14 de gener de 2016

DEFENSA NEGRA

[Bearn Black, 14 de enero de 2016]

Sebastià Bennasar 

Mientras algunos de los mejores escritores del género negro repudian la etiqueta o se inventan nuevas -la última: gris asfalto-, muchos otros intentan hacer pasar por negro lo que no lo es
La novela negra en España pasa por momentos muy dulces desde el punto de vista de la producción. Conviven diversas generaciones de escritores, se produce renovación y aparecen nuevas voces que poco a poco se consolidan. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que haya algunos escritores que declinen la denominación “novela negra” para definir sus obras. Creo que se debe a dos fenómenos: en primer lugar a una cierta devaluación de la propia denominación; en segundo lugar a un intento de distinguirse de forma original de una etiqueta que, en muchos casos no les representa porque se usa mal.
Ciertamente, en los últimos tiempos y sin ningún tipo de escrúpulos, la industria editorial ha utilizado la etiqueta novela negra para muchas obras que no lo son y que no pasan de ser novelas costumbristas con policia o detective. Como explicaba en esta misma revista Jordi Canal, director de la biblioteca la Bóbila, la verdadera novela negra no le gusta a casi nadie en España. Más allá de los enfoques -procedural, crook story, novela de detectives, de mafiosos, de psicópatas o novelas protagonizadas por personajes casuales-, la novela negra tiene un fuerte componente social, se interroga sobre por qué en una sociedad se produce un crimen y su lectura nos deja descorazonados durante mucho tiempo. Y de esta, en España, se escribe poco. Hay novelas que flirtean con el género, que utilizan sus estructuras pero que esán faltados de ambición literaria y de auténtica vocación negra.

Por eso es lógico que esa utilización de la etiqueta ha acabado inquietando a muchos escritores que intentan crear nuevas denominaciones para el género o, simplemente, decir que no escriben novela negra. Entre esos autores nos encontramos a dos de los mejores escritores de novela negra de España: Carlos Zanón y Empar Fernández. Zanón ha repetido por activa y por pasiva que no hace novela negra -aunque todos los lectores sabemos que sí, y lo atestiguan premios como el Hammett o el Pata Negra de Salamanca-, mientras que Fernández ha inventado (con cierta fortuna) el término gris asfalto para sus novelas urbanas de personajes que, en cualquier literatura se denominarían negras.
El problema es cuando la industria utiliza el término negro para definir un montón de novelas que no lo son en un acto que se puede considerar una auténtica estafa para los consumidores. Pero eso daría para mucho más. El caso es que no hace falta inventar etiquetas extrañas para definir la novela negra: simplemente depurarla de todo lo que no lo es. Tal vez somos unos cuantos que somos demasiado puristas. Es cierto. Pero en el monte no todo es orégano.




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