19 de juliol de 2016

Peligro en la oscuridad, de Patricia Hall


Patricia Hall. Peligro en la oscuridad. Traducción de Alberto Magnet. Barcelona: Umbriel, 2002. ISBN: 84-95618-30-3

Estudiantes, musulmanes y prostitutas conviven en el barrio más conflictivo de Bradfield, Yorkshire, en un clima de tensión apenas soportable. Es una olla a presión, y por lo tanto un punto de interés para el director de la Bradfield Gazette, el diario local, que husmea un material de primera página. Sus esperanzas se ven colmadas cuando una guapa estudiante de la universidad, Louise Brownlow, es hallada muerta a cuchilladas.

La relación entre la policía y la prensa es siempre compleja, y la periodista Laura Ackroyd, compañera sentimental del inspector Michael Thackeray, lo sabe muy bien. No es la primera vez que su profesión le causa problemas con su flamante novio, pero esto no le impide hacerse pasar por prostituta para conseguir un buen reportaje. Y el truco funciona hasta el punto de que Laura es arrestada en una redada policial la misma noche en que una estudiante es asesinada a pocos metros de allí.

Cuando una periodista tiene la fortuna de encontrarse en el punto neurálgico de la noticia, su deber es investigar. El arma con la que han matado a la joven no aparece, la puerta del apartamento no estaba forzada y, para colmo, es evidente que las dos estudiantes que compartían el piso con Louise están ocultando algo. Ahora Laura tiene una buena historia... y Tackeray, un enigma que resolver.

El asunto se complica todavía más cuando aparece una nueva persona asesinada: un proxeneta. ¿Qué relación existe entre los dos asesinatos? No hay ninguna pista. ¿Cómo es posible que nadie supiera que Louise Brownlow estaba embarazada, ni siquiera sus misteriosas compañeras de piso? ¿Y qué papel ha jugado Miles Bateman, el pastor protestante que ayuda a los jóvenes a encontrar un sentido a la vida?

Laura y Thackeray se plantearán las mismas preguntas, pero los métodos de la prensa no son los de la policía, y durante la investigación se levantará entre los dos un muro de desconfianza. ¿Hasta dónde debe llegar una reportera para defender el anonimato de sus fuentes? ¿Hasta qué punto puede la policía confiar en la honestidad de la prensa, sobre todo ante un globo hinchado de escándalos que sólo espera un pinchazo para estallar?




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