2 de febrer del 2018

James Ellroy: «No me pregunto el porqué de mis obsesiones: vivo en ellas»

[ABC, 2 de febrero de 2018]

David Morán

El autor estadounidense recoge el premio Carvalho y regresa al lugar del asesinato de su madre con la reedición de «Mis rincones oscuros»

fotografía: Inés Baucells

«¡Estoy como un tigre!», brama James Ellroy (Los Ángeles, 1948) mientras despacha periodistas y repite a quien quiera escuchar que no hay casi nadie que le pueda hacer sombra como escritor. ¿Como escritor de novela negra? No. Como escritor. A secas. «He escrito 19 libros y todos obras maestras. Soy el rey de la ficción negra», dirá horas después, justo antes de recoger ayer el premio Carvalho. «Como ve, no sólo soy un gran escritor, también soy muy humilde», bromea durante una entrevista en la que, lejos de las salidas de tono y los titulares hiperbólicos de la rueda de prensa, exhibe su cara menos histriónica y amenazante.
Sigue siendo, o al menos a ratos, «el perro diabólico de las letras estadounidenses», pero la edad parece haber amansado aquella brutalidad que palpitaba en novelas como «La Dalia Negra» y «L. A. Confidential» y a la que el propio Ellroy buscó explicación en «Mis rincones oscuros». El libro, publicado originalmente en 1996 y reeditado ahora por Literatura Random House, no sólo revive las pesquisas para intentar arrojar luz al crimen sin resolver de su madre, asesinada en una cuneta de Los Ángeles en 1958, sino que también airea los desmanes de una adolescencia entregada al pillaje, los vicios al por mayor y el voyeurismo militante. Un relato de «formación» que, a falta de mayor novedad, se presenta como la relectura ideal para entretener el año largo que falta hasta que vea luz la continuación de «Perfidia», novela con la que el más ambicioso y desmesurado de los autores estadounidenses estrenó su segundo «Cuarteto de Los Ángeles».
¿Qué supone reencontrarse con un libro tan personal como «Mis rincones oscuros» casi dos décadas después?
Es aburrido y cansado. Escribí el libro hace más de 20 años, así que ya he pasado página. Estoy muy contento con esta edición, pero no hay nuevas noticias sobre la muerte de mi madre. Se acabó. Ya está. Finito.
En cualquier caso, ¿existe algún tipo de diferencia entre sus novelas y los libros de corte más biográfico?
Es mucho más fácil escribir un libro como este. El hecho de que sea sumamente personal y que trate sobre un elemento traumático de mi pasado no me exige la misma preparación que una novela. Además, desde muy al principio me di cuenta de que era muy poco probable que acabáramos descubriendo al asesino de mi madre, así que el libro tenía que servir para encauzar el cambio en la relación con mi madre.
¿Fue necesario pasar por todo lo que narra en «Mis rincones oscuros» para convertirse en el escritor que es?
Nunca pienso en hipótesis. Si pasó así es que sólo podía pasar así. No puedo dar marcha atrás ni cambiar la vida que he vivido. ¿Qué puedo decir? Todo ha salido bien
Le cito: «Quería dejar los estudios definitivamente y vivir dedicado a mis obsesiones». ¿Escribir es, sobre todo, una cuestión de obsesión?
Para mí sí. Busco la perfección. Soy muy perseverante y metódico. Escribo novelas de obsesión con policías obsesivos, historias de amor obsesivas… Los libros son cada vez mejores porque yo soy cada vez más maduro. Mi carrera abarca casi cuatro décadas y supone unos avances significativos en la novela negra, y eso sólo lo podía haber hecho yo.
En el libro ya apunta que fue su apetito voraz por la lectura lo que despertó sus ganas de escribir.
Aprendes a escribir leyendo, pero en realidad no le puedo decir cómo aprendí yo. Simplemente creo que Dios me dio un don. No fue la muerte de mi madre lo que me dio el talento para escribir, sino que llegó de forma misteriosa a partir de los libros que leí.
¿Alguna lectura de aquellos tiempos que recuerde con especial cariño?
-Las primeras novelas de Joseph Wambaugh, los libros de Ed McBain, algunos libros sobre crímenes reales, «Libra» de Don DeLillo…
Está en Barcelona como la gran estrella de un festival de novela negra, pero siempre defiende que lo suyo tiene más que ver con lo histórico.
Veamos: el «Cuarteto de Los Ángeles» mezcla novela negra e historia; la «Trilogía de los Bajos Fondos de Estados Unidos» fusiona novela negra, historia y política. Y el segundo «Cuarteto de Los Ángeles», el que estoy escribiendo ahora, son romances históricos.
-La historia es la constante.
En efecto. Estoy muy contento de estar en Barcelona en el año 2018, pero realmente mi vida está en Los Ángeles en 1942. No me importa una mierda el presente. Siempre he vivido en el pasado. Para mí, la historia y el pasado es un lenguaje en sí mismo, y no tiene nada que ver con el presente.
¿Qué tiene el crimen para que le haya dedicado toda su carrera literaria?
No me pregunto el porqué de mis obsesiones: vivo en ellas. Cuando era un crío de seis o siete años miraba las fotos de las revistas de justo después de mi nacimiento, durante la Segunda Guerra Mundial, y me sentía transportado. Y ahí es adonde me sigo transportando.
En ese sentido, ¿se puede desligar la historia americana de la historia del crimen?
Eso son grandes preguntas que es mejor dejar a los académicos e intelectuales. Lo que hacen mis libros es retratar la infraestructura humana que se esconde en acontecimientos globales.
-Entonces, ¿qué historia de Estados Unidos escriben sus novelas?
Mis libros no pretenden hablar del hombre medio americano; retratan a hombres y mujeres americanos atrapados en momentos impetuosos.
«Saqueé la cultura popular y con el botín que obtuve amueblé mi mundo interior», escribe en «Mis rincones oscuros». ¿Se ha convertido ya James Ellroy en otro ingrediente más de la cultura popular?
Sin duda mis libros son populares y yo tengo una sensibilidad popular. No soy muy refinado excepto en lo que respecta a la música así que, sí, soy una figura de la cultura popular.
¿Por qué esa fama de escritor duro y peligroso?
Porque mis libros son peligrosos. Son obsesivos, retratan los dramas del mundo y son difíciles de leer. También están llenos de riesgos y giros lingüísticos. Piense que aquí los leen traducidos, aunque de hecho mucha gente que habla inglés tampoco los podría leer en versión original.
Algo así pasó cuando tuvieron que subtitular episodios de «The Wire» en Inglaterra.
¡Oh, no! «The Wire» está tan llena de mierda... No entiendo cómo la gente puede ver eso.
Hablando de cosas que no le gustan, creo que no se quedó muy contento cuando le dieron el Nobel a Dylan.
Es que no es un novelista. Escribe canciones. Y tiene esta vocecilla (imita a Dylan)... Además, parece una rata. ¡Es un hombre rata! Se lo podrían haber dado a Philip Roth o a Don DeLillo. ¡O a mí, claro! (ríe).


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