8 de gener de 2016

Premio Nadal 2016 y mi gratitud

[Victor del Árbol. Blog, 8 de enero de 2016]


Cuando era niño me quedaba a menudo embobado con cualquier cosa, tenía algo de introvertido, y mucha curiosidad por todo. Con tono cariñoso, mi padre me solía decir que cerrase la boca porque me iban a entrar moscas. Creo que habría vuelto a decírmelo la noche de este 6 de enero de 2016 que ya no olvidaré nunca. Todavía me cuesta cerrarla y no son moscas lo que entran por ella; son instantes que pasan raudos, burbujas de felicidad que cosquillean cerca del corazón, un corazón que poco a poco va sosegándose y vuelve a caminar al paso.
La primera vez que fui invitado a  la gala del Premio Nadal fue en el año 2014 (aquel año ganó Carmen Amoraga, y recuerdo el emocionante discurso dedicado a sus padres). Era la primera vez que entraba en los salones del antiguo hotel Ritz y estaba emocionado ante tantos escritores que yo había leído pero que apenas sabían de mi existencia. Entre todos ellos, me conmovió hasta muy adentro una dama de cabello blanco, sentada en su silla de ruedas con una copa en la mano. Ella estaba en un rincón, junto a los espejos y lo miraba todo con una displicencia benévola. Yo, que no soy nada mitómano, me puse a temblar cuando decidí acercarme a ella; me detuve a medio camino preguntándome qué decirle, y perdí el valor. Para cuando lo recobré, la dama ya estaba siendo agasajada por un muro impenetrable de admiradores. Se llamaba Ana María Matute.
Algo de esa emoción que te hace sentir modesto experimenté al subir yo al escenario y recoger esas preciosas letras PN. Pensé tantas cosas al mismo tiempo, quería disfrutar cada segundo, buscar la complicidad de la Historia, imaginando a Miguel Delibes al recibir el galardón por su primera novela, a Carmen Laforet por su Nada, a Pombo, Trapiello, Barlett, Silva… y a mi querido José Vales, mi predecesor. Me acordé de mi padre y procuré mantener la boca cerrada, pero inevitablemente la felicidad se me iba a los dientes, a los ojos, al pecho.
Cada sueño exige un esfuerzo para ser posible. Y cada instante deja paso al siguiente. Cuando se apagaron las luces, yo seguía despierto, no podía ni quería dormir. Pensaba en todas las personas que me han aupado en cada derrota, aquellos amigos de primera hora que me dieron el valor para vivir mi pasión de escritor. ¡Qué curioso valor tiene la felicidad, que no es nada si no puede ser compartida! Me hubiera gustado estrechar más a Antonia Kerrigan, y darle las gracias por enseñarme la virtud de la paciencia, abrazarme a mi querido Josep Forment y decirle que los brotes verdes empiezan a ser prado, a los chicos de Alrevés que se batieron conmigo en pequeños hotelitos y muchos kilómetros, a Carlos Pujol, a Silvia Sessé, a Ana Soldevila que me enseñaron y me enseñan a dar lo máximo de mi voz narrativa, mirar con una sonrisa a Jordi Canal que me da ejemplo de dignidad y amor por la literatura, a Alba, a Sonia, a cada persona de la editorial que se cree mi sueño y decide ir más lejos de lo que les impone su obligación meramente profesional. A Emili, que me trajo y me dijo esta es tu casa y yo así lo siento. Cuando alguien sueña contigo, es como si soplaran cuando el viento falta, como si remasen cuando las fuerzas te fallan.
¿Cuántos lectores anónimos, blogueros, libreros, gente de la cultura han peleado por darme a conocer sin saber nada de mí, confiados solo en lo que importa para ellos, mis novelas? A cuantísima gente debería darle las gracias por su generosidad. ¡Cuántos escritores y escritoras han hecho ejercicio de honestidad y generosidad conmigo! Parece que el mundo solo entiende la medida del beneficio y el resultado; pero a mi me han enseñado todos que existe un intangible más poderoso en los que aman la literatura como forma de compartir, como diálogo vital entre nuestras realidades y nuestros anhelos.
Tiempo habrá de hablar de “La víspera de Casi todo” la novela premiada.
Hoy, ahora, horas después de este momento, toca coger esas dos preciosas palabras de plata y esparcirlas entre todos aquellos que sienten este Nadal 2016 como propio.
Mi gratitud.




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