3 d’agost de 2015

OLVIDADAS PRIMERAS OBRAS : RESCATANDO ” EL PESO DE LOS MUERTOS” DE VÍCTOR DEL ÁRBOL

[El dietario cultural de Laurentino Vélez-Pelligrini, 2 de agosto de 2015]



Tarde vacacional y calurosa, me refugio en una de las bibliotecas públicas de mi ciudad, la  entrañable Can Pedrals de Granollers. Siempre he tenido la  extraña sensación  que las bibliotecas son el cementerio de las letras. Recorro la sección de literatura. Con la retina clavada en una multitud de títulos descatalogados  y  fechas de edición muy lejanas en el tiempo, llama mi atención un libro. En la solapa, la foto de un joven autor con  rasgos varoniles y cierto aire de “chico de barrio“, que se describe a si mismo  como el  hijo de inmigrantes extremeños, miembro de una familia numerosa, con vocación de misionero  y  que acabó siendo Mosso d’Escuadra :  Víctor del Árbol.


 Del Árbol encarnó a una nueva generación de escritores surgidos en la década del 2000, inscritos en el ámbito de un género, procedente o improcedentemente, tildado de “menor”, ajenos a los universos literarios “académicos”, originarios de extractos populares o medios y que parecían romper con la endogamia social de un mundo intelectual catalán en el que llevaban brillando los apellidos de los hijos de la Barcelona “vencedora“. Aquel libro algo ajado que tengo en mis manos  es su primera obra, El peso de los muertos ( Castalia, 2006), galardonada con el Premio Tiflos, pero que sin embargo pasará casi desapercibida.


Jordi Canal
La leyenda cuenta que la hora feliz le arribó a Víctor del Árbol después de que el director de ”La Bóbila“, Jordi Canal, impulsor del fondo bibliotecario y documental sobre género negro más importante de Cataluña, leyese el manuscrito de La tristeza del SamuraiLa obra enseguida convenció al  editor Josep Forment, el conjunto del equipo de Ediciones Alrevés y a la prestigiosa agente  literaria Antonia Kerrigan. Una trama literaria en la que, paradójicamente, ni siquiera el autor parecía creer demasiado. La experiencia de editores poco implicados con su obra y de una muy cuestionable profesionalidad,  le hacen dudar de la utilidad de publicarla. Respirar por la herida consolidó su proyección internacional gracias al buen hacer de la agente Kerrigan  y el definitivo  triunfo vino con su obra canóniga, “Un millón de gotas”, bajo el paraguas de Destino y el sello galo Actes-Sud.  Me viene al espíritu que en el último capítulo de ” Un millón de gotas” pone en escena a un periodista que indaga sobre los entresijos de todos los personajes de la trama y que deriva en un libro que pasará sin penas ni glorias. Autor de no mucho exponerse, me queda entonces la duda de si Del Árbol no deslizó en su exitosa obra  un ramalazo autobiográfico vinculado al recuerdo de sus difíciles inicios  como escritor y de esa primera novela que fue ”El peso de los muertos”.Atrapado por aquella obra de un autor que ya no es hoy el que era, aplasto el trasero en uno de los sillones de la sala de lectura. Leo y la trama me agarra como una garrapata.


Josep Forment
Barcelona, mediados de los años 40, el doctor Naham Márquez  es condenado al garrote vil por el asesinato de una mujer de la que estaba enamorado, Amelia Quiroga, la atractiva y provocativa mujer de un militar franquista  perteneciente a la alta sociedad y dominado por unos celos enfermizos y desarreglos psiquiátricos. El doctor Márquez ha sido él mismo un hombre con una infancia traumática e impregnada por el recuerdo del suicidio de su abuela. Débil de carácter, sucumbe a los embrujos de su aristócrata amante.
Treinta años después, a un mes de la muerte de Franco y muy lejos de España,Lucía de Dios, el personaje centralrecibe la llamada telefónica de un amigo de infancia obsesionado con ella, Octavio Cruz y tras la cual decide volver a Barcelona aprovechando la coyuntura de un régimen dictatorial agonizante. Tiene en su haber las cenizas de su padre Juan, un veterano y respetado militante comunista.


Antonia Kerrigan
Residente en Viena, Lucía está casada con un prestigioso y brillante abogado laboralista, Andrés, aunque inmersa en un matrimonio con muchas sombras. Andrés entiende poco las motivaciones de su mujer, pero Lucía está perseguida por la memoria de su padre. Y es con ésta precisamente que necesita ajustar cuentas. Después de muchas desavenencias sobre la prudencia de acudir a un país en el que la dictadura todavía está dando sus coletazos, aterrizan en el aeropuerto de Barcelona bajo una falsa identidad. Una vez allí, se pone de manifiesto los extraños vínculos entre el doctor Naham Márquez, su padre y la víctima de aquel asesinato, Amelia Quiroga. Un siniestro comisario de la Brigada Político-Social franquista, implicado en la investigación sobre el crimen  de nombre Ulises, ha podido saber de la arribada de Lucía a Barcelona. La tiene vigilada, a pesar de que Lucía le cree muerto. En efecto, Ulises, apodado, el moro, ha tenido un papel tormentoso en la adolescencia de Lucía y en la propia vida de su padre, Juan. Una multitud de pasillos oscuros caracterizan  el caso de ese asesinato. Ulises, Naham Márquez, Amelia Quiroga y el mismo padre de Lucía, Juan, constituyen las piezas de un extraño puzleMientras tanto, va a surgir un personaje enigmático, Liviano, un hombre encerrado desde hace treinta años en un Hospital Psiquiátrico Penitenciario y que mantiene una relación especial con una monja, Sor Amparo. A través de su amigo OctavioAlicia consigue encontrarse con aquel enfermo mental y que  conserva la clave de la verdad. La novela va desvelando una trama maquiavélica en la que, ni las inocencias ni las culpas son las que parecen.


El amor, el odio, la violencia, la vejación, la brutalidad sexual, la venganza, el resentimiento, la muerte y el poder constituyen elementos centrales de la trama.Víctor del Árbol jugó con habilidad con el espacio-tiempo, combinando su estructura narrativa épocas y contextos históricos muy diferentes. En este caso, los oscuros años 40 de la posguerra y los inciertos  últimos momentos  del franquismo. Ilustró esa España en proceso de cambio histórico, el mundo del antifranquismo universitario, las oscuras mazmorras de la siniestra policía Político-Social,  los bunkers del franquismo  aferrados al poder, pero también las angustias, los agujeros negros y las miserias del individuo común.


 “El peso de los muertos” expresó el perfil de un escritor primerizo y dominado por la ingenuidad del debutante, que contrasta con la identidad actual de un autor consolidado,  “image de marque” de unos ya agobiantes festivales y certámenes de novela negra.  Del Árbol es hoy una figura adulada por toda suerte de cortesanos y gurú al que algunos aparentan guardar un culto sacrosanto, eso sí, en muchos casos, muy poco “espiritual” y muy por lo contrario, bastante interesado. Envuelto por todo el conglomerado simbólico vinculado al éxito y estéticamente adscrito a los cánones masculinos del imaginario erótico femenino, Del Árbol parece representar la imagen misma del triunfo social.
Es evidente que se han esfumado los tiempos en los que el hombre de letras vivía rodeado por la solemnidad y la elegancia que caracterizó a esa figura sartriana del intelectual  "engagé". Curiosamente, Del Árbol  siempre se ha  reconocido poco cómodo en los círculos del Star-Systeme literario, nadando entre las dos aguas del vedetismo y la frivolidad que imponen los intereses comerciales y la fidelidad al espíritu de un verdadero intelectual que ha hecho de su escritura un compromiso político y social con los avatares civilizatorios de su tiempo.
El tiempo dirá si el escritor no terminará por convertirse en una víctima de su propio éxito, viéndose arrastrado por una muy debatible etiqueta y la finiquitación  de una moda literaria que empieza a ser algo deja vu. Es sabido que el mercado devora a sus hijos pródigos cuando el inestable  lector de bagaje cultural medio cambia sus gustos y aficiones y se vuelca hacia los genios de laboratorio que van fabricando de forma intermitente en los departamentos de marketing de los grandes sellos.
Al margen de todo lo dicho, no cabe duda que Víctor del Árbol ha sabido darle continuidad, afinamiento y coherencia a  las problemáticas morales e intelectuales que estuvieron en el espíritu de su primera obra. Es decir, la maldad y la bajeza humana, las heridas morales, el lado terrorífico del poder y de quienes lo ejercen, así como la difícil relación de los individuos con su propio pasado, sobretodo cuando nuestros muertos  llevan  el peso de las verdades más punzantes y desgarradoras.




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