29 de gener de 2017

A 50 años de un clásico imprescindible

[La Gaceta, 29 de enero de 2017]

Juan Manuel Montero

El libro que inauguró la “nonfiction novel”


Dick Hickock y Perry Smith mataron a los Clutter. Nunca hubo dudas de ello. Es más, sus mismos testimonios durante el juicio los involucraron. Corría 1959 y el pequeño pueblo de Holcomb, en Kansas, Estados Unidos se transformaba ante el brutal asesinato de la familia compuesta por un matrimonio y sus dos pequeños hijos. Los Clutter eran la representación cabal del sueño americano: granjeros, prósperos, trabajadores, educados, humildes, generosos y profundamente cristianos. Pero la noticia era demasiado fuerte como para quedar circunscripta a la zona. Y, tan rápidamente como se podía en esa época (imaginen la vida sin internet), llegó a los diarios de Nueva York, donde la leyó el escritor Truman Capote que no dudó y con su amiga y también novelista Harper Lee viajó a Holcomb. Así nació uno de las joyas de lo que luego se conocería como “nonfiction novel” en el periodismo: A sangre fría.

A Capote le llevó siete años escribir su libro, que se publicó en 1966 y que ahora Lumen reedita. Y su investigación literalmente lo consumió. Se involucró de una manera inhumana con la historia. Hombre ligado a las luces de Nueva York, alcohólico, drogadicto y que no escondía su homosexualidad, le costó muchísimo ganarse la confianza de personas que lo miraban literalmente como a un bicho. Pero la actuación de Capote en el caso fue clave. Con las pistas y pruebas que él mismo consiguió acercó a los investigadores hasta los mismos homicidas.

Obra monumental

El libro es una monumental muestra de periodismo, y se nutre de todas las fuentes posibles. Los diálogos, las reconstrucciones, los detalles están pintados de manera magistral. Capote no tomaba notas. Escuchaba, observaba, y durante las noches, junto con su amiga, transcribía todo lo que había visto y oído. Pero el autor no se quedó en el relato de los crímenes. Cuando supo que habían atrapado a los asesinos, se valió de todos sus contactos para entrevistarse con ellos y darle así continuidad a su trabajo, aunque a partir de esto se transformó en uno de sus principales defensores, llegando a pagar de su bolsillo a los abogados y sufriendo en vivo la ejecución de ambos homicidas. 

A sangre fría es un clásico, imprescindible no sólo para periodistas ya que también se puede leer como una novela policial. Los argentinos podemos decir con orgullo que, aunque en el mundo den a Capote como el creador de un nuevo género periodístico, nuestro Rodolfo Walsh ya había sorprendido con su extraordinaria Operación Masacre. Pero esto no es una competencia. Ambos libros son excelentes. Y guía fundamental para quienes quieran abrazar esta maravillosa profesión. 


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