3 d’abril de 2017

David Goodis: Novelista de la oscuridad, de la incertidumbre, del desorden

[Prótesis, abril 2017]

Jokin Ibáñez

Mientras redactaba estas líneas llegó la noticia de la desaparición de Javier Coma, experto en este género, y al que tanto debo en el conocimiento de la obra de David Goodis. Sin él, sin Javier, esto no sería como es


En junio de 1951, Dashiell Hammett entraba en la prisión neoyorquina de West Street. Un par de días más tarde, el Departamento de Hacienda de los Estados Unidos embargó todos los beneficios presentes, pasados y futuros que Hammett pudiera obtener de sus libros y guiones. Quedó, y para siempre, económicamente hundido en la miseria. Añadamos también la negativa a la publicación de su obra (daba igual, porque los beneficios eran para el Estado) por parte de las distintas editoriales para comprender la situación del padre espiritual del género negro.


sus protagonistas son víctimas de la propia sociedad


Por esa época el también escritor Howard Fast cumplió una sentencia de cárcel por desacato al Comité de Actividades Antiamericanas, sufriendo posteriormente un boicot similar por parte de las mismas editoriales. Pero Fast recurrió, para salvar la situación, al uso del seudónimo de Walter Erickson, escribiendo y publicando una novela negra, Fallen Angel (El ángel caído, 1951), su primera incursión en un género alejado de sus relatos históricos.

Al publicarse el libro, el editor del mismo indicó la verdadera personalidad del autor con el fin de aumentar las ventas de la novela, pero encontrándose con el rechazo de multitud de libreros para poner en venta la obra de alguien marcado por el sistema. Erre que erre, y con la adopción de un nuevo seudónimo, E. V. Cunningham, Howard Fast se convirtió en un auténtico especialista del género, sobreviviendo como autor.

Paralelamente a estos hechos se produjo la eclosión del más rotundo éxito dentro de la literatura policial estadounidense, con la combinación de la violencia propia del hard-boiled y descripciones de escenas sexuales, aderezadas con tintes fascistas y arengas para la eliminación de los malvados comunistas que intentaban cargarse América (en realidad, solamente los Estados Unidos). El autor de esta serie de siete novelas protagonizadas por el detective Mike Hammer que devinieron grandes éxitos fue Mickey Spillane, el cual, a pesar de todo lo sembrado, terminó como miembro de los Testigos de Jehová.

Pero la irrupción de este autor y de su éxito marcó un antes y un después en la literatura negra norteamericana. Como consecuencia directa del maccarthismo, la opinión pública y la misma sociedad yanqui pierden su sentido crítico y se llenan de miedo, miedo al invasor comunista y a la pérdida de sus posesiones materiales, lo que permitió el surgimiento de un nuevo protagonista en la novela negra, el policía

Es durante esta época, e influenciado directamente por el maccarthismo (teniéndolo en cuenta, por supuesto), cuando publicó su obra David Goodis, nacido en Filadelfia en 1917.

Novelista de la oscuridad, de la incertidumbre, del desorden, de la inseguridad, de la falta de fe en la sociedad… Goodis retrata y expone en sus novelas el miedo que instauró en su sociedad la Caza de Brujas norteamericana. Sus personajes no son héroes que desvelan misterios ni atrapan criminales, ni intentan poner orden en el caos como lo hiciera el Agente de la Continental. Sus personajes protagonistas son víctimas de la propia sociedad.

La propia biografía de David Goodis es oscura. Poco se sabe del autor. Apenas que estudió periodismo, trabajó en el sector publicitario y viajó a Hollywood contratado como guionista. La guerra y un divorcio abortaron su empleo en la soñada meca del cine, por lo que volvió a Filadelfia, dedicándose a escribir y a recorrer distintos antros oscuros durante las horas nocturnas, escenarios que trasladó a sus novelas de esta, digamos, segunda parte de su labor literaria.

Porque la primera comienza en 1938, cuando publica Retreat from Oblivion. A la que siguieron Dark Passage (1946), Nightfall (1947), Behold This Woman (1947) y Of Missing Persons (1950). 

Estas novelas, al ser publicadas en tapa dura, indican un cierto éxito y prestigio de Goodis que, tras vivir entre los años 1939 y 1946 en New York, se traslada a Hollywood para comenzar una posible etapa como guionista. Ya en 1942 pudo colocar un guion, Destination Unknown. Y en 1945 vende su novela Dark Passage antes de publicarse en libro. Su estancia en California dura aproximadamente tres años. Allí, su afición por el cine se trunca porque a pesar de un comienzo prometedor (es contratado por la Warner y escribe un guion, The Unfaithful, nada más llegar) su trabajo no satisfizo las exigencias de los productores. De hecho, un par de guiones se trasformaron en futuras novelas, Of Missing Persons y The Blonde on the Street Corner (1954).

Pero la relación de Goodis con el cine no se pierde con su alejamiento de Hollywood. Continúa con ello y en 1956 realiza la adaptación de su novela The Burglar para la Columbia. Y es en Francia donde, de forma independiente de Goodis, durante su vida y tras su muerte, se realizan adaptaciones de sus novelas: Section de disparus (1956, sobre Of Missing Persons), Tirez sur le pianiste (1960, sobre Down There), Le Casse (1971, sobre The Burglar), La course du lièvre a travers les champs (1972, sobre Black Friday), La lune dans le caniveau (1982, sobre The Moon in the Gutter), Street of No Return (1989, sobre la novela del mismo título),… con directores como François Truffaut, Henri Verneuil, Jean-Jacques Beineix, Sam Fuller

Tras la vuelta de Hollywood, tras su fracaso, Goodis continúa escribiendo novelas, pero estas se publican ya en tapa blanda, en formato bolsillo, indicando su pérdida de carisma ante su ¿público literario? pero popularizándose a otro nivel. Es el comienzo de su segunda etapa literaria.

El grueso de su producción se concentra en esta etapa, entre 1951 y 1967 (falleció en Filadelfia en enero de este último año), dando a la imprenta títulos como Cassidy’s Girl (1951), Of Tender Sin (1952) Street of the Lost (1952), The Burglar (1953), The Moon in the Gutter (1953), Black Friday (1954), Down There (1956)…

Como en la mayor parte de sus novelas, parece que estas contienen numerosos datos autobiográficos.

Ya desde la primera novela, Retreat from Oblivion, ajena al género negro y donde el protagonista recibía el nombre de su hermano, trabajaba en publicidad y algún personaje era piloto de aviación, tema del que Goodis era un auténtico experto.

La mayor parte de las novelas se ubican en Filadelfia, la ciudad natal del escritor y donde se asentó a la vuelta del fracasado intento hollywoodiense. Cuentas las crónicas que ese otro personaje, su ciudad, reflejada en los barrios bajos, era perfectamente conocido por David Goodis, ya que hacia allí dirigía sus pasos en cuanto llegaban las primeras horas nocturnas. Allí también fue presa de algún atraco y alguna paliza que le deformó la cara con alguna cicatriz. Allí frecuentaba los locales nocturnos de baja estofa que retrata en sus escritos, aquellos locales que regentan gente como Bertha en Street of the Lost o Lundy en Cassidy’s Girl. Son bares, tabernas, cualquier tipo de local donde se vende algo para beber y drogarse, se relaciona gente afín y late una violencia excesiva en ellos.

También locales donde Goodis puede buscar sexo. 

David Goodis contrajo matrimonio en 1942 con Elaine, allí en California, cuando firmaba contrato por su primer guion. El matrimonio dura apenas un año. Y Goodis, parece ser que, no muy estable psicológicamente, orienta su anhelo sexual hacia mujeres gordas y de raza negra.

La estabilidad sicológica de Goodis se recrudece años después, tras morir su padre y encargarse de forma absoluta del cuidado de su hermano.

Nos encontramos, pues, con un autor con graves problemas, que se van acentuando conforme se desarrolla su proceso vital. Partimos de un escritor que puede lograr el éxito. Tuvo un entrenamiento amplio con la escritura de relatos y novelas cortas en diversos pulps como New Detective, True Detective, Detective Fiction, G-Man Detective… en un apartado del que era especialista, el género criminal. Pero también lo era en conocimientos aeronáuticos, en aviación. Y en los deportes. Y tuvo tiempo para escribir en las revistas de relatos adecuadas.

Pocos relatos de estos he visto traducidos. Parece (con Goodis todo es parece) que escribía muchos y eran de escasa calidad (mínima ambiciones literarias, citaba Javier Coma). Pero seguro que habría que descubrir algunos de ellos. A esta escritura habría que añadir la colaboración en radio con la escrituras de diálogos y guiones para distintos programas, lo que parecía que era la autopista que llevaba a California.

Tras sufrir este varapalo, Goodis se encierra en Filadelfia, donde, ya lo decíamos, desarrolla la mayor parte de sus novelas subsiguientes y comienza a desarrollar temas que no le son ajenos en absoluto.

Vive en un mundo agresivo para las personas, sobre todo para las mujeres, las agresiones sexuales y el tema de las violaciones son una constante en su obra, como es el caso de La calle de los perdidos (Street of the Lost) y La luna en el arroyo (The Mooon in the Gutter).

Para fortalecerse, Goodis cree en la solidaridad. Goodis, un entusiasta de la República española, es un solidario. Como varios de sus personajes que brindan ayuda al que lo necesita pero, ¡ojo!, visto desde un prisma completamente distinto al religioso. Puede ser solidaridad o no, pero otros muchos vagabundos de sus novelas buscan calor humano, compañía con la que compartir un trago de alcohol.

Siempre recuerdo La luna en el arroyo, novela que gira sobre el suicidio de la hermana del protagonista. Novela negra donde las haya, donde los temas del suicidio, la violación, la solidaridad están continuamente presentes. Y el marco en el que se desarrolla es negro como la noche.



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