25 de setembre de 2016

Terry Lennox está en problemas

[El 1 Digital, 24 de septiembre de 2016]

Daniel Artola


“El largo adiós” es una de las grandes obras de Raymond Chandler, uno de los padres de la novela negra norteamericana. Publicado en 1953, es considerado el trabajo más excelso del autor nacido en Chicago, en 1988, y fallecido en California, en 1959. Se trata de un homenaje a la amistad.

Terry Lennox está borracho como un barril y su chica va perdiendo la paciencia porque el hombre no puede subirse al auto. Intenta varias veces pero todo termina mal. La mujer aprieta el acelerador y deja al galán desparramado en la vereda como una bolsa de papas. Entonces aparece de casualidad Philip Marlowe que se apiada del borrachín y le da una mano. El detective privado y el bebedor sin suerte aún no sospechan que será el comienzo de una gran amistad.

A grandes rasgos, así transcurren las primeras líneas de El largo adiós, la novela de Raymond Chandler con su personaje del investigador privado que cobraba 25 dólares más los viáticos por sus servicios profesionales. Y al que también las botellas de alcohol no le son ajenas. En esta historia trasciende la amistad, en medio de traiciones y poderosos sin escrúpulos. En la pendiente de la decadencia de un hombre, Philip Marlowe se para como un muro de contención para evitar el precipicio. Se verá si lo consigue. Vale el intento.
Leí esta novela varias veces desde la primera página hasta la contratapa y si me apuran, se me escapan algunos detalles y hasta el final. Con el tiempo aprendí –o me justifiqué- que recordar a pie juntillas de qué va la cosa, no significa que uno sea mejor lector. De repente una escena como la citada más arriba ya justifica toda una lectura.
Además, si a alguien le tiembla el pulso en un momento o se le secaron las ideas para escribir, recomiendan los doctores volver a Chandler. Por sus descripciones minuciosas y sus diálogos perfectos. Con el correr de los capítulos, Marlowe se va llevar puestas varias trompadas pero no le importa. Ese pobre tipo, millonario de prestado, le devolvió una causa para hacer justicia. A su modo, claro. No nos olvidemos que estamos ante un sentimental.
Llegué a El largo adiós por culpa y mérito del inolvidable Osvaldo Soriano, que incluyó a Marlowe como uno de los protagonistas de Triste, solitario y final. El título está tomado de la novela de Chandler. El detective recibirá un encargo especial de dos comediantes que quieren saber por qué Hollywood los olvidó. Stan Laurel y Oliver Hardy se preguntan qué pasó con sus carreras. El dúo cómico exitoso en los años 30 es a principios de los años 70 del siglo pasado una foto borrosa para las nuevas generaciones.
A partir de este argumento aparecerá Chaplin y su Oscar al mérito y una sucesión de gags en las que Soriano es un protagonista más. También, aquí estamos frente a otro caso de una gran amistad entre dos actores que representaron la felicidad para millones de espectadores de sus cortos en blanco y negro. “El Gordo y el Flaco”, como los bautizamos por estas playas, y Philip Marlowe y Terry Lennox son ejemplos de fraternidades en tiempos duros y de los otros. A prueba de olvidos o despechos. Al fin de cuentas se trata de una cofradía que entiende que los une el amor y el espanto. Con el permiso de Borges, por supuesto.





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