8 de gener de 2017

Rafael Bernal: el escritor con menos suerte de México D. F.

[El Mundo, 7 de enero de 2017]

P. Unamuno


La editorial mexicana Jus desembarca en España con un primer título que es una declaración de intenciones. Algo así como «hágase justicia aunque se hunda el mundo». El autor a quien se reivindica, a través de su libro de relatos Trópico, es el casi desconocido Rafael Bernal, en quien se constata que el talento no siempre es suficiente.

Lo poco que los más enterados suelen saber de Bernal (1915-1972) es que escribió el libro fundacional de la novela negra en México, El complot mongol, y que fue hombre de natural inquieto, viajero incansable y de ideas políticas conservadoras que posiblemente influyeran en la escasa difusión de su obra.

El episodio más oscuro con el que se le relaciona en su detención después de que un grupo de sinarquistas (nacionalistas, católicos y anticomunistas) colocara una tela negra sobre la estatua de Benito Juárez en la Alameda Central del D. F. Bernal negó su participación en los hechos pero una foto de la Enciclopedia de México lo muestra leyendo un texto ante el micrófono en el momento en que se encapuchaba al ex presidente.

Sí es cierto que militó en el Partido Fuerza Popular, heredero de la Unión Nacional Sinarquista. El presidente Miguel Alemán le ofreció el indulto, pero él lo rechazó porque suponía reconocer su culpa. Después se desvinculó del movimiento.

Hay otros motivos que explican el olvido de Bernal. Uno es la falta de un estudio exhaustivo de su creación. Además, muchos de sus libros fueron editados por sellos pequeños, desconocidos u olvidados como Calpulli, que sacó a la luz El fin de la esperanza en 1948 porque Stylo, la editorial que lo imprimió, temió represalias. Otra parte de su obra se dio a conocer por radio y televisión (y por tanto se perdió)... Y en México recuerdan que Bernal vivió lejos del país muchos años.

Estudió el bachillerato en Montreal; de vuelta a México probó suerte cultivando plátanos en Chiapas (de ahí surgen los relatos de Trópico); vivió en Nueva York y trabajó como guionista en Hollywood.En París estudió cinematografía y ejerció como corresponsal.

Enre 1941 y 1956 volvió a Ciudad de México, donde produjo la mayor parte de su obra literaria publicada y un sinnúmero de poemas, guiones, cuentos y obras de teatro. En el primer grupo hay que mencionar Caribal y Su nombre era Muerte, inquietante novela de ciencia ficción. De esa época son sus Tres novelas policiacas (también de Jus), cuya mera existencia desmiente que El complot mongol marcara el inicio del género negro en su país. Aquí el protagonista no es Filiberto García y sus andanzas con los pinches chinos, sino otro detective de nombre Teódulo Batanes inspirado en el padre Brown de Chesterton.

La vida viajera de Bernal se reanudó con un periplo venezolano en el que trabajó en TV adaptando novelas de Uslar Pietri y Rómulo Gallegos. Más tarde hizo carrera diplomática, que lo llevó a Honduras, Filipinas, Japón, Hong-Kong... Así sacó adelante otra de las facetas de su carrera, la de historiador.

En Lima volvió a publicar poesía y a escribir teatro, se integró en la vida cultural de la ciudad y terminó no sólo El complot mongol sino la que es considerada su obra mayor: El gran océano, una biografía del Pacífico, sus historias y sus gentes, que no se editó hasta 1992.

El clima de la capital peruana agravó la sinusitis de Bernal, que pidió por ello ejercer como empleado de embajada en otro lugar más seco. Berna fue el destino donde le sorprendió la muerte en 1972. Sus restos sólo regresaron a México 20 años después, coincidiendo prácticamente con la publicación de su libro predilecto.











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