23 d’agost del 2011

La obsesión de leer o cómo frustrarse una misma

[Contando historias, 23 de agosto de 2011]

He llegado a la terrible conclusión de que nunca llegaré a leer todo lo que quiero. Ni aunque consiguiera una velocidad de 2000 palabras por minuto (dicen que es posible, yo no termino de creérmelo, pobre cerebro), ni aunque leyera diez horas al día, ni aunque consiguiera liquidarme un libro al día. Porque esto es como lo de "cuanto más aprendes, menos sabes". Por cada libro que leo, salen media docena más de debajo de las piedras de mi ignorancia que me apetece leer. Descubrir a una autora significa descubrir todas aquellas que la influenciaron, y a su vez todas aquellas sobre las que ella influye. El otro día leí que se publican mil libros al año. No sé si era en un país concreto (me parecerían muchos) o en el mundo en general (me parecerían pocos), pero solo con esos mil, voy dada.

He tenido verano gafapasta. Durante el curso he estado muy agobiada y no he conseguido encontrar tiempo para leer, así que han llegado las vacaciones y hala, a empacharme. Y nada de libros de encefalograma plano, no; libros "densos" (habría que definir "denso", pero en fin), premios Nobel, clásicos... Algo que alimente el alma, aunque entre plato y plato también ha caído algún sorbete en forma de cómic (o novela gráfica, o libro con viñetas, llamémosle equis). No soy buena separando el grano de la paja; a lo largo de mi historia como lectora se me han colado unos cuantos ñordos en la biblioteca, ñordos que me he leído porque qué iba a hacer, no los voy a tirar, con el dineral que me han costado (con alguno no he podido; ha sido superior a mí). Así que ahora me ha dado por ir a tiro fijo, que no siempre lo es. Voy de cultureta. Voy de "yo leo a Nabokov porque la literatura moderna me aburre". Voy de "al próximo que me miente el Código Da Vinci se lo hago merendar". Voy de "alternativa, ¿yo? No, perdona, eso está passé, ahora se lleva la vuelta a las raíces". Y oculto como si de un cadáver maloliente habláramos el libro de Lucía Echevarría que espera a ser leído, o los de Marian Keyes que compré el verano pasado, o los terribles vampiros de Christopher Moore. En mi sala me esperan Ana Karenina, Crimen y Castigo, Guerra y Paz y uno de Proust y de Antonio Gala. Os lo juro. Soy así de pedante.

Pero, como os decía, no hay tiempo en la vida de una persona, por más que viva cien años y no se dedique a otra cosa, para leer todo lo que merece la pena. Mi intención había sido atacar The Scarlet Letter, así, en inglés, que queda mucho mejor, dónde vas a parar, pero el otro día, ¡ay!, el otro día un libro me encontró y tuve que dejar el que tenía entre manos. Y sí, digo bien, me encontró, porque yo no lo buscaba. Sabía de su existencia, había leído cosas de él, conocía a su autora, pero tengo treinta libros, ¡treinta! esperando a ser leídos y no tenía intención de comprar más. Pero entré en la librería por hacer tiempo mientras esperaba a unas amigas, me acerqué a la mesa donde colocan los libros que quieren que te llamen la atención, y allí estaba, solo, abandonado, fuera de su lugar en la estantería, sin un hermano gemelo que lo acompañara... Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás, me reclamaba su atención desde un lugar que no era el suyo, ahí, delante de mis ojos y a milímetros de mis dedos. Y yo, por supuesto, no pude dejarlo estar. Así que ahora tengo treinta y un libros para leer, aunque este último ya está casi finiquitado y caerá reseña pronto, porque es uno de esos libros que quieres que todo el mundo lea para poder comentar y sacarte el grito que llevas dentro y la frustración de decir "¿cómo un libro que me ha dado tanto asco y me ha parecido tan bestia puede atraparme tanto?" Para que luego hablen del sexo débil.

Me queda una semana de vacaciones. Al ritmo que voy, y teniendo en cuenta que leo despacio, calculo que terminaré el que tengo entre manos y luego quizás caiga el clásico de Hawthorne (osea, tojuro, que me sé hasta el autor). Y luego, quién sabe, espero seguir leyendo por lo menos un par de libros al mes, a ver si el curso empieza tranquilito y me puedo permitir domingos ociosos tirados en el sofá con las aventuras de alguna dama rusa en apuros.
Ya os contaré.

1 comentaris:

  1. Me he visto reflejada... pero no en lo de culta y que lee clásicos, lástima; tengo la ilusión de que cuando un día me levante mis neuronas serán más inteligentes y sabrán escoger mejor los libros... pero eso es otra historia. Me he sentido identificada por el libro que te llama (el mismo), que ya esta en mi estantería desde hace 4 días, y en eso de leer despacio. También me he desestresando por tener más libros pendientes que quiero leer que los leídos al ver tu argumentación. Gracias. Disfrutare de los que estoy leyendo sin pensar tanto en los que me aguardan.

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