartado negro con una escritora y periodista aragonesa, afincada en Barcelona, que acaba de ganar el premio L’H Confidencial, uno de los más prestigiosos del género en nuestro país. Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás (Roca editorial), es una novela muy dura y muy bien escrita. La protagoniza una detective embarazada, de un pasado complejo; es experiodista y antigua toxicómana. Un mal día recibe un encargo de un desconocido, debe investigar la desaparición de dos niñas pequeñas, dos hermanas. La trama, que te atrapa enseguida, te sumerge en el submundo de las drogas y en la peor cara de una ciudad cosmopolita para lo bueno y para lo malo.
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Negra ficción

[El Mundo/Tendències, 21 d'abril de 2011]

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Niñas perdidas y detective embarazada

Las niñas perdidas
Cristina Fallarás
Roca Editorial. 15 euros

Aún no son demasiadas las mujeres detectives. Y aún menos las que tienen que lidiar con un bombo de cinco meses además de con un asesino. La cosa se complica cuando el asesino a quien ha matado es a una niña. Y su hermana aún está desaparecida. En eso está Vicky, mujer, barcelonesa de extrarradio, detective con oficina en el Chino y embarazada. Para descubrir lo ocurrido deberá pelearse con los ambientes más sórdidos de una Barcelona que en poco se parece a la que nos deslumbra desde las guías turísticas.

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L'efecte Larsson..?

De lectura obligatòria

[El País/Sant Jordi, 21 d'abril de 2011]

Rosa Mora

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Las niñas perdidas
Cristina Fallarás
Roca Editorial
198 pàgines. 15 euros

Victoria González també és una experiodista i detectiva, embarassada, que investiga un cas fosc i commovedor: dues germanes de tres i quatre anys desapareixen, a una la troben brutalment assassinada i es tracta de rescatar l'altra. Amb aquesta novel.la, Fallarás ha guanyat el Premi L'H Confidencial.

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Día del Libro, la rosa, San Jorge y el dragón

[Suite101.net, 21 de abril de 2011]

M. Angeles Ramos Muñoz

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El Día del Libro

La celebración del Día del Libro se remonta a principios del siglo XX cuando La Unesco en 1930 decidió realizar un homenaje al libro y al lector. Se determinó que sería el 23 de abril por la conmemoración de la muerte de dos grandes escritores internacionales como son Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare.

La idea original de la fiesta nació en Cataluña de un escritor valenciano llamado Vicente Clavel. Se creará el Día del Libro junto con la fiesta a Sant Jordi (San Jorge), que es el patrón de Cataluña y Aragón. Es tradicional que las personas amadas se intercambien un libro y una rosa.

La novela histórica

Las encuestas a los españoles dicen que la novela histórica es la preferida entre los lectores. Los libros más recomendados son los siguientes:

•“En la corte del lobo”. Hilary Mantel. Editorial Destino.
•“Prométeme que serás libre”. Jorge Molist. Editorial Temas de Hoy.
•“Mar de fuego”. Chufo Llorens. Editorial Grijalbo.
•“El médico”. Noah Gordon. Roca Editorial.
•“La tierra de las cuevas pintadas”. Jean M.Auel. Editorial Maeva.
•“Riña de gatos”. Eduardo Mendoza. Premio Planeta 2010. Planeta.
•“Donde nadie te encuentre”. Alicia Jiménez. Premio Nadal 2011. Destino.

La novela negra más buscada

•“Las niñas perdidas”. Cristina Fallarás. Roca Editorial.
•“La senda oscura”. Asa Larsson. Seix Barral.
•“Gris de campaña”. Philip Kerr. RBA Libros.
•“El factor scarpetta”. Patricia Cornwell. Ediciones B.S.A.

20/04/11

Policiaco y misterio

[La Vanguardia/Culturas, 20 de abril de 2011]

La intriga envuelve muchos acontecimientos de nuestra sociedad. El actual boom de la novela de misterio tiene su plasmación en una oferta más diversificada y variada que nunca, con escenarios que van de Barcelona a EE.UU.

(...)

Cristina Fallarás
Las niñas perdidas
ROCA EDITORIAL. 194 PÁGS., 15 EUROS

Alguna vez quiso ser periodista internacional, pero acabó alquilando un cubículo en el Raval, y se hizo detective. Su ayudante, Jesús, soñaba con ser periodista deportivo y no dar golpe. Pero los dos, Victoria –embarazada– y él, se enfrentan al mal. Niñas torturadas, por ejemplo, criaturas que tuvieron madre, aunque fuera una borracha. Un duro libro sobre pederastas y otros monstruos y sobre nuestros pavores que en la primera vuelta de la esquina son una rotunda verdad. Como este contundente libro.

(...)

19/04/11

La otra infancia

[El Mundo / Yo Dona, 19 de abril de 2011]

Alvaro Colomer

Cristina Fallarás publica Las niñas muertas, novela más oscura que negra, merecedora del Premio L'H Confidencial.

Una historia de pederastia ambientada en los bajos fondos barceloneses, titulada Las ninñas perdidas (Roca), le ha granjeado a la periodista y escritora Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) el premio de novela negra L'H Confidencial. Su protagonista, según explica la autora, es una detective que "consume estupefacientes, está embarazada, mata animales para liberarse de la rabia y es hija de la lucha (fracasada) de izquierdas". Con esta joya como personaje principal, Fallarás construye una trama en torno a la desaparición de dos hermanas, una de tres y otra de cinco años, que sumerge al lector en un submundo donde impera el tráfico de drogas, las redes pedófilas y la pornografía infantil.

Tras haber escrito dos novelas de corte también policíaco (No acaba la noche y Así murió del poeta Guadalupe), la escritora ha decidido abordar el tema de la pederastia porque considera que, cuando salta alguna noticia sobre una red de tráfico infantil, siempre se habla de los distribuidores del material incautado o de los consumidores del mismo, pero nunca de los niños en sí: ¿de dónde han salido?, ¿quién los ha reclamado?, ¿quiénes son sus madres?.. "Los niños no se quejan, así que ya es hora de que alguien se queje por ellos", defiende la autora. La novela también aborda otro tema harto polémico: la injusticia cometida en muchas ocasiones por los servicios sociales, que retiran la custodia de los hijos a las madres con escasos recursos y adicciones insanas. Según puede desprenderse del argumento, la autora considera injusto que las madres acaudaladas y, por tanto, con recursos para contratar niñeras, no sufran la misma presión social cuando presentan patologías similares. "Creo que el embarazo y los hijos ponen a la mujer actual frente al fracaso en su búsqueda de la igualdad. Haber  adoptado el modelo masculino como propio nos ha conducido a una frustración que, en mi caso, alberga rabia."

Cristina Fallarás también se ha convertido recientemente en noticia tras la creación del portal Sigueleyendo.es, dedicado a las novedades editoriales y a la reflexión cultural, que está convirtiéndose, clic a clic, en web de referencia en el mundo del libro.

18/04/11

Tres apuntes sobre “Las niñas perdidas” de Cristina Fallarás

[La medicina de Tongoy, 18 de abril de 2011]


Miren, les voy a decir la verdad, hoy me levantado un poquito hijo de puta, pero por el cariño que les tengo a ustedes (que ya sabrán infinito) y el respeto que me inspira Cristina Fallarás (que por ahí le andará) voy a contenerme y toda la mierda que pensaba escupir (sin motivos realmente justificados) me la voy a reservar para la crítica de algún libro de, no sé, Rosa Montero, por ejemplo, que seguro que se lo merece mucho más. Y mientras llega ese día si les parece bien podemos hacer algo de tiempo analizando obras más ligeras, de menos calado. Nada que nos vaya a arreglar la vida, vaya. Y se me ha ocurrido que como vengo un poco salvaje podemos hablar, por ejemplo, de libros de mujeres que escriben sobre hombres malvados que descuartizan niñas. A continuación, con todos ustedes, tres breves apuntes sobre el librito canibal de Cristina Fallarás; tres apuntes que tratarán temas tan apasionantes cómo:
 
1º Lo buena, mala o impersonal que sea o no Cristina como escritora.
 
De lo único que me voy a ocupar en este apartado es de decirles a ustedes que no tienen nada que temer; que si leen esta novela no se van a encontrar con la típica mierda de escritura automática de las tropecientas novelas de asesinos y asesinados que pueblan el panorama literario internacional, incluidas Lackberg´s y Larsson’s (especialmente Lackberg’s y Larsson’s). Se aprecia una huella, hay un poso de muchos años de escritura (y de vida, me temo); un estilo que ya en su momento me pareció entrever en, por ejemplo, su blog personal (no, ya ven que no le he seguido mucho la carrera). Digamos que si la veteranía es un grado con la de Cristina uno se puede llegar a colocar; sin perder el sentido, vale, pero sí, un puntito sí que lo tiene. (Aquí había pensado incluir un montón de citas a cual más singular como demostración palpable de lo defendido pero he pensado en usted, lector, que estará deseando llegar al final y me he contenido y por eso lo voy a dejar a su imaginación. También se puede leer el libro para salir de dudas, que casi será lo mejor.)
 
2º Las precauciones a tomar durante su lectura.
 
¿Saben lo que es el miedo? ¿El miedo de verdad? El miedo de verdad, ya se lo digo yo, es leer “Las niñas perdidas”. Y lo es porque durante toda la novela permanece una sensación de que en cualquier momento recibiremos una patada en los huevos, lo merezcamos o no. Parece una chorrada, pero esto es muy importante. No sé a los demás pero a mí personalmente esta sensación de leer con cierto acojone me produce un extraño placer que no es este el momento de tratar y mucho menos con ustedes pero me sirve para explicarles que durante esta lectura no me ha abandonado en ningún momento la sensación de que Cristina estaba arreglando (a través de la novela) pequeños asuntos pendientes, no sé si con hombres, con mujeres o con el mundo (seguramente esto último). Esta agresividad, que no se atenúa de ningún modo -ni con la lírica de la prosa- dota de una fuerza inusual todo el texto a la vez que sirve para descartar ciertas dudas que se han ido sembrando a lo largo y ancho de cuantas entrevistas he leído: que “Las niñas perdidas” no puede ser una novela social, como creía yo en su momento, es una de ellas. Tampoco una novela negra, como nos promete la editorial. Podría ser, en el mejor de los casos, un ensayo sobre la violencia, sobre las distintas formas de ejercerla, percibirla y ser objeto. La propia Cristina, en la página 88, pone algunos ejemplos cuando dice que, dependiendo de quien la ejerza, la violencia puede ser “delicada, líquida, elegante, propia de un mundo de formas y piel de melocotón que ya hemos perdido definitivamente. Violencia muelle. Pequeña molicie criminal”. También, continúa, puede ser “química. […] Violencia adquirida por desarraigo […] viene del íntimo dolor y del pasmo”. Y por último “la violencia del mundo navaja, afilado, puntiagudo. Nace de la pérdida total, no conoce las formas ni guarda información genética al respecto. […] Es una violencia ejercida por el otro con toda su bestia actuando.”
 
Lo que quiero decir con todo esto es que la violencia de la novela está tanto dentro como fuera de sus páginas: la escritura lírica, elegante, violenta; la trama, tanto en el origen de la misma como en su final pero también en los movimientos de los protagonistas, agotados de reacciones convulsas, a un paso del vómito permanente.
 
3º De lo que la novela no es.
 
Se acabaron los besos. Miren, sospechen de todo aquel que les diga que la novela de Cristina es la pera limonera del género porque les estará mintiendo. La novela de Cristina está bien. Punto. La novela de Cristina cuesta 15 euros que es lo máximo que yo estaría dispuesto a pagar por ella (que ya no está mal). Además, ese premio de barrio que le han dado, a pesar del ruido, tiene pocas nueces. ¿Saben porque lo sé? Porque la novela de Cristina, se lo acabo de decir, no es negra. Ni negra, ni social, ni erótica (es decir, que si se ponen ustedes cachondos durante lectura lo más probable es que lleven un psicópata dentro. Mírenselo, hagan el favor). Y cuando digo que no es Negra me estoy refiriendo a la negrura de su acepción más primaria, la que definió Raymond Chandler en su momento. Eso no me supone ningún problema -aunque entiendo que pueda parecer que lo esté planteando como tal- porque el 99% de la novela supuestamente negra que se publica actualmente no lo es ni remotamente. Es otra cosa: un thriller de intriga, una novela de suspense, una de tiros. Lo que ustedes quieran; menos negra, lo que quieran. Y en esa nueva categoría, en ese género inventado, evolucionado, es donde podemos ubicar estas niñas perdidas, con su violencia, con su detective embarazada; con sus traficantes y su Barcelona yonki.
 
Si me obligasen a explicarles porque me molesta tanto que se considere (esta novela) del género que no le corresponde -a sabiendas de que a mí el sometimiento de la literatura a los géneros me parece una forma como cualquier otra de menospreciar el trabajo del escritor de la obra en cuestión (la que sea)- les diría que es porque no ha cubierto las expectativas formales que (yo) había puesto en ella. Esperaba una mujer fatal, o en su defecto, un hombre fatal; esperaba un caso complejo, una investigación más retorcida, con más vericuetos, con más trucos y trampas mortales; esperaba personajes más elaborados, villanos menos estereotipados, esperaba UN villano, sólo uno y no dos, o tres, o cien, como aquí (pobre truco, éste el mío, para no desvelar secretos argumentales); esperaba una violencia diferente, más vulgar (aunque soy consciente de que esto último es más un elogio que una patada). Lo que no esperaba, ni me ha gustado, honestamente, es el recurso de apelar continuamente a lo extremo de la violencia ejercida sobre las niñas protagonistas (“Mira, Santo, he visitado el lugar donde una niña pasó un paquetón de horas, y un minuto ya sería demasiado tiempo, donde le hicieron cosas que no quiero saber y donde murió en una agonía de vómito. Pero esa sólo es una de las dos niñas a las que busco. Me falta su hermana. Si no me equivoco, su cuerpo estará ahora en un lugar semejante a aquel, espero que muerto, porque así habrá cesado su sufrimiento”) porque lo único que consigue es difuminar las fronteras entre los géneros que me he empeñado en defender a pesar de odiar y que lo que parece importar no es tanto el caso a resolver como lo repugnante del caso en sí.
 
Y esto es todo lo que tengo que decir al respecto. Las conclusiones las sacan ustedes como buenamente puedan o quieran. Personalmente soy de la opinión de que lo mejor para juzgar es leer (de ahí que me trague cada año tanta basura) pero también soy consciente de que la oferta literaria es inmensa y que es muy difícil apostar por una novela como esta, de una violencia tan evidente, tan miserable, en unos tiempos en los que, como me decía un amigo el otro día, "a la gente que le gusta la mierda y la basura ya está harta de mierda y basura de barrio y quiere mierda y basura imperial y no barriobajera, quiere mierda de políticos, reyes, magnates, países destrozados y millones de muertos".
 
Mi relación con la escritora: a poco que la conozcan ya se imaginarán que he escrito esta reseña con una pistola apuntándome a la cabeza y que si no soy suficientemente elogioso (que ya se ve que no) en cuanto haga clic en "Publicar entrada" moriré por impacto de bala en el occipital.
 
Clic.

17/04/11

Victoria González

[Mis queridos sabuesos: blog de novela negra, 17 de abril de 2011]

La detective Victoria González es la protagonista de "Las niñas perdidas"(2011) de la escritora zaragozana Cristina Fallarás.

Victoria González, Vicky, ha sido periodista, ahora es detective, tiene alquilado un destartalado local en pleno barrio del Raval barcelonés, en la calle León esquina con la calle Paloma. Divorciada dos veces, ahora está embarazada, no sabemos de quién, pero ni falta que hace. Su mayor vicio en la actualidad parece ser tomar Alka-Seltzer en cualquier momento del día.

Otros personajes: Jesús, ayudante de Victoria, gitano al que le gusta la cerveza negra, ex yonqui, ex taleguero, ex conquistador, alcohólico y resabiado; Genaro, una especie de sicario, asesino a sueldo, de unos cuarenta años, flaco y con una cicatriz que le recorre la cara desde el párpado derecho hasta la boca pasando por la nariz, el parpadeo constante y las grandes ojeras violetas sobre los pómulos indicaban cocaína o metanfetamina. A pesar de todo, a veces parece tener su corazoncito; la mujer pelirroja, Adela Sánchez de Andrade, que deambula por la sala de espera del pabellón de Nuestra Señora de Montserrat del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau; el Conseguidor, antes el Santo, que como su apodo indica podía conseguir todo lo que le pidieras(¡); el Croata, macarra, chulo putas, no es croata pero le llaman así porque estuvo de casco azul de la ONU en la guerra de la antigua Yugoslavia y volvió con una denuncia por violación de menores, que quedó en nada. No obstante, fue expulsado de las Fuerzas Armadas españolas; el Alemán, mendigo, que convive con perros sarnosos, es colega de Genaro; el comisario Toni Estella, al que le gustan los cubatas poco cargaditos; y la madre de nuestra Vicky, una mujer a la que le había fallado todo, el marido, los amantes, el partido, la revolución, la URSS y el Frente Sandinista.

"Las niñas perdidas" me ha parecido una novela sórdida, tremendamente sórdida, narrada en un ambiente y con una fauna de personajes de lo más cutre, apenas hay un resquicio para la alegría, la risa o la esperanza en toda la historia. Me ha gustado cómo está escrita, con capítulos cortos, algunos muy impactantes, pero eso sí, me ha dejado un sabor amargo, muy amargo.

Cristina Fallarás nació en Zaragoza en el año 1968. En la actualidad vive en Barcelona. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en la Cadena Ser, El Mundo, El Periódico de Catalunya, RNE o el diario ADN entre otros. También ha colaborado en programas de televisión de Antena 3 y Cuatro. Dirige la web "Sigue leyendo". Con esta novela, "Las niñas perdidas", ha ganado el Premi L´H Confidencial 2011 Premio Internacional de Novela Negra. Con otra novela anterior "Así murió el poeta Guadalupe" fue finalista del Premio Dashiell Hammet de Novela Negra 2010.



La mancha negra, de Manuel Sánchez Dalama (Algaida)


Manuel Sánchez Dalama. La mancha negra. XIV Premio de Novela Ciudad de Badajoz. Sevilla: Algaida, 2011. ISBN: 978-84-9877-567-9

La mancha negra narra la historia de dos naufragios muy diferentes entre sí: el del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia y el de un policía gallego afincado en Madrid que arrastra la peor racha de su vida. Dos desastres inminentes en torno a la insólita figura de Manfred Gnädinger, el alemán de Camelle, a menudo considerado como la única víctima que provocó el hundimiento del obsoleto navío. Manuel Sánchez Dalama ha novelado las circunstancias que rodearon el naufragio del Prestige, entreveradas con una historia de amistad, venganza y narcotráfico, para construir un relato sobre las razones e instintos que llevan a buscar el verdadero sentido de la vida, aunque muchas veces esta búsqueda conduzca a las mismas puertas de la muerte.

Primer capítulo

16/04/11

Las niñas perdidas

[Bolmangani, 16 de abril de 2011]

“Me han dicho que usted mata.”
Las niñas perdidas, pág. 10.


¿Qué dice un violador
y pederasta
en medio de un desastre?
Las mujeres y los niños
primero.
Cosecha propia


Como solamente soy un lector esporádico —o espontáneo— de novela negra, busco y encuentro la definición de novela negra en la wikipedia, que reproduzco editada y sin las taras ortográficas y gramaticales del original: “Este tipo de relato presenta una atmósfera asfixiante, de miedo, de violencia, de falta de justicia, de corrupción del poder y de inseguridad. Nace en Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX como variante de las historias policíacas, agregando la violencia a las características de aquel género. En la novela negra los crímenes se basan en debilidades humanas tales como la rabia, las ansias de poder, la envidia, el odio, la avaricia, etc., razón por la que se utiliza un lenguaje eminentemente crudo. En este género se da más importancia a la acción que al análisis del crimen, predominando la descripción del entorno social donde nacen los criminales y el trabajo reflexivo sobre el deterioro ético.”

Hago esto porque me confundo y corro el riesgo de confundir una novela de Cristina Fallarás que leí hace poco, Las niñas perdidas. Si hay que hacer caso a la definición wikipédica, y no veo por qué no habría que hacérselo, Las niñas perdidas es perdidamente negra. A un amigo que también la estaba leyendo casi a la par que yo, le dije: “No es una novela negra”, pero me equivocaba. Lo que sucede es que estoy acostumbrado (es un decir, yo no leo novela negra) a otro tipo de novelas negras, las mal escritas (principal razón de que no lea novela negra). En mi segunda juventud leí a Dashiell Hammett porque sabía que había que leerlo. Como regalo desinformado de algunos cumpleaños, de algunas navidades, he recibido títulos de novela negra que también he leído y que no habían sido escritos por Hammett ni, por citar a un escritor reciente, John Banville (a.k.a. Benjamin Black). De esta forma me vi obligado a leer a Ellroy y no me gustó. Tampoco me gustó Mankell ni, entre los más cercanos, Lorenzo Silva (a quien probablemente leí para no ser menos que Aznar). En cambio sí guardo buen recuerdo de Los Amigos del Crimen Perfecto, de Andrés Trapiello. Hay algunos más, pero como ya he demostrado suficientemente mi premeditada ignorancia, prefiero hablar de Las niñas perdidas.

Fiel a la definición del género, la autora elige un crimen pero se ocupa poco de él. Es decir, la novela no es policíaca o detectivesca aunque la protagonice una periodista mutante en detective. A la autora le interesa principalmente re(mal)tratar el entorno social donde nacen los criminales, que no es otro que Barcelona. Barcelona la feísima fuera de sus alarmadas zonas de parque temático, de espectáculo turístico y catalanidad aristocrática. La urbe más literaria de Cataluña y España pero también una de las más llenas de chorizos y miseria y crímenes y brutalidad: “Lentamente avanzan por la autopista urbana bordeada de tristes edificaciones levantadas sobre peluquerías de extrarradio y boutiques con nombres como Modas Mary o Puri o también Gyna's. Ya todo es gris hormigón y negro hormiga, excepto un túnel de lavado azul piscina y la lejana torre de un nuevo centro comercial para inmigrantes de consumo básico”, p. 93. Cuando voy a Barcelona y cruzo hacia la Plaza de Cataluña asisto a la representación de un cruel espectáculo de variedades a cual más esperpéntica, producto del aluvión pero también del mal gusto de los propios barceloneses y de la sempiternamente inútil y corrupta administración (“Recordar a los yonquis la llevó de nuevo a cagarse en la administración”, p. 41).

La única posibilidad en una ciudad así es centrarse en las relaciones humanas y batallar contra las inhumanas. Así procede, por ejemplo, la detective ex-aspirante a periodista con su único colaborador, un chorizo agitanado reconvertido en su protector incondicional: “Cuando yo era más joven quería ser padre. En realidad era más que eso, quería ser honrado, como la mayoría de mis amigos, y eso significaba encontrar a una mujer que no tocara demasiado los cojones, buscar un trabajo para vagos, casarme y tener un par de hijos”, (joder, tío, o Cristina, como los veintitantos millones de bestias masculinas que habitan este país...), “Yo quería tener una niña que se llamara Paulina y a lo mejor vender enciclopedias de Planeta por los barrios más ricos llenos de mujeres insinuantes con camisones como el que tú llevas ahora, brillantes de seda. O meterme a periodista deportivo y que el Barça me pagara bajo mano por callarme lo que no tenía que decir y decir lo que ellos quisieran”, p. 122.

Bendita libertad de expresión, esa manera de expresarse de esta mujer. Siempre ha habido ricos y pobres pero Cristina Fallarás redescubre la brecha en su novela bajándoles los pantalones y subiéndoles las faldas, dejando así a la vista la podredumbre que no puede taparse con prendas íntimas de alta costura. Los ricos son unos cabrones pero sobre todo unos imbéciles con mucho que perder; dicho de otro modo: los pobres tienen toda una posible buena vida por delante, pues gran parte de la mala la dejaron atrás, mientras que los ricos, preocupados por su standing cateto —el catestanding— o paleto —el palestanding—, ya sólo pueden caer y seguir cayendo (aplausos). Porque ¿a quiénes si no a gentes de/con dinero les pueden ir tan mal las cosas —y pueden conducirse de tan mala manera— como a los narrados en la novela de Fallarás? Quien quiera saber de qué hablamos cuando hablamos de cosas que van mal y de conducirse peor tendrá que leer el libro. Baste con decir que, en la zurra general que la autora propina a la sociedad barcelonesa (vale decir la española, europea, etc.) de ahora, todos reciben su correspondiente estopa: masticadores de avena (David Foster Wallace dixit) o defensores de la vida macrobiótica, administraciones públicas y cuerpos de seguridad del estado ineptos y melifluos y corruptos, sistemas sociales tan famosos o tan de moda como el capitalismo, traficantes de droga, violadores y pederastas, profesionales del vicio, instituciones como la familia, la maternidad y las verbenas de barrio... Cobran incluso los charnegos (expresión no utilizada por la autora): “A las Viviendas Nuevas se entra por una plaza que los vecinos le mordieron a la colina parda de frontera cuando aún los pisos de autoconstrucción convivían con los bloques insalubres levantados en los años cincuenta para acoger a los inmigrantes del sur”, p. 144, ¿sólo del sur?; también los trasnochados jebis: “Se sonrió al pensar que su barrio era el único en el que se seguía contratando heavy metal para las fiestas”, p. 145; y al final toda esa rabia es porque tiene simple y animal y humano miedo: “sólo busco entender qué puede pasarle a una madre, hasta qué punto está expuesta una hija, busco saber qué pasará con mi hija y conmigo en la vida que nos espera, qué puede llegar a suceder, qué cosas suceden y hasta qué punto”, p. 147.

Esta novela negra sobre la Barcelona criminal se aleja de mi estereotipo mental de novela negra porque tiene la mala suerte de que su autora la ha escrito demasiado bien. Mi teoría es que esa autora ya escribía bien y su rabia acumulada contra esta mierda de mundo la empuja a escribir cosas que, con alguna pincelada adicional, puede encasillárselas en el género de la novela negra. Pero la novela negra que se hace hoy día, con perdón para sus amantes, es generalmente otra cosa: novela-negra, y no literatura; novelas-mal-escritas, y no escritura de calidad; argumentos-negros, y no denuncias sociales en clave literaria. Por lo que quizá sí tenía razón en aquello que le dije a mi amigo, “No es una novela negra”, y sea entonces Cristina Fallarás la oveja negra del sector, la mujer tocahuevos que el compañero de la protagonista, ese tipo que anhelaba ser periodista deportivo corrupto, no querría como mujer, como esposa.

L'imperdible de TVL'H: Réquiem por Brown, de James Ellroy

[youtube, 16 d'abril de 2011]


Programa emès a "L'imperdible" de TVL'H el 14 d'abril de 2011
Anar a "L'imperdible"

15/04/11

"Rapsodia in Black": un proyecto

[La medicina de Tongoy, 15 de abril de 2011]

Les voy a contar pequeño proyecto que se me ocurrió el fin de semana pasado. Fue mientras leía la novela de Cristina Fallarás, "Las niñas perdidas" y lo más probable es que acabe llevándolo a cabo en unas condiciones completamente diferentes a las planteadas inicialmente. La idea consistía en demorar unos días (unas semanas, en realidad) la reseña de la novela de Cristina con la (sana) intención de que sirviese de colofón de una sucesión de artículos dedicados al género Noir, ya saben, el de lasmujeres fatales y las pistolas humeantes. Algo así como un especial donde la "estrella" (por llamarlo de alguna manera) sería “Las niñas perdidas”, no tanto por su calidad –de la que no me ocuparé ahora, ni para bien ni para mal- como por haber sido la precursora del proyecto. Un proyecto, que dicho sea de paso, no deja de crecer día a día.

La primera de un total de tres entradas empezaría comentando de “El simple arte de escribir” de Raymond Chandler con el único objetivo de poder sentar las bases de lo que se considera Novela Negra desde más o menos el principio de los tiempos; a saber: que la resolución del misterio no sea el objetivo principal, que las divisiones entre el bien y el mal estén bastante difuminadas y que la mayor parte de sus protagonistas sean individuos derrotados, en decadencia, que busquen encontrar la verdad por encima de todo y siempre –o en la medida de lo posible- a través de la violencia. Después de éste, en la misma entrada, comentaría varias novelas, tres, seguramente, dos de las cuales estarían inscritas en dicho género por ser fieles a las mencionadas normas. La primera podría ser “El largo adiós”, también de Chandler y la segunda “Cosecha Roja” de Dashiel Hammett. La tercera en discordia, “1280 almas” de Jim Thompson, serviría de ejemplo para mostrar cómo los parámetros del género noir fueron ampliados en su momento (no éste) para dar cabida a muchas otras novelas, que sin serlo, pudiesen ser consideradas como tales. Resultaría difícil, por no decir imposible, ubicarlas en cualquier otro sin arriesgarse a que antes o después los márgenes se difuminasen.

La segunda entrada de este pequeño festival hablaría de dos novelas relativamente actuales que también se consideran inscritas en el género –sin estarlo; no al menos completamente. Por un lado estaría “Sólo el silencio” de R. J. Ellory, editada el año pasado por RBA y que he elegido por varias razones entre las que destaca que el escritor, al contrario que la editorial, no se considera un especialista en el género y porque al igual que las otras dos que iban (y van) a ser incluidas (“Todo lo que muere” de John Connolly y más adelante el libro de Cristina Fallarás) utiliza la infancia como motor argumental. En un principio tenía la intención de concluir con una revisitación (ver entrada anterior) a “Vicio Propio” de Thomas Pynchon, pero a estas alturas creo sinceramente que no viene mucho a cuento. La segunda, ya lo han visto, era “Todo lo que muere” de John Connolly, una novela por la que siento una especial debilidad y que no solo me sirvió para conocer al escritor sino que me hizo pasar uno de los mejores momentos del año pasado. Uno, que es poco sádico.

La tercera entrada -la última- hablaría de la novela de Cristina Fallarás, "Las niñas perdidas", que sin ser novela negra al uso (en su sentido más puro) sí podría entenderse como una versión moderna de la misma, tal como ocurre con las de Pynchon, Ellory o Connolly.

El motivo por el que este pequeño proyecto aún no se ha materializado es que todavía está en marcha y me tengo que leer casi todo lo mencionado. Aunque llevo buen ritmo: he terminado “1280 almas”, tengo a medias “Cosecha Roja” y sería más que probable que en dos semanas pudiese dar cuenta de todo lo previsto, pero lamentablemente, tal como dije al principio, el proyecto no deja de crecer día a día alterando las condiciones planteadas inicialmente. Es pronto para saberlo pero en cualquier caso lo que venía a decir con todo esto es que el motivo por el que mi siguiente entrada será, en contra de lo previsto, la novela de Cristina es porque me parece injusto que habiendo sido la novela detonante de este giro radical en mis hábitos de lectura (esto no es necesariamente un cumplido) sea la que más tenga que esperar para ser reseñada. Tampoco quiero que, a la vista de la calidad de algunas de las novelas elegidas, el tiempo juegue en su contra y pueda ser vapuleada donde iba a ser simplemente comentada.

14/04/11

Más Madrid

[Cristina Fallarás, 14 de abril de 2011]


Silvia Taulés, madre guapísima, lo va a entender

Rosa sangrienta, de Margie Orford (Roca)


Margie Orford. Rosa sangrienta. Traducción de Julia Alquézar. Barcelona: Roca, 2011 (Roca Criminal). ISBN: 978-84-9918-236-0

La violenta muerte de un adolescente sin hogar sugiere que hay un asesino en serie en Walvis Bay, un lugar de vacaciones venido a menos, aislado en el vasto desierto de Namibia. Se trata de un sitio claustrofóbico y corrupto con una población flotante que solo vino porque no les quedaba más remedio y donde todos lo saben todo, y al mismo tiempo no saben nada, de todos.

La doctora Clare Hart recibe el encargo de trasladarse a Walvis bay para apoyar la investigación cuando se traza el perfil criminal del posible asesino. Colaborará con Tamar Damases, una detective local muy astuta que lidera el equipo de Asesinato y asaltos sexuales de la ciudad. Clare se alegra de que este caso la distraiga del desastre en que se ha convertido su relación amorosa con el capitán Riedwaan Faizal, quien resultó estar más casado de lo que parecía en principio.

13/04/11

Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás

[Lector mal-herido, 13 de abril de 2011]

Casi nadie que haya hecho antes otra cosa hace nunca buenas novelas. Ponerse con las novelas es una perdición prematura, un parvulario de la palabra, una labor que no se deja para luego de la hipoteca y los niños creciditos. La novela no admite procrastinación, porque uno es novelista en la medida en la que no necesita acordarse de que lo quiere ser.

Fallarás, como tantos periodistas, vive puerta con puerta con las buhardillas verbales donde nace la ficción, y, de tanto ver entrar y salir gilipollas con sus libros bajo el brazo y, lo que es aún peor, de tanto entrevistarlos, acaba convencida de que una novela la hace cualquiera. No la juzguen. Efectivamente una novela la hace cualquiera.

Pero no Nuria Roca, cojones.

Fallarás, Cristina, no es Nuria Roca, pero sí ese profesional que ya ha impreso miles de palabras en papeles que no van a ningún lado, salvo al suelo que friegan las chachas y al cuerpo aterido del inope. De esa asunción de la palabra como cosa para salvar humedades y gelideces, en baldosa y piel, no se pasa tan fácilmente a la sacrosantez de escribir pensando que aquello perdurará, y que harán algún día una edición de bolsillo y hasta una calle con tu puto nombre. La diferencia entre prensa y literatura es que la literatura se lo tiene (textualmente) muy creído.

Entonces Fallarás -en esta novela, su tercera- nos propone un hardboiled mujer, cuando ya sabemos todos que el whisky y las putas las frecuentan sólo los hombres, que son los que han salido de casa prontito por la mañana a castigar el callejero.

Desde Poe, Hammett y Agatha Christie, las tareas del hogar literario noir vienen divididas asina: los hombres escriben el arrabal y el gran crimen y las mujeres se inventan muertitos. Los muertitos son el macramé de la trama, puro encaje de bolillos, casi pasar la spontex por la leche derramada y pensar que si fuera sangre mi vida en la cocina sería similar a la Indiana Jones en el puto Egipto. Del hogar a la aventura solo media un color, concluimos.

El caso es que Las niñas perdidas viene a concretar toda una postura mujer en la city, la de la Fallarás, que es una mujer soliviantada y soliviantante (o algo) que no está para planchar los dockers ni arrimarnos el colacao. Es una novela machota escrita por una mujer que, vía alter ego, sale a resolver un secuestro y una tortura y unos vídeos y unas delincuencias crudelísimas.

Y embarazada.

La detective que se ha inventado CF es como si Bruce Willis en El último boyscout estuviera, además de como las putas cabras, preñado. Esto pone patas arriba la maternidad, y seguramente el niño saldrá del Bilbao.

Entiende uno que esta novela, primeramente, se arriesga lo suyo al pretender del lector el aceptamiento de un pacto según el cual las tías pueden, como quien dice, jugar al rugbi, mear de pie o conducir un bulldozer. Yo soy la hostia de liberal, y una mujer conduciendo un bulldozer no me parece mal, siempre que tenga el carné. De escribir.

(Inciso: Fallarás ha hecho una novela mucho mejor escrita que pensada, aunque la página 64 la dedique íntegramente a describirnos las columnas de un puto hospital. Se nota enseguida que es de Aragón, y no catalana, como era mi temor sintáctico.)

Pero, asumido, o no, este contexto de hardboiled signado y protagonizado por una mujer, llegamos, con la lengua fuera, a otra meta volante: la novela negra española.

Y esto es mucho más jodido.

Porque leer novela negra española es siempre leer a un señor (o señora) que está inventándose unas truculencias parecidillas a las que hemos visto por la tele, y en las películas. Mientras que leer novela negra USA es leer novela negra. Al señor no lo vemos. Al señor no dejamos de verlo en la novela negra española, porque todos sabemos que lo más cerca que han estado de una pistola ha sido en el lavadero de coches de la Repsol, y era de agua y jabones, esa pipa.

Entonces uno lee novela negra hispana y ve enseguida la película. En Las niñas perdidas es Asesinato en 8 milímetros, por ejemplo, y un poco de Sin City.

También hay un retumbar de Stieg Larsson (ay) en ese afán por la burrada gore y la venganza legítima.

¿Qué nos queda, por tanto? De una novela negra española sólo queda el jueguecito de voy a hacer como que no me doy cuenta de que eres un español inventándote una historia que nadie se cree y tú vas a hacer como que sí que te la creías cuando las redactabas.

No sé.

Entrevista a Juan Bolea* por Araceli Otamendi

[Revista Archivos del Sur, 13 de abril de 2011]

Juan Bolea vino a Buenos Aires en 2008 a participar en la Feria del Libro y a presentar su novela policial Crímenes para una exposición publicada por Ediciones B. Este escritor de Zaragoza, España, es además padre de trillizos. No deja de llamarme la atención que pueda escribir novelas con semejante multitud en casa.

Lo entrevisté para Archivos del sur.

Pregunta: -¿Cuándo empezás a escribir novelas policiales?

Respuesta: - Yo había escrito al menos un par de novelas que podríamos considerar Novela negra: El manager y El gobernador donde ya me metía en la harina de la corrupción, analizaba el poder, bajaba un poco a las cloacas de la sociedad actual y esas novelas estaban muy cerca de la novela policíaca pero no tenían enigma, no tenían misterio o crimen. Entonces, cuando empecé a escribir Los hermanos de la costa en el año 2005 empecé a trabajar un caso de asesinato muy complejo que me abría muy buenas expectativas y entonces pensé y bueno por qué no invento una figura de un detective que ya me pueda servir para otros casos. Entonces imaginé la figura de Martina de Santo, decidí que fuese una mujer, una inspectora de policía.

P:- ¿Por qué decidiste que fuese una mujer la que investiga?

R: - Porque hombres en la tradición del género policial hay muchos. Es un poco cansino ponerse a imaginar otro. Mujeres hay pocas y en el mundo de la literatura en castellano hay pocas. Por otra parte estamos en el siglo XXI, las mujeres estáis en todos los frentes ya y hay una lucha por la igualdad y eso da una riqueza también. Hay una cierta cierta ideología en todo eso, una cierta rebeldía. Martina está rodeada de policías que son varones y ella se vale de sus derechos y lucha por obtener el respeto y eso es lo que quiere todo el mundo. Aparte yo creo que una mujer enfrentada al hecho criminal siempre aporta otra visión, le da a veces una mayor ternura, a veces una mayor comprensión, lo ve de otra forma que un hombre. Hay veces que me cuesta mucho trabajar los personajes, yo los trabajo, en mis cuadernos, los voy creando.

P.:- ¿De dónde nació el personaje de Martina?

R.:- Martina vino ella sola, realmente tuve que diseñarla apenas, pero a Martina la vi enseguida. Sí que la voy enriqueciendo, a lo largo de las novelas voy contando algo más. Su pasado, por ejemplo, si viene a cuento de la trama. El lector debe acompañarnos en la serie para ir conociendo al personaje. Es un personaje que está justificado por su visión policial y su sexto sentido. A un detective al final se le va a juzgar por su capacidad para resolver el misterio y ahí es donde Martina se enfrenta con casos de una gran dificultad como el de Crímenes para una exposición que exceden a la competencia de sus propios compañeros y ella tirando de unos hilos y de otros y aplicando la lógica deductiva y también las pruebas científicas y los métodos científicos consigue resolverlos pero también con un gran valor personal como siempre ha tenido el policía. Martina ella tiene una cierta leyenda, una conciencia heroica. El héroe siempre ha sido masculino, siempre ha sido solitario. La soledad ha sido un atributo del héroe masculino, y ahora encontramos aquí a una mujer que es Martina, que vive sola y que parece trabajar sola sin necesidad de precisar de nadie más. Entonces esa virtud de una mujer joven, atractiva y solitaria empieza a resultar inquietante porque no es frecuente. Eso ya es puramente literario, ya entramos en la literatura. Hasta ahí estamos aún en la comisaría, en la escena del crimen y a mi me gustaría que este personaje fuese un arquetipo como en su momento fue Sherlock Holmes o cualquiera de los grandes detectives capaz de sostener a lo largo de los años esa cualidad, ese olfato, esa inteligencia deductiva, y sobre todo para gratificar al lector. Son personajes para que el lector disfrute.

P.:- Para que las mujeres podamos disfrutar también, al leer tu novela me encantó que la detective fuera una mujer y que el autor de la novela tuviera esa ocurrencia. Yo creo que el machismo existe y existe en el arte también ...

R.:- Así es, en la literatura también.

P.:- ¿Qué repercusión hubo en España con estas novelas?

R.:- Muy buena, hay miles de ejemplares vendidos, tienen buenas críticas. La novela Mariposa de obsidiana -la novela anterior– se va a llevar al cine. Yo estoy muy satisfecho y también estas novelas fueron muy bien recibidas en México, en Venezuela. En estos dos países están entre los libros más vendidos. Para mi es una enorme satisfacción, porque el éxito no siempre está asegurado. Pero lo que yo más agradezco de verdad es ver que la gente ha disfrutado de una historia policial. Nosotros escribimos historias y solamente historias. Las historias tienen que ser lo más interesantes y divertidas posibles para que cumplamos la gran función nuestra que es entretener y hacer felices un ratito a nuestros lectores. Yo sólo por eso creo que vale la pena trabajar. Si además invitas al lector a que conozca alguno que otro de los trasfondos culturales con los que juego, en el caso de la última novela con los músicos rusos del siglo XIX.

P.:- En Crímenes para una exposición hay un trasfondo de ambientes lujosos, de los anticuarios, del mundo del arte. ¿Por qué elegiste mostrar este mundo en la novela?

R.:- Es una novela sofisticada, desde el principio lleva ese sello. No es una novela estrictamente realista. Yo procuro dar una cierta elegancia al planteamiento de la vieja lucha entre el bien y el mal. No son crímenes de salón. Yo describo el cadáver, la autopsia, el forense, pero hay una elegancia en la intencionalidad. El crimen no es brutal porque sí. Hay algo más detrás. Hay una intención, hay una inteligencia que ha preparado todo ello. A mi lo que me apasiona del hecho criminal es su propia naturaleza. Es decir por qué una persona adulta, en posesión de sus facultades mentales, a veces muy a menudo de una vida regalada y feliz puede llegar a cometer un acto vandálico, criminal, delictivo. Entonces esa pregunta no es fácil de responder; un autor policíaco está más cerca de responderlo que otro y yo intento entrar en ese mecanismo psicológico, en esos sentimientos oscuros que están por debajo de la sonrisa y de la alegría y de la apariencia y profundizar en nuestra propia naturaleza, ya que en nosotros está el bien y el mal, el ángel y el diablo, el beso y el puñal, por decirlo poéticamente. A mí eso me fascina, creo que siempre va a ser así, siempre vamos a estar indagando en esos grandes enigmas, porque somos el gran enigma, y de ahí es que la novela policíaca lo único que refleja es la naturaleza humana.
Hay un cierto desdén hacia la novela policial, algo con lo que no estoy de acuerdo.

P.:- Es cierto, hay un desdén cuando se dice: tal novela es policial, es una novela de género. También se puede leer una novela donde hay un crimen como si fuera un policial, hay una discusión sobre esto.

R.:- Yo he sufrido a veces un desdén en ese sentido, pues yo te aseguro que he salido siempre a favor del género, con mucho orgullo y llamándolo género porque es un género.
Porque tiene normas internas desde Edgard Allan Poe. Las del policial son normas básicas que hay que conocer. Y eso no significa que sea ningún desdoro literario, al contrario, yo creo que es una dificultad añadida. De hecho muchos grandes autores no han triunfado con la novela policial, porque no la han entendido, no han entendido la estructura.

P.:- No es fácil.

R.-: No es fácil y Agatha Cristie ha triunfado con una enorme popularidad. Yo creo entre Raymond Chandler o Dashiell Hammett y un Hemingway o un Dos Passos no hay ninguna diferencia a nivel estilístico ni artístico, ninguna. Y también otros muchos, hablaríamos de Patricia Highsmith, de Truman Capote, de tantos otros...

P.:- Todos son grandes escritores. Borges defendía la novela policial.

R.:- Borges es una excepción. Era un fanático, escribía cuentos con trama policial.

P.:- Borges era un defensor de la novela policial y también trabajó con la colección del Séptimo Círculo.

R.:- Era un defensor de la novela policial porque disfrutaba mucho de la novela policíaca. En el mundo de la literatura la novela policíaca es muy relajante. Cuando uno sale de Proust, o de Kafka o de Thomas Mann tropiezas con Chandler yo creo que es una fiesta. Tendríamos que tener las dos grandes referencias en la literatura creativa y no sentir desdén por la novela policial.

P.:- No conozco los motivos por este desdén por la novela policial...

R.:- Yo creo que a veces se ha hecho mala novela policíaca, no pasa nada, hay que encontrar los buenos autores y disfrutarlos.

P.:- En cuanto al trasfondo cultural de la novela, en Crímenes para una exposición aparece el ambiente del Teatro de ópera, hay ambientes lujosos, casas con piscina. Quisiera saber si conocés esos ambientes, si los has observado.

R.:- Yo procuro ser honesto conmigo mismo y con los lectores. Todos los escenarios que aparecen en mis novelas, en el caso de Crímenes para una exposición que son escenarios europeos y también del Caribe colombiano los conozco bien. Los he adaptado a la novela, yo nunca he utilizado un escenario, un país, una ciudad donde no haya estado el tiempo suficiente para captar al menos parte del alma de esa ciudad como tampoco he escrito de ningún asunto que yo no conozca o que no haya investigado. No me gusta eso, no sería capaz de escribir con una enciclopedia o a través de un libro de viajes.
El lector que vaya a la isla de Providencia en Colombia, o que visite el famoso
Teatro de la Ópera de Viena verá que es una escena en mi novela que al menos respeta ese ambiente. Yo creo que la ficción comienza a partir de allí. Uno tiene que ser honesto con los elementos con los que va a jugar, y luego hacer literatura sobre la ficción. Tiene que ser real el procedimiento, un aeropuerto no puede ser otra cosa que un aeropuerto...

P.:- El tema es que hay que saber describirlo.

R.:- Esa mezcla de realidad y ficción a mi me gusta mucho, es bonito. Es sugerente y te permite muchas licencias, y vuelves a la realidad y vuelves a la fantasía otra vez. Sales de la sala de autopsias terroríficamente real y de pronto aparece una especulación distinta.
Es una forma de entender la literatura que ha durado desde su nacimiento. Para la gente joven la novela policial tiene un gran atractivo. Yo entiendo que les cueste leer una novela de un gran clásico moderno como Joyce o como Faulkner, pero estas novelas entran muy bien y te llevan a otras. Es una manera de hacer guiños al gran público y de atraerlo, para que no esté todo el día en internet, o todo el día en los juegos electrónicos.

P.:- Tal vez igual estén conectados a internet o en los juegos pero si pueden leer una novela policial va a ser mejor.

R.:-Porque hay una literatura muy asequible que no le va a producir otra cosa que un placer. Pero hay que descubrirlo, esa es nuestra lucha. Tenemos armas, para hacerlo.

P.:- En España hay clubes de lectura de novela policial, está la biblioteca La Bóbila, la librería Negra y Criminal, recibo frecuentemente boletines de ellos y pienso cómo fue que en España se publican tantas novelas policiales.

R.:- Yo creo que estamos media docena o más de autores que escribimos novela policial con frecuencia. Ya hay una serie de citas como Zaragoza, Gijón o Barcelona donde anualmente se hacen ferias, salones literarios y el público español está apoyando esto. Es un momento interesante. Yo estoy convencido que en castellano se puede hacer una novela policíaca a nivel mundial y que podemos aportar mucho. Generalmente lo que viene de Estados Unidos cada vez es más estándar, más estereotipo, a veces tienes la sensación de que esa novela ya la has leído. Sobre todo los detectives son muy similares, en cambio nosotros tenemos otra forma de entender la construcción del personaje, el diálogo, nuestro mundo es diferente. En cuanto a otros escritores españoles, argentinos y de otros países descubran las posibilidades vamos a tener una gran oferta, no tengo ninguna duda.

P.:- También creo que en Francia la novela policial también está en auge.

R.:- Francia tiene mucha tradición en novela policial. Realmente estuvo casi desde el principio del nacimiento de la novela policíaca, y tiene muchos lectores. Ha generado colecciones especìficas, y legendarios autores como Simenon y alguno más. Francia es muy proteccionista y cuida mucho a sus autores.

Ahí el que triunfa, triunfa de verdad. En Alemania también hay mucha tradición de la novela negra, también en Suecia, y en Italia. En Europa la novela negra es un valor casi seguro. Yo creo que en América va a empezar también a funcionar.

P.:- Aquí en Buenos Aires se lee mucho novela policial y esto lo veo cuando doy cursos, hay alumnos que se han leido todo, entonces tienen ganas de leer otras cosas, de ver qué novedades y autores pueden leer, conocer.

R.:- Se trata de conseguir que dos o tres autores prendan, es como el comienzo de una novela, tú vas sembrando y dices mira éste va bien. Nosotros en España nos apoyamos bastante aunque competimos y eso es inevitable, pero mantenemos una actitud generosa y cariñosa entre nosotros.

P.:- ¿Qué autores españoles podrías nombrar?

R.:- Lorenzo Silva, Alicia Giménez Barlett, Paco Taibo, son autores de relieve y están trabajando muy bien. José Carlos Somoza, hace un trhiller, a veces de enigma muy interesante. Hay también otros escritores. Están trabajando muy bien y sobre todo defienden el género. Sabemos que si el género va bien nosotros iremos bien.

P.- : ¿En qué región de España vivís?

R.-: Yo vivo en Zaragoza, es la región de Aragón, es norte. Está justo entre Barcelona y Madrid. Paso parte del año de un lado al otro, soy una especie de trotamundos, y luego me encierro seis meses para trabajar.

P.- ¿Necesitás aislamiento para trabajar?

R.:- Pues no del todo, pero sí una cierta una tranquilidad, no quiero perder la concentración durante más de un par de días porque entonces me resulta muy duro. Yo trabajo a diario, soy muy metódico para trabajar, muy disciplinado.

P.:- ¿Trabajás en tu casa o afuera, en los bares, por ejemplo?

R.:- Normalmente trabajo en mi casa de noche, casi toda la noche, hay un enorme silencio. Y ahí consigo concentrarme. Tengo un estudio, tengo niños pequeños, pero están dormidos.

P. ¿Trabajás en un estudio que está aparte de la casa?

R.:- Sí, tengo un estudio aparte y los niños lo respetan. Los niños están muy contentos de tener un papá que escribe cuentos.

P.: -¿Y le escribis algo para los niños?

R-.- Si, a veces les escribo para que se diviertan o para que se los lean a sus amiguitos.
Yo tengo trillizos.

P.:- ¿Todos son varones?

R.:- Son dos niños y una niña. Y un día me invitaron en Navidades a un Centro cultural donde iban a ir los niños y me dijo el director: por qué no les lees un cuento y yo jamás había escrito un cuento para niños. Entonces escribí un cuento que se llama El misterio del papel de plata cuyos protagonistas son los trillizos detectives. A los trillizos no les había dicho nada. Y luego cuando vinieron al acto y empecé a leer, les había cambiado los nombres a los personajes pero conté la historia de los trillizos, cómo nacieron, entonces, vieras la cara que iban poniendo, se iban mirando y ponían una cara curiosísima. Era un cuento policíaco para niños.

P.:- ¿Qué edad tenían los niños?

R.:- En ese momento, el año pasado, tenían siete años. El misterio del relato policial encanta a los niños, por eso yo creo que la novela policíaca está en la base de la ficción. Porque a los niños cuando hay misterio, un enigma, una pista, los niños ya no pueden soportar no saber el final. Eso indica que la curiosidad por el enigma, por saber el final de un misterio está en nuestra naturaleza. Así como el amor por la ficción es de los primeros rasgos que viven mis hijos.

P.-: Si un cuento le interesa al niño quiere decir que es bueno.

R.:- Yo te diría que la curiosidad es consustancial al ser humano, es una de las grandes características nuestras. Dentro del ser humano hay algo que nos invita al sueño y a la ficción, eso es natural.

*entrevista publicada originalmente en la revista Archivos del Sur

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur -2008 - Todos los derechos reservados


La obra narrativa de Juan Bolea (Cádiz, 1959) arranca con El palacio de los jardines oblicuos (premio Ciudad de Alcalá de Novela Corta) y prosigue con dos novelas muy bien acogidas por la crítica: Mulata y El color del Índico, cuya trama transcurre en escenarios africanos. Con Ediciones B ha publicado El manager, una visión paródica del mundo del espectáculo y la política, en 2001, y dos años más tarde El gobernador, un ácido retrato de la autoridad y del conflicto generacional.