24 de març de 2017

El vi fa sang. III Festival internacional de novel·la criminal en català





23 de març de 2017

Ya no quedan junglas adonde regresar, de Carlos Augusto Casas (M.A.R.)


Carlos Augusto Casas. Ya no quedan junglas adonde regresar. Prólogo de Julián Ibáñez. [s.l.]: M.A.R., 2017.Obra ganadora del VI Premio Wilkie Collins de Novela Negra. ISBN: 978-84-946123-4-3

Escrita con un estilo directo, en el que priman los diálogos y los sorprendentes giros argumentales, Ya no hay junglas adonde regresar rompe los esquemas establecidos dentro del género negro gracias a una trama ajena a convencionalismos, unos personajes originales y profundos —completamente alejados de los clichés—, y un ritmo trepidante que atrapa al lector.

Una historia que reposa en tres ejes: el amor, la violencia y la venganza. 

Un viejo apodado «El Gentleman» espera semana tras semana la llegada del jueves. Es el día en el que verá a Olga, una joven prostituta que despliega sus encantos de saldo en la calle Montera. Pero al viejo no le interesa el sexo.

Durante el tiempo que pasan juntos, ambos abandonan las pequeñas mezquindades de sus respectivas vidas para convertirse en otra mujer y otro hombre. Irreales y hermosos, como los sueños. Un día Olga es brutalmente asesinada. Cuatro abogados son los sospechosos de haber cometido el crimen y el viejo decide que ya está harto de que la vida le arrebate todo lo que ama. Ya no le queda nada, sólo la venganza. Comienza a hacer planes para matarlos uno por uno. El hombre más peligroso es aquel que no tiene nada que perder… porque ya lo ha perdido todo.




El carmín y la sangre, de Montero Glez


Montero Glez. El carmín y la sangre. Sevilla: Algaida, 2016. XLVIII Premio de Novela Ateneo de Sevilla. ISBN: 978-84-9067-692-9

Novela de espionaje con trasfondo político e histórico: la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y la lucha entre el comunismo, los Aliados y el fascismo. El comandante Ian Fleming —que luego se hará famoso por ser el creador de James Bond— es durante la II Guerra Mundial un agente al servicio de Su Majestad, destinado en Gibraltar con el fin de ayudar a que el Mayor Donovan logre convencer a los norteamericanos para que entren en la Segunda Guerra Mundial. Además, tendrá como misión hacer lo posible para que Gibraltar no sufra los ataques aéreos. Fleming llega en febrero de 1941 al islote, donde conoce al General Clive Gerard Liddell, el gobernador de Gibraltar. También conocerá a la bailaora, Juana la Petenera. Fleming y la Petenera unirán sus destinos y sus cuerpos, incluso Fleming llegará a enamorarse de ella, pero las posiciones irreconciliables que la guerra les infunde harán imposible un entendimiento.




22 de març de 2017

ACTE DE LLIURAMENT DEL PREMI INTERNACIONAL DE NOVEL·LA NEGRA LH CONFIDENCIAL 2017

[Biblioteques de L'Hospitalet, 22 de març de 2017]



La Biblioteca de la Bòbila celebra el dissabte 1 d'abril a les 7 de la tarda l'acte del lliurament del Premi Internacional de Novel·la Negra LH Confidencial 2017 amb la presentació del guanyador, el bolivià Gonzalo Lema, per la seva obra Que te vaya como mereces. Durant l'acte, es podrà gaudir de l'espectacle Negra... i amb molt de gust.  Paraules, menjar, boleros i molta , molta mala vida... amb Mingo Rafols i Ada Parellada i les cançons de Los Surkos.

La novel·la Que te vaya como mereces la protagonitza Santiago Blanco, un personatge que l’autor ha fet sortir en altres quatre llibres. En aquesta ocasió, Blanco ha de resoldre un problema d’interès nacional a Bolívia al mateix temps que soluciona els seus problemes sentimentals.

Gonzalo Lema va néixer a Tarija (Bolívia) el 1959, però molt aviat es va traslladar a Cochabamba. Va fer la carrera de dret a la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) i ha exercit diversos càrrecs públics.Va ser regidor del Municipio de Cercado pel MAS, el partit del president Evo Morales.

Com a escriptor, Gonzalo Lema té una àmplia bibliografia, entre la qual destaquen novel·les com Este lado del mundo (1984), El país de la alegría (1987), La huella es el olvido (1993), Ahora que es entonces (1998), La vida me duele sin vos (1998), Un hombre sentimental (2001), Los labios de tu cuerpo (2004), Dime contra quién disparo (2004) y Contra nadie en la batalla (2007). Ha guanyat també diversos premis com el Premio Erich Guttentag, el 1983; el Premio Internacional Casa de las Américas, el 1993; el Premio Nacional de Novela, el 1998, i el Premio Nacional de Culturas de Bolivia i el Premio Internacional de Novela Kipus el 2014.









Los tres evangelistas, de Fred Vargas


Fred Vargas. Los tres evangelistas: Que se levanten los muertos; Más allá, a la derecha; Sin hogar ni lugar. Traducción del francés de Helena del Amo, Manuel Serrat Crespo; Annne-Hélène Suárez Girard. Madrid: Siruela, 2014 (Policiaca). ISBN: 978-84-16280-02-5


Mathias, Lucien y Marc, apodados Los tres evangelistas, son tres jóvenes historiadores sin un céntimo que conviven en un destartalado caserón en la calle Chasle de París. Junto con los expolicías Marc Vandoosler, tío de Marc, y Louis Kehlweiler, alias el Alemán, forman un peculiar equipo de investigación capaz de resolver lo más extraños casos.


En Que se levanten los muertos los improvisados investigadores se empeñan en resolver un homicidio que hunde sus raíces en un pasado lejano, lleno de rencor y celos. Un joven árbol, un haya, ha aparecido misteriosamente durante la noche en el jardín de su vecina, la cantante de ópera Sophia Siméonidis: ¿una broma, el extraño regalo de un admirador... o un siniestro presagio de la desa­parición de Sophia pocas semanas después?

En Más allá a la derecha, Kehlweiler descubre un fragmento de hueso humano entre los excrementos de un perro mientras vigila la ventana del sobrino de un diputado; obsesionado por el caso, intenta localizar al dueño del perro y sus pesquisas lo llevarán a Port-Nicolas, un pueblecito de la Bretaña. Allí, en un viejo bar lleno de humo, escucha y vigila, tomando una cerveza tras otra, escrutando los rostros de los paisanos... ¿De quién era el hueso? ¿Se habrá cometido un asesinato?

Sin hogar ni lugar, tercer caso de la serie, comienza cuando el joven discapacitado Clément Vauquer busca refugio en casa de Marthe, la anciana exprostituta amiga de Kehlweiler, que de pequeño lo atendió casi como una madre. Marthe no puede concebir que su niño sea un psicópata capaz de llevar a cabo los asesinatos (dos muchachas brutalmente apuñaladas con unas tijeras) de los que se le acusa, y pide ayuda al Alemán…


21 de març de 2017

Trade pays tribute to Morse author Colin Dexter

[The Bookseller, 21 march 2017]

Katherine Cowdrey


Figures from across the trade have paid tribute to Colin Dexter, author of the Inspector Morse novels, who died aged 86, at his home in Oxford on Tuesday morning (21st March).
David Kelly, sales manager at Blackwell's, which has its head office and flagship branch in Oxford where the Morse novels were set, said Dexter was "fantastic company" and his creation detective Inspector Morse had helped put Oxford on the map.
"Colin Dexter and the Morse novels were synonymous with Oxford and indeed our shop, so it's with great sadness that we received the news," Kelly said. "The success of the Morse series continues every year and draws tourists from across the world to Oxford. Colin was a great friend and supporter of our shop, even writing an article in TheBookseller citing ourselves as his favourite ever bookshop. Many of us have met him over the years as an author and as a customer and have always thoroughly enjoyed his fantastic company," he said.
Crime critic Barry Forshaw, who wrote the introduction to a recent Macmillan edition of Morse novel The Way through the Woods, recalled how easy it was to get on Dexter’s good side. 
"Sitting in his Oxford living room, I was discussing fondly-recalled details of childhood with the writer Colin Dexter," Forsahw said. "I pointed out that he clearly cherished the blue remembered hills of his youth, and Colin beamed and exclaimed: ‘Ah! A man who knows his A. E. Housman!’ In fact, I knew from previous experience that this was a fairly easy way to gain his approval, as the author of A Shropshire Lad was one of Colin Dexter’s literary gods. Interestingly, though, one of his best-loved books featuring the dour Inspector Morse, The Way through the Woods, took its title not from the writer’s beloved Housman, but from another great English poet, Rudyard Kipling."
He added: "Dexter's Oxford copper is one of the defining figures in British detective fiction - a multifaceted, fascinating protagonist who readers have followed avidly through a series of beautifully turned and ingenious novels. In a line of descent that extends back to Arthur Conan Doyle's Sherlock Holmes (notably via the laser-sharp intellect), Inspector Morse is a character who can stand shoulder to shoulder with the very best in the genre. Interestingly, his creator shared several characteristics and traits with his hero; he was classically erudite (with a particular love of the poetry of Housman, as mentioned above), and shrewdly analytical in terms of the varied personalities he encountered. But Dexter was the polar opposite of Morse in terms of his character: extremely affable, immensely charming and humorous - and (most of all) sensitive to the feelings of those around him. An anti-Morse, in fact."
Forshaw said that after the first Morse novel, Last Bus to Woodstock in 1975, Dexter "cannily" developed his complex and combative central character over a non-pareil series, revealing deeper aspects of his multi-faceted copper. "Simultaneously, Dexter conjured a panoramic vision of the city of Oxford in all its aspects (from council estates to the leafy groves of academe) that has few equals in literary backdrops for series characters (not even Ian Rankin’s vividly evoked Edinburgh for DI Rebus matches Dexter's richly drawn settings). For both of these achievements – not to mention plotting of immense ingenuity and symmetry -- the Morse legacy in such books as The Way Through the Woods will live as long as the crime genre itself."
Waterstones crime buyer, Joseph Knobbs, recently turned novelist himself, hailed Dexter "one of the all-timers" and his Inspector Morse novels "timeless". 
"Colin Dexter was one of the all-timers. His real-life passion for crosswords and puzzles was well-served by the mystery genre, with works like the Silent World of Nicholas Quinn hanging on fiendishly intelligent set-ups," said Knobbs. "This playfulness and talent for intricate plotting made his novels a joy, but it was the creation of Inspector Endeavour Morse which made them timeless. In this regard, Dexter’s influence looms larger than most, because Morse remains the standard to which we hold British detective drama series." 
He added that the prequel television show Endeavour  has "bags of charm" illuminating the sad, younger years of Morse, but "occasionally it makes one hanker for those singular Dexter plots employed in the original show".
"As to whether his books will endure, given that Dexter himself stopped writing fiction in 1999 with The Remorseful Day, and we’re still seeing new reissues and adaptations, I think his place in the history books is assured," Knobbs said. "His place on Waterstones’ shelves certainly is."
Fellow writers have also rushed to pay their respects. Val McDermid said she was deeply sorry to hear of the death of her "good friend" via Twitter, adding: "He brought pleasure to millions and joy to his friends", while author Peter James said all lovers of crime fiction owed Dexter "a very great debt”.
Dexter's publisher at Macmillan, Jeremy Trevathan, called it "a very sad day for us all" and that Dexter's death - his writing representing "the absolute epitome of British crime writing" - would mean a “tectonic shift in the international crime writing scene”. His most recent editor, Maria Rejt, further paid tribute to Dexter as having "the sharpest mind and the biggest heart".



Il noir mediterraneo in crociera

[Contorni di Noir, 21.03.2017]


Nell’autunno 2017 si svolgerà un evento unico nel suo genere: la “Crociera nel Noir Mediterraneo“. Un viaggio tra le onde del Mare Nostrum, in cui la cronaca si (con-)fonde con la narrativa, alla scoperta delle più affascinanti città del noir.
La crociera partirà da Civitavecchia, per approdare subito a Palermo teatro del giallo di Pavese, tra Cosa NostraSciascia ed il sangue di Capaci. La crociera farà tappa, quindi, a Malta vero e proprio crocevia di intrighi internazionali e misteri tra cui i Cavalieri ed il Merlin, per poi passare un intera giornata in navigazione, in cui il fruscio delle onde accompagnerà l’incontro dedicato all’approfondimento del tema “coppie criminali”, nella cronaca e nel romanzo noir.
Si approderà quindi nell’enigmatica Barcellona per smarrirsi tra i misteri di Zafon, la cucina di Pepe Carvalho e le bettole di Mendez. Si giungerà poi, nella magica e multietnica Marsiglia per celebrare Jean-Claude Izzo, padre del “noir mediterraneo”, prima di fare rientro in Italia dove non poteva mancareGenova, dove romanzo e cronaca si sovrappongono tra i Caruggi. Il viaggio termina nella leggendariaRoma per conoscere e capire la Banda della Magliana, il contesto criminale della Capitale fino ai nostri giorni.
Ciascuna tappa verrà preceduta da incontri noir in cui ricostruzioni storiche, filmati, analisi criminologiche, approfondimenti, reading, ed aneddoti relativi a fatti criminosi introdurranno le visite delle città che hanno dato vita a celebri personaggi della narrativa di genere, tra suoni, colori, sapori del Noir Mediterraneo.

Per tutte le info e gli aggiornamenti visitare la pagina Facebook dell’evento:
https://m.facebook.com/CrocieraNoirMediterraneo/











Enigmas y complots, de Luc Boltanski


Luc Boltanski. Enigmas y complots: Una investigación sobre las investigaciones. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2016. ISBN: 978-607-16-3649-2

Luc Boltanski es para la sociología lo que Sherlock Holmes para la novela policiaca. Como todo un detective crítico y suspicaz, coloca la lupa sobre las contradicciones inherentes a la labor de organización y unificación de una realidad estable, para una población y sobre un determinado territorio, a cargo de los Estados-nación liberales y democráticos de finales del siglo XIX y principios del XX, y observa la construcción de la realidad a cargo de las ciencias sociales y las literaturas inglesa y francesa. Con el surgimiento y auge de las novelas policiacas y sus personajes emblemáticos —como Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, o Jules Maigret, de Georges Simenon—, se introduce por medio del enigma una duda sobre la estabilidad y la coherencia de la realidad para disiparla después con la intervención del Estado. Mientras tanto, mediante los relatos de espionaje, como Los 39 escalones, de John Buchan, o El proceso, de Franz Kafka, y con el uso de la figura del complot —que será retomada por la ciencia política y las teorías de conspiración— se confronta una realidad aparente pero ilusoria con una realidad real pero oculta. La obsesión paranoica, casi patológica, por la develación de lo oculto será característica del investigador social y la búsqueda de causalidades en el laberinto de la sociología moderna. Esta creativa e intrigante obra —que obtuvo en 2012 el Premio Petrarca de ensayo, en su primera edición, otorgado por France Culture y Le Monde— pone bajo sospecha las representaciones del poder cuando, ante las fuerzas del capitalismo, parecen cosificarse, y lanza un acertijo epistemológico a las ciencias sociales: ¿dónde se encuentra, de hecho, el poder y quién lo detenta en realidad?






20 de març de 2017

Ja saps tot el que pots viure a la biblioteca?






Daniel Pennac : « L’Italie et le Liban sont notre honneur »

[L'Orient Le Jour, 19 mars 2017]

Jean-Claude Perrier


"Que la France n'ait pas à cœur d'accueillir des migrants, au moins dans la même proportion que le fait le Liban, alors que toute notre histoire du XXe siècle est une histoire de vagues migratoires, d'immigration par millions d'individus, c'est une honte", s'indigne l'écrivain français.

Pennac a un côté rebelle, indigné. Ce n’est pas un hasard si Benjamin Malaussène, le héros de la série de romans qui a rendu célèbre son créateur, est un anti-héros, un bouc-émissaire dont il a « emprunté l’idée » au philosophe René Girard.

Au moment où le premier volume d’une nouvelle série, Le Cas Malaussène, paru en janvier (sauf précision, les livres de Daniel Pennac sont publiés chez Gallimard), chaleureusement accueilli par la presse, figure parmi les meilleures ventes de livres en France (environ 200 000 ex.), Daniel Pennac a bien voulu se raconter à L’Orient littéraire, avec franchise et humour.
 
Vous êtes né au Maroc en 1944, et votre enfance s’est promenée dans différents pays. Quels souvenirs, quelles expériences en gardez-vous ?
Je suis né à Casablanca par hasard, en décembre 1944, parce que mon père, militaire, y avait débarqué avec les soldats américains, pour bouter les nazis hors de France en Méditerranée. C’est là que ma mère, qui l'avait suivi, a accouché. Mais nous n’y sommes restés que trois mois. Ensuite, il y a eu des séjours en France, alternant avec des affectations de mon père à l’étranger. L’Allemagne, où nous avons occupé nos cousins germains. J’ai appris l’allemand en même temps que le français, puis je l’ai perdu, faute de pratique. Après, il y a eu la Somalie, Djibouti, j’ai appris un peu d’afar, un peu d’issa. Enfin Saïgon, j’avais 8 ans. J’ai appris un peu de vietnamien. Partout, ma famille me laissait libre de jouer avec les enfants du pays. J’aurais aimé être polyglotte ! Tout ça, bien sûr, ça chahute un peu un gamin, ça secoue. Mais nous étions une vraie famille, de quatre garçons. Ma mère était très occupée par nous, héroïque même ! Mon père, qui a fini sa carrière général, était un polytechnicien sans passion pour les maths, mais grand amateur de littérature et de poésie.
 
Comment s’est passé votre retour en France ?
C’était à Châlons en Champagne, et on m’a mis pensionnaire. J’ai fréquenté différents établissements privés, des poubelles de l’Éducation nationale parce que j’étais un très mauvais élève, totalement inadapté à l’enseignement. J’ai eu mon bac à 20 ans ! C’est pour cela que, plus tard, lorsque j’ai été professeur, de 1969 à 1995, j’ai essayé de ne pas faire, avec les élèves en difficulté, ce que mes professeurs avaient fait avec moi.
 
Une autre expérience qui a nourri votre réflexion et vous a permis d’écrire votre premier livre, c’est votre service militaire ?
Tout à fait. La conscription républicaine a été mise sur pied pour asseoir l’autorité et la langue française. Ensuite, tant que le service militaire obligatoire a existé, il a reposé sur un certain nombre de mythes entretenus par les pouvoirs publics, l’État français. Premier mythe, celui de l’égalité sous les drapeaux, du brassage social entre les appelés de différents milieux sociaux. Or, à l’armée comme ailleurs, le poids des origines sociales est absolument déterminant. Il y a un brassage, mais pas démocratique. Les fonctions étaient distribuées selon les origines sociales. Deuxième mythe : le service militaire fait de vous un homme, vous confère la maturité sous les drapeaux, alors que l’on vous impose une vie totalement réglée, avec des horaires de bébés et un vocabulaire enfantin. Troisième mythe : la virilité, avec une sexualité à la fois refoulée et célébrée. En fait, c’était juste une assemblée de puceaux en folie. Mon livre, Le Service militaire au service de qui ? paru au Seuil en 1973, c’était presque une étude anthropologique de l’armée !
 
Vous l’avez publié sous pseudonyme ‒ Pennac au lieu de Pennacchioni, votre nom complet, d’origine corse – afin de ne pas gêner la carrière de votre père ?
Oui, mais ça l’a fait beaucoup rigoler : tout le monde, dans son milieu, l’appelait Pennac. C’était un amoureux des livres, on s’entendait vraiment bien. Il était né en 1900, et il est mort en 1983. Il aurait été très fier de voir notre nom sur une couverture de la nrf.
 
Tout en enseignant, vous avez continué à écrire, mais en cherchant votre voix ?
J’ai publié, en collaboration avec Tudor Elisa, un intellectuel roumain, deux livres de politique burlesque. Dans le premier, Les Enfants de Yalta (J.-C. Lattès, 1978), on avait imaginé que, lors de leur rencontre, Churchill, Roosevelt et Staline n’avaient parlé que de sport ! On empruntait aussi des personnages à d'autres romans : le Petit Prince, la petite-fille de Scarlett O’Hara… Dans le second, Père Noël (Grasset, 1979), nous avions imaginé que l’URSS et les USA, en perte idéologique, cherchaient chacun un symbole et avaient choisi le même, le Père Noël. Lequel, en fait, était le narrateur du livre. Tudor avait une imagination macroscopique, moi microscopique. Comme il n’écrivait pas le français, c’était moi la plume. Mais ces livres sont restés confidentiels. Ensuite, en 1979, je suis parti vivre deux ans au Brésil. J’y ai écrit un gros roman assez abstrus, qui racontait l’évolution d’un corps, un enfant filmé par ses parents cinéastes. Mais le problème, c’est qu’il fallait, pour terminer le film, qu’il meure avant eux. J’ai détruit le manuscrit en rentrant ici, mais j’ai gardé le thème, que j’ai repris bien plus tard, dans Journal d’un corps. Le Brésil, lui, m’a inspiré Le Dictateur et le hamac, paru en 2002.
 
Comment en êtes-vous arrivé à inventer les aventures de la tribu Malaussène ?
En 1983, après avoir publié quelques livres pour enfants, comme L’Œil du loup, dont mon amie l’éditrice, très exigeante, Isabelle Jan, me servira de modèle pour la Reine Zabo, la patronne des éditions du Talion, employeur de Benjamin Malaussène, j’ai décidé que, dans mes romans, le sens ne devait plus occuper l’avant-scène. Qu’il me fallait rompre avec ce « diktat du sens », issu de la nouvelle critique, du structuralisme, qui paralysait notre génération. J’ai renoué avec la littérature populaire de mon enfance, Dickens, Dumas, ainsi qu’avec les chahuteurs de la langue : Jarry, Queneau, San Antonio, Ajar. Je voulais jouer avec le langage, l’argot, les métaphores. Écrire de la littérature de récit, où le lecteur suit l’histoire, un point c’est tout. Comme les oulipiens, je me suis fixé un certain nombre de contraintes, connues de moi seul. Par exemple, pas question de ce que j’appelle des « à-plats » : descriptions, analyses psychologiques… Personne ne sait à quoi ressemble Malaussène, jamais décrit. Mais je ne voulais pas non plus me plier aux règles du roman noir « classique ». Au début, j’avais établi un plan, avec la famille, etc. Ça a donné Au bonheur des ogres (1983) puis La Fée carabine (1985), dans la « Série noire », chez Gallimard.
 
Succès immédiats ?
Crescendo : 40 000 exemplaires, 80 000, 160 000 pour La Petite marchande de prose, en 1990. Ensuite, il y a eu Monsieur Malaussène, que j’ai arrêté pour écrire Comme un roman, mon essai en faveur de la réhabilitation de la lecture à haute voix.
 
Succès considérable, et fruit de votre expérience de professeur ?
Absolument. À la rentrée 89, un élève de ma classe de seconde m’avait demandé : « On va lire, cette année, M’sieur ? » Et ma fille Alice, sept ans à l’époque, m’avait demandé : « Papa, faut que tu me fasses réviser ma lecture silencieuse. » Une telle aberration pédagogique m’a mis en rage. J’ai décidé d’écrire un plaidoyer en faveur du plaisir du texte, afin de décomplexer les élèves et les enseignants. Apparemment, ça répondait à un besoin, puisque ça a touché un tel public.
 
Vos élèves savaient-ils que vous écriviez ?
Non, pas jusqu’à ce que je passe à Apostrophes, en 1990. J’étais vraiment professeur et je ne voulais pas mélanger les genres. Je tenais vraiment à ce compagnonnage professeur-élève.
 
Vous avez publié, plus tard, un autre livre sur l’école, Chagrin d’école, prix Renaudot 2007 et un million d’exemplaires vendus !
C’était un livre sur la peur que peut inspirer l’école aux « mauvais élèves », fruit de mes années de pensionnat. Quant au succès, il n’est pas dû seulement à Pennac, le prix l’a grandement amplifié.
 
Pourquoi, aujourd’hui, être revenu aux Malaussène ?
Pour retrouver le plaisir des débuts. Faire plaisir aussi aux lecteurs, à ces intellos qui ont fait la réputation de Malaussène, dont j’ai emprunté l’idée au philosophe René Girard. Avoir un poste de bouc émissaire dans chaque entreprise, salarié pour prendre des claques, des engueulades, ce serait vraiment une idée géniale. Derrière le ton humoristique, ce sont des romans vraiment noirs, inadaptables au cinéma, en dépit de deux tentatives auxquelles je n’ai participé en rien. Un auteur doit ficher la paix aux réalisateurs, comme aux critiques littéraires !
 
Pourquoi Le Cas Malaussène aura-t-il deux volumes ?
C’est une structure circulaire, même si chaque tome se suffit à lui-même. Le second s’appellera Leur très grande faute, et je ne sais pas quand il paraîtra. Si je claque avant d’avoir fini, pas de problème. Je suis tellement lent. Je vis lentement, je lis lentement, j’écris lentement. C’est pour ça que j’ai refusé, récemment, d’entrer à l’Académie Goncourt. Lire ou écrire, il faut choisir ! Je peux passer des jours à ne rien faire, à regarder des films chez moi, mais avec cette angoisse de ne pas écrire. Maintenir la tension du désir d’écriture, c’est compliqué. C’est pour cela que je mets tant de temps à écrire un livre. Je rêverais d’écrire un livre de façon continue, mais ce n’est jamais le cas.
 
Est-ce que vous vivez dans votre tour d’ivoire, ou suivez-vous ce qui se passe dans le monde ?
Vous voulez parler de l’élection de Trump ? Bien sûr, je me tiens informé. Tout ça m’inquiète et me choque, comme d’autres problèmes internationaux. Par exemple, c’est ma façon de résister à moi, je soutiens l’association SOS Méditerranée, qui, depuis un an, va repêcher des migrants au large des côtes de la Libye. Je pars demain pour Palerme, rencontrer l’équipage, donner un coup de main aux sauveteurs. Je n’aime pas que des gens se noient dans notre baignoire, la Méditerranée. Les Italiens sont notre honneur, les Libanais aussi. Que la France n’ait pas à cœur d’accueillir des migrants, au moins dans la même proportion que le fait le Liban, alors que toute notre histoire du XXe siècle est une histoire de vagues migratoires, d’immigration par millions d’individus, c’est une honte. Nous sommes tous des immigrés, des descendants d’immigrés. Cette frilosité générale, en ce début du XXIe siècle, jusqu’à laisser mourir des milliers de gens dans l’indifférence, est inacceptable.





Un clásico de la novela negra

[La Prensa, 19 de marzo de 2017]

Adiós en azul 
Por John D. MacDonald
Libros del Asteroide. 268 páginas
El prolífico escritor estadounidense John Dann MacDonald (1916-1986), que llegó a publicar unas setenta obras, había ya publicado varias de ellas sin mayor repercusión cuando creó a su atípico investigador privado, Travis McGee, que lo volvería un novelista popular y respetado. McGee no es un policía ni un detective. Es un "recuperador": ayuda a sus clientes a recuperar sus bienes robados y, a cambio, les cobra la mitad del importe. El personaje no sólo cautivó a los lectores sino que fue tomado como modelo por otros autores.
Adiós en azul (1964), que recobra ahora Libros del Asteroide, fue el primer libro de esa serie que se extendió por veintiún títulos y vendió millones de ejemplares. La novela introduce a McGee, un hombre alto y delgado pero rudo, un solitario que vive en un barco amarrado en una marina en Lauderdale, Florida, y que sólo trabaja cuando escasean sus fondos. Pero ese descreído, empecinado y lleno de cicatrices, es también un seductor de ojos azules con algo de romántico incurable y dispuesto a socorrer damas en apuros.
Aquí es una bailarina de 26 años, Cathy, la que pide su ayuda. A Cathy le robaron un tesoro que había enterrado en su casa su padre, un veterano de guerra ya fallecido. Ella sospecha de su antiguo novio, Junior Allen, quien un buen día apareció en su hogar, dijo que había conocido a su padre, la sedujo con su sonrisa y se instaló a vivir allí, para luego revelarse como un violento y un abusador que desapareció apenas encontró lo que buscaba. El hombre reapareció luego con un yate, mucho dinero y en compañía de otra joven mujer, a la que pronto también dejó.
A regañadientes, McGee acepta el encargo. Sigue las huellas de Allen y de su yate, y cuando visita a su última víctima, llega justo para salvarle la vida. Por unos días cuidará de esa joven que se llama Lois, a la que encontró presa de una crisis de nervios, entre platos sucios y botellas vacías. Y conforme ella se recupera y puede hablar, él se asoma al tormento que soportó de ese psicópata, que la sometió por fuerza bruta, terror y alcohol, y que la corrompió hasta con una bisexual. De paso, confirma donde oculta el botín.
La investigación avanza, en paralelo, sobre Allen, ese marinero ágil y musculoso que ahora acecha a una tercera víctima, y sobre el padre de Cathy y su fortuna, en un periplo que lo lleva hasta Nueva York y Texas. La novela crece en intensidad a medida que el inspector se acerca más y más a esa bestia con máscara sonriente, ese maniático astuto y retorcido, pero que cometió varios errores.
La historia, que alguien describió con acierto como una reflexión sobre la sumisión y la dependencia, se despliega entre mujeres atractivas y personajes misteriosos que van adquiriendo espesor. MacDonald, autor de The Executioners, adaptada al cine como Cabo de miedo, intercaló aquí una constante crítica social. Desde su desdén por la promiscuidad de esos nacientes años sesenta y la creciente vigilancia estatal ("caminamos torcidos debido al peso de las identificaciones"), a su sarcasmo por el auge de la delincuencia ("hay tanto trabajo que puedo permitirme elegir") y su visión cáustica de Miami, alejada del estereotipo paradisíaco.
El curtido Travis McGee, que recela del sistema, de las tarjetas de crédito, los bancos, los seguros, los periódicos y el progreso, llegó a ser visto como una respuesta al Philip Marlowe de Chandler.
Que esta novela sea reimpresa más de 50 años después de su primera publicación, como también se volvió a publicar toda la serie en inglés hace dos años, demuestra que el personaje logró superar la prueba del paso del tiempo.


La fabulosa historia de Los Pelayos, d'Iván i Gonzalo García-Pelayo


Iván García-Pelayo, Gonzalo García-Pelayo. La fabulosa historia de Los Pelayos. Barcelona: Plaza & Janés, 2004. ISBN: 84-01-37855-9

Corría la década de los noventa cuando Gonzalo García-Pelayo, filósofo de vocación y bon vivant de carrera, llegó a la brillante conclusión de que «nada es perfecto». Si esto era así, no podía haber ninguna superficie que fuese absolutamente regular. Todas tenían que estar sometidas a algún tipo de desviación, incluso (¡eureka!) la de las ruletas. Y así fue. Con esta teoría bajo el brazo, Gonzalo, su hijo Iván, filósofo (él sí de carrera) con una incipiente vocación de vividor, y una buena parte del resto de la familia, recorrieron los casinos de todo el mundo y, con laboriosa tenacidad, consiguieron hacer saltar la banca de los más prestigiosos locales de juego y obtener de ella pingües beneficios. El clan de los Pelayos se hizo famoso en toda España y ocupó las portadas de varios medios de comunicación. Su suerte llegó a ser tan espectacular, que los propios casinos les prohibieron la entrada y los muchachos tuvieron que acabar por dedicarse a otros menesteres... Siempre al margen de lo cotidiano. Sus experiencias convierten la hazaña de los Pelayos en un relato lleno de acción que más tiene que ver con las aventuras de un Kerouac que con las afamadas desgracias de otros jugadores literarios.




 
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