12 d’abril de 2016

La cara más cruel de la Cuba actual

[Librújula, abril 2016]

Texto y foto: Antonio Iturbe


Vladimir Hernández retrata la cara más cruel de Cuba en ‘Indómito’, ganadora del premio L’H Confidencial
El narrador de Indómito (Roca) es alguien con quien resulta difícil no sentir empatía. Y, sin embargo, es un asesino capaz de una extrema crueldad. La violencia extrema se desata como reacción a la violencia institucional, no tanto como venganza por lo que le han hecho a su mejor amigo como por una necesidad de redención. Vladimir Hernández, cubano que lleva dieciséis años afincado en España, explica que la suya es una novela negra, incluso hard-boiled, no una novela política, pero reconoce que “una novela honesta no puede divorciarse de la realidad”.
Hernández ha cultivado la ciencia ficción, pero desde siempre le ha apasionado el género negro y se declara muy influenciado por “el romanticismo cínico de Raymond Chandler y cuatro pilares básicos: Elmore Leonard, James Ellroy, Michael Connelly y John Connolly”.
Detrás de esa deriva hacia el crimen –sobre el que no hay una toma de postura moral– se muestra el desencanto de unos personajes de una generación joven que encuentra en la violencia una manera de reaccionar. “Es gente sin esperanza y se comportan como tal. A esta gente, al nacer, se les dijo: «Somos distintos, somos la vanguardia del mundo». El caso de Cuba es distinto al de otros pueblos que no han sido engañados de esa manera. El descubrir esa obsolescencia de tu país te sume en el desamparo”.
En la presentación del libro en Barcelona, acompaña a Vladimir Hernández otro escritor cubano, Abilio Estévez. Señala este que “en una sociedad donde todo es ideología, nada es ideología”. Desde Europa cuesta entender por qué esa generación que se retrata en la novela vehicula su frustración hacia esa deriva truculenta, en lugar de aferrarse al revulsivo ilusionante de la rebeldía como ha sucedido en otros países. Hernández explica que “un totalitarismo que viene de una estructura comunista es sofisticado. No necesita asesinar para meter el miedo en el cuerpo a la gente”. Abilio Estévez apunta que “la rebeldía no se contempla en esa sociedad. Cuando estás en un entorno que te va quitando cosas, al final no tienes nada. Hay una serie de consignas muy interiorizadas: si te rebelas vas a ser un burgués, un capitalista. Hay una policía muy eficaz y un elemento importante: el miedo a que cualquier persona pueda ser un delator. Así que hay cosas de las que no se habla nunca”. Hernández considera que “el Estado comunista es un útero que no te permite salir” y explica la alegría que supuso para él que su esposa, que obtuvo una plaza de profesora en la universidad al quedar la primera de su promoción, tuviera autorización para acceder a internet desde su terminal. Le advirtieron que de ninguna manera debía permitir el acceso a esa terminal a los estudiantes. Fue el momento en que pudo asomarse por primera vez al mundo.

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