21 de març de 2018

La novela “gris oscuro”, casi negra, de Carme Riera

[El País, 20 de marzo de 2018]

Carles Geli


La académica hace su segunda incursión en el género policiaco con ‘Venjaré la teva mort’



Quizá la literatura consista en retos como ese: ser capaz de poner distancia entre el autor y el personaje que crea, “entre su voz y la mía, en este caso la de alguien que podría ser generacionalmente mi hija”, dice la veterana Carme Riera, que admite que se lo ha pasado bien con Venjaré la teva mort (Edicions 62; en castellano, por ella misma, en Alfaguara), la que es la segunda incursión en la novela negra tras Natura casi morta (2011) de la premio Nacional de las Letras y miembro de la RAE, si bien ella apunta que ha coloreado esa obra de “gris oscuro”.
Dice la autora de Dins el darrer blau lo del gris porque hay mucho blanco en el humor, más o menos cáustico, que destila la historia de Elena Martínez, joven de L’Hospitalet de Llobregat pero de origen gallego, de unos 35 años, separada, con un Fox Terrier y que, como detective, ha de investigar la desaparición de un empresario en la Cataluña de 2010. Entre evasiones fiscales, corrupción y pederastia, la protagonista acabará torturada por un sentimiento de culpa y sumida entre la pena y la venganza porque contribuye a condenar a dos personas inocentes.
“El humor salva de todo, y eso lo descubres con la edad”, apunta Riera (Palma de Mallorca, 1948), que describe la obra como “la historia de una venganza y de un error” de una mujer que “no tiene nada que ver conmigo”, insiste. Y así, arguye, la protagonista va a cursos de escritura del Ateneu Barcelonès y su modelo de lengua está muy alejado del de la catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona: no hay en la obra mallorquinismo alguno; también, a diferencia de otros libros anteriores, “tampoco hay esa tendencia mía a la hipotaxis” (frases subordinadas largas). Viene ello marcado parcialmente por el género, cuya estructura sí admite, en cambio, haber utilizado años atrás en obras no policiacas, como en Joc de miralls y, aún antes, en su premiada Una primavera per a Domenico Guarini.
Riera sostiene que quería dar “flashes de la realidad que nos rodea” a una obra que había iniciado en 2004, de la que llevaba escritos 125 folios y que aparcó hasta el año pasado. Amparada en que “toda novela negra siempre lleva implícita la denuncia social”, por la obra aflora un pequeño catálogo de impunes miserias morales, políticas y sociales de todo tipo, en la que es relativamente fácil reseguir la actualidad sociopolítica de la Cataluña de las últimas décadas: Tibidabo Asesores es el nombre de una firma de un empresario llamado “De la Flor”, que habría participado en la compra del parque de atracciones y que no sería ajeno al blanqueo y evasión de capitales a paraísos fiscales, en una red donde estarían políticos vinculados a Jordi Pujol, ambientación que evoca a Javier de la Rosa y su condena por el caso Grand Tibidabo.
Otro de los ejes argumentales de la obra es una red de pederastia... Parece como si Riera hubiera soltado lastre de la incomodidad del intelectual ante algunos hechos. “Han sido años muy duros; el caso de la pederastia mismo: quien menos te lo esperas está vinculado a eso... y no hay demasiados libros que desde la ficción lo aborden; en mi caso, una cosa divertida de los caganers [en la novela, políticos como Prat de la Riba, Maragall o Pujol asoman bajo la típica figura escatológica del pesebre] deriva en una cosa más grave [la pederastia]”. Pero no tiene intención, ni que sea irónicamente como hizo con EE UU en Amb ulls americans, de novelizar la situación derivada del procés. “No, estoy cansada de este tema, no escribiré sobre eso”.
Habitual en la obra de la autora de Te deix, amor, la mar com a penyora, hay una pátina de feminismo en su protagonista: “El derecho de igualdad de la mujer es una cuestión moral”. También es contundente con los posibles extremos del tema, como quienes quieren vetar Lolita de Nabokov. “Prohibirla sería una animalada: a veces, lo políticamente correcto es un disparate, la libertad de expresión es un derecho que hay que respetar: hasta en la puritana e hipócrita EE UU no es delito quemar la bandera”, cierra para defender las letras del rapero mallorquín Valtonyc.



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