9 de juny de 2016

VÍCTOR DEL ÁRBOL: “NO HAY INFIERNOS FUERA DE UNO”

[Lo que leímos, 8 de junio de 2016]

Luis San Martín


Fotografía: Marcos Budiño

Para Jean-Paul Sartre, el infierno son los otros. Para Víctor del Árbol, Premio Nadal 2016 por La víspera de casi todo, no existen infiernos fuera de uno. En su novela negra el escritor español se adentra en estas cuestiones y al mismo tiempo en el sórdido pasado de sus personajes, como Mauricio, un argentino torturado por la dictadura de Videla, o Daniel, un joven gallego de diecisiete años que carga con ser el único sobreviviente del incendio que consumió su hogar familiar en la Costa da Morte. Nacido en Barcelona, como novelista centra su oficio en la literatura policial y en los complejos entramados de la mente humana, de cuyas consecuencias nefastas ha tenido que ser testigo directo conforme a sus experiencias. Pero antes de eso, es un escritor que se ha detenido a mirar los traumas que aloja la conciencia y cómo hombres y mujeres son capaces de enfrentarlos rozando situaciones límite que al final son decisivas.
Víctor del Árbol no se entiende sin La víspera de casi todo. Y viceversa. En esta entrevista reunimos al autor —su trabajo, sus decisiones, su filosofía— con su última obra para hacerlos dialogar libremente.
EL TRABAJO Y LA OBRA DE ARTE
Fuiste seminarista durante cinco años y policía (mosso d’Esquadra) durante veinte. ¿Cuánto de esta experiencia hay en el proceso de escritura de esta novela? ¿Hay en tu literatura y particularmente en esta novela una influencia de lo que pudiste ver mientras ejercías?
En cierta manera, todo lo que hacemos y, sobre todo, el modo en que lo procesamos se convierte en experiencia vital. Tal vez, sin esta trayectoria vital sería un escritor distinto. Desde luego, La víspera de casi todo es mi novela más personal, la que tiene que ver más directamente con mi experiencia directa.
Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. Considerando tus diversas vidas, por decirlo así, ¿cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor en este momento, ¿qué estarías haciendo?
Cualquier trabajo nos relaciona con la necesidad de la supervivencia, con la incertidumbre, en un momento en el que el ámbito laboral es a la vez más complejo y más volátil. Tener diferentes experiencias, conocer los entresijos de la precariedad, hace que valore más la necesidad de entregar mis esfuerzos a aquello que realmente me apasiona, pero entendiendo que nada está, nunca, decidido. Me reinvento en cada novela, vuelvo a empezar de cero, como he hecho tantas veces en el mundo profesional y volvería a hacer. Pero siempre buscando ser el dueño de mi tiempo.
Lo primero que salta a la vista al empezar y terminar el libro es el título, muy bien escogido, por cierto: La víspera de casi todo. ¿Fue una decisión personal o editorial?
Fue un trabajo de reflexión que me llevó a decidir cambiarlo a última hora, porque para mí el título es mucho más que un adorno; debe explicar en sí mismo la novela. Sin él no empiezo a escribir.
NARRADOR Y PERSONAJE
En entrevistas anteriores, el autor ha referido que mucho de sí mismo y de su entorno está contenido en uno de los pilares más sólidos de su novela: los personajes y sus acontecimientos, el reflejo de varias formas de ser que son reconocibles en la vida cotidiana. Algunos son capaces de remover instituciones con solo mover un dedo y otros son impotentes ante el advenimiento inefable del amor. Bien construidos y confinados a las habitaciones más secretas de su memoria, estos edifican la narración de La víspera de casi todo, atrayendo al lector a una empatía y otra.
Gran parte de la trama de esta novela transita entre la redención a través de la escritura y la poesía, mientras la tranquilidad de sus protagonistas es trasmutada en dolor por la acción de “monstruos maniáticos” que merodean los márgenes de la brutalidad, utilizándola contra los desesperados e inofensivos. En esta novela, Del Árbol va mucho más allá del bien y el mal, como rindiendo homenaje a esos versos de Nicanor Parra en “Epitafio”:  Ni muy listo ni tonto de remate/ Fui lo que fui: una mezcla/ De vinagre y aceite de comer/ ¡Un embutido de ángel y bestia!
A veces da la sensación que el autor de esta historia se vierte más en unos personajes que en otros. ¿De qué forma Víctor narrador se mezcla con el Germinal desencantado y el nostálgico Mauricio?
Germinal es esa persona que arrastra el pasado atado a los talones, incapaz de asumir la felicidad porque solo entiende la vida como lucha, contra todos, contra todo, para proteger a su familia, a su hijo, a sí mismo. Y en algún momento ha decidido que no se puede estar en guerra permanente con uno mismo. Porque los que te aman acaban alejándose, porque ya no encuentras el sentido a esa lucha. A veces, yo también he pensado en arrojar la toalla; es tan fácil dejarse llevar por la sensación narcotizante que provoca el abandono, la renuncia. Pero siempre hay un despertar, algo que te hace sacar energías de donde no sabías que las tenías. Mauricio, por contra, encarna esa fidelidad a un sentimiento, a una idealización del amor y de la condición humana. Mauricio es para mí un deseo, el hombre poético, capaz de perdonar y de perdonarse a sí mismo, que puede creer que la literatura, la poesía de Juan Gelman es capaz de transformar un alma, por podrida que esté.  Entre la resignación, la lucha y la nostalgia navegamos todos los hombres, y algunos encuentran la felicidad.
Eva Malher (o Paola) es un personaje interesante que además de desdoblarse en dos identidades cuestiona el verdadero rol de la mujer en una familia con renombre y poder. ¿Fue difícil inmiscuirse en su mente para describirla? ¿Son los Malher la representación de las familias ricas que deben mostrarse como lo exitosos que son, sin rastro de ovejas negras?
Es una manera de revertir el cliché. Todas las cartas ganadoras en la mano: riqueza, belleza, poder… y sin embargo, también los privilegios pueden ser una maldición, una jaula de oro que impide ser uno mismo. Ser poderoso, como lo es Esteban Malher, no es tener dinero. Es tener poder, es poder manipular pruebas, reescribir la verdad, estar por encima del bien y del mal. Pero ni siquiera él está por encima de las heridas de la muerte, de la pérdida, del amor y de la traición. La gran lección de su vida se la dará Paola (aquella adolescente que no quería ser Eva), capaz de infringir las normas, de negar el statu quo que imponen las convenciones sociales.
la víspera de casi todo portada
Si esta novela estuviera narrada por Daniel sería difícil captar quién está diciendo la verdad o no. ¿Premeditaste de alguna manera que el lector desentrañara su relación con Martina?
Todo está ahí, desde el principio. No me gustan los juegos del tahúr que se saca un as de la manga a mitad de partida. Solo que a veces no nos fiamos suficientemente de nuestra intuición. Si Daniel hubiera sido la “voz” de esta novela, La víspera de casi todo trataría sobre la lucidez, y sobre lo que llamamos identidad. Un juego de espejismos.
Está claro que el eje transversal de esta novela son los traumas del pasado que anegan la conciencia de sus personajes. Más bien, lo que buscan todos es la redención mientras esperan las consecuencias de “casi todo”. ¿Existe redención en la literatura, esa misma que busca el hombrecillo en su diario?
Existe el relato del pasado, del anhelo, de la frustración y de la esperanza. No todo puede ser explicado, pero somos porque nos nombramos, existimos porque tenemos conciencia de existir, la realidad que no se manifiesta, que no se cuenta, es como si no existiera. La literatura es la expresión metafórica del alma humana, y su trazo solo se perfila a través de las palabras y sus imperfecciones. Seguramente, el hombrecillo es mucho más comprensible en su diario que en su verdadero corazón, incluso podemos llegar a atisbar cierta empatía. Pero él en realidad solo se justifica, se redime a sí mismo ante el mundo y pone como testigo a esas páginas, plagadas de idealización.
Respecto al reflexivo hombrecillo, este podría perfectamente ser el elemento constitutivo de unspin off literario o algo que esclareciera más su perfil. ¿Qué significó para ti construir este personaje tan evasivo y lógico a la vez?
El acercamiento a la perversión de la normalidad, que es la que de verdad me interesa. Si no existe la maldad absoluta, tampoco existe la bondad. Elegir es el acto de libertad del hombre, más allá de sus circunstancias y su biografía. Me interesaba ese hombre anodino que se construye a sí mismo desde el rencor pero que, como la enfermedad, solo muestra su verdadera naturaleza cuando está seguro de vencer.
EL SER EXTRANJERO Y LA “PATRIA”
La inmigración, el choque de sociedades distintas en las vidas privadas de quienes deciden partir y el sentir del extranjero al pisar esa “tierra desacostumbrada”, la misma a la que refirió Jhumpa Lahiri, son otros de los leit motiv de esta obra. En la narración Víctor del Árbol se cuestiona ese heteróclito concepto llamado “patria”, como si el relato se preguntara una y otra vez hasta qué punto son capaces los seres humanos de adaptarse a costumbres y gentes completamente nuevas.
La dictadura de Videla en Argentina, y con ella el Grupo de Tareas y las torturas perpetradas en la ESMA, es uno de los tantos contextos de la historia que afectan definitivamente en la vida de los que viven en tu novela. ¿Tienes alguna relación con ese país? ¿De qué manera la historia reciente de Argentina determinó la trama?
He estado dos veces en Argentina y me impactó el museo de la ESMA, no tanto por compendiar la trágica historia de las Juntas, que ya es conocida, sino por la frialdad que sentí en aquellos que somos testigos de un relato que solo puede resultar carnal cuando es explicado por aquellos que lo protagonizaron, bien a través de la oralidad o de la poesía, el arte, la música. Así descubrí a Gelman y la capacidad catártica de escribir para contar sin explicar, sino haciendo vivir. En cada novela intento darle voz a aquellos que un día la Historia condenará al silencio por conveniencia, por desidia, por amnesia o por vergüenza.
La inmigración —de Dolores y Martina desde Portugal a Galicia, o del grupo de amigos argentinos a Alemania o España— es también uno de los pilares que sostienen el argumento. ¿Consideras que este movimiento entre continentes, entre esa “tierra llamada patria” que nunca entendió Mauricio y un lugar totalmente distinto, constituyen una de tus inquietudes literarias?
Yo siento que cada Patria es una atadura, un espacio que exige lealtades que no siempre estamos dispuestos a dar. Mi espacio emocional, mis recuerdos, son mi verdadera patria. Soy hijo de inmigrantes andaluces y extremeños, y nunca he militado más allá de los límites del respeto hacia la diversidad. Mi geografía está llena de lugares, de sensaciones, como la de Albert Camus, esa sensación de expatriado permanente pero que al mismo tiempo te hace sentir una libertad absoluta para enfrentar los dogmas de fe que imponen las patrias.
La víspera de casi todo
Buenos Aires, Barcelona, La Coruña son algunas de las ciudades que pueblan tu libro. ¿Encuentras un factor común? Respecto a ese pequeño y al parecer ficticio Punta Caliente, ¿das fe a ese axioma según la cual los pueblos chicos son infiernos grandes?
Cada lugar es la visión subjetiva de un estado de ánimo. Sin la mirada, el paisaje no sería nada. Para mí, Costa da Morte es ese espacio que enlaza con el estado de ánimo de los seres que pueblan esta novela. No tiene sentido excusarse ni justificarse cuando un golpe de mar, una distracción, puede acabar contigo. Del mismo modo, cuando la vida te exige no admite concesiones. No hay infiernos fuera de uno.
EL GÉNERO NEGRO
España, Francia y otros países europeos cuentan actualmente con varios premios para reconocer a los autores de novela noir que han difuminado su obra por el continente y el mundo. En 2012, el escritor obtuvo el Prix du polar Européen del diario Le Point, y en 2013, el Prix QuercyNoir y el Premio Tormo Negro en Cuenca. Tanto en Europa como al otro lado del océano empiezan a surgir encuentros y festivales para reunir a escritores, especialistas y a los que están empezando a introducirse en estos argumentos maleables y atrapantes. A algunos incluso asisten detectives e investigadores, como ocurrió en el último encuentro de BCNegra. Al parecer, mientras haya crímenes y la mente humana siga siendo inaccesible, esta literatura seguirá madurando y la nueva clasificación ya empezará a acaparar algunos estantes de las librerías.
Empujado por la filosofía de Camus o la obra de algunos escritores estadounidenses, el autor reconoce las influencias que moldearon su estilo, pero sobre todo sus intereses.
La novela negra es un género en ebullición. Pensando en el comentado caso de Triana González o en el de Asunta, ¿son los crímenes —cada vez más extremos e intrincados— material a disposición para los nuevos narradores españoles?
Creo que hay que escapar de la crónica disfrazada de ficción. Más allá de la realidad, escribir es un arte creativo; contar un modo de ver el mundo, crear ese mundo mismo. El hiperrealismo es redundante si no busca elementos o claves de reflexión éticas y estéticas.
Germinal dice al principio: “El mundo está lleno de degenerados para quienes los demás son solo parte del paisaje en el que discurre su vida”. ¿Crees que si no fuera por esos que están fuera del margen, y que sin embargo son astutos, la literatura negra no tendría mucho de dónde sacar?
Todo hombre esconde una mueca tras la sonrisa. No necesitamos a los monstruos, podemos hacerlos salir de nuestras propias manos.
El poeta argentino Juan Gelman o el Tiresias de la mitología griega son estandartes de la intertextualidad en el relato. ¿Qué autores u obras crees fundamentales para tu obra en general?
Albert Camus en El mito de Sísifo plantea las cuestiones que se desarrollan en El extranjero: ¿qué sentido tiene la lógica en seres ilógicos? ¿Qué es el castigo y qué el perdón? ¿Dónde está Dios, o al menos esos dioses menores, los demiurgos? Creo que mi narrativa bebe de esas mismas cuestiones.Dostoievski, Delibes, Faulkner, Coetzee, Steinbeck… todos los exploradores del dolor y la absurdidad me han interesado desde siempre.
Este año ganaste el Premio Nadal, el más antiguo en España. ¿Tienes alguna opinión en especial acerca de los premios literarios?
Que cada premio es un acicate, a cambio de no doblar la rodilla ni de hacerse autoconcesiones.



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