3 de novembre de 2015

Extraordinaria Fred Vargas

[Elemental, 3 de noviembre de 2015]

Guillermo Altares


Las novelas de la escritora francesa Fred Vargas tienen muchas cualidades: son muy entretenidas, están muy bien escritas, ofrecen siempre cargas de profundidad en su descripción de la Francia contemporánea y en las situaciones que relatan, y nunca son triviales. Además son bastante divertidas. Pero, por encima de todo, tienen una enorme ventaja para los devoradores de novela negra: no se parecen a nada que se haya leído hasta entonces y que se vaya a leer en el futuro. Vargas (París, 1957), pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau, es una de las escritoras más originales del mundo. Y encima lo hace bien.
Tiempos de hielo, su nueva novela, que acaba de publicar su editorial española, Siruela en una gran traducción de Anne-Hélène Suárez Girard, es extraordinaria, por su calidad, por su humor y por su originalidad, enorme incluso dentro de los parámetros de Vargas. La escritora es autora de dos series, los Tres Evangelistas, y el ciclo del comisario Adamsberg, un tipo tan extraño y silencioso como buen policía, jefe de la Brigada Criminal del distrito XIII, que es el protagonista de este nueva entrega.
Se trata de su primera novela en cuatro años --según declaró en una entrevista con la emisora francesa RTL debido a motivos "privados, graves y nada divertidos"-- y viene a España precedida de una enorme repercusión en Francia. Primero, porque cambió la editorial en la que llevaba 20 años publicando, un pequeño sello independiente llamado Viviane Hamy, por el gigante Flammarion, lo que creó una cierta tormenta. La escritora mantiene que jamás hubiese traicionado a la editorial que confió en ella desde el principio y para la que representaba el 85% de su volumen de negocios. Sin embargo, el desencuentro se debe, según ella, a su elección de agente literario. Pero, una vez superada esa tormenta, el impacto del libro se debió sobre todo a su calidad, que le hizo merecedora del premio Landerneau a la mejor novela negra.
Sólo una escritora de la imaginación y calidad de Vargas es capaz de mantener una intriga tan aparentemente disparatada como ésta y hacer que el lector se la tome en serio y no pueda despegarse de ella. Todo arranca con un suicidio que deja demasiados cabos sueltos y prosigue con una investigación que mantiene una pata en Islandia, en un viaje durante el que se cometieron crímenes terribles en una isla gélida cercada por la niebla, y otra en una sociedad de fanáticos de la Revolución Francesa, que se dedican a recrear, vestidos de época, las sesiones de la Convención bajo el reinado de terror de Robespierre.
Gracias a los inmensos saberes del comandante y erudito Adrien Danglard, la novela se convierte en una auténtica lección de historia y logra que el lector se sumerja en una de los momentos más terribles de Europa, cuando cualquiera podía pasar por el cadalso y la guillotina no daba abasto con tanta cabeza cortada. Todas las grandes represiones del absolutismo del siglo XX, sobre todo el estalinismo, tuvieron su génesis en los años del terror revolucionario cuyas oleadas de muerte siguen flotando sobre el subconsciente europeo.
Como siempre ocurre con sus libros, la trama bordea el surrealismo, sin llegar a caer en él, porque están siempre marcados por una sólida construcción interna --se nota mucho la formación científica de la autora, experta arqueozoóloga, que ha estudiado a fondo la transmisión de epidemias en la Edad Media, sobre todo de la peste--. Vargas confiesa en la citada entrevista de RTL que "nunca ha acabado de entender a su protagonista". Seguramente en esta incomprensión late uno de sus muchos secretos como escritora: tanto ella como los lectores quieren saber más, logra que nunca se conformen. Esperemos que no haya que esperar cuatro años hasta la siguiente entrega.
Fotografía: © Eric Fougere (Corbis)




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