10 d’agost de 2015

El trueno, de Jim Thompson

[Leer sin prisa, 10 de agosto de 2015]

Marta Marne


Eran las cinco en punto de la mañana cuando el tren se detuvo en Verdon. De este tren se apean la señora Edie Dillon y su hijo Bob Dillon. El señor Dillon... bueno, está de viaje de negocios. Es abogado y hace algún tiempo que la señora Dillon no le ve. Y regresa al pueblo que la vio nacer: Verdon, un pueblo endogámico, desagradable, antipático y dividido en clanes. Estamos en Nebraska en torno a 1914. 

Edie llega al pueblo para trabajar de maestra, pero los alumnos no se lo pondrán nada fácil. Insultos y violencia física hacen que cada día se acueste sola y atemorizada por lo que pueda sucederle al día siguiente. Mientras ella da sus clases su hijo Bob pasa los días en casa de su abuelo Lincoln Fargo, el patriarca de la familia, donde sus dos primos Gus y Ted se pasarán el día haciéndole perrerías. También tenemos a Grant, hijo pequeño de Lincoln, uno de esos hombres que no acaba de encontrar su lugar, y que para colmo tiene una aventura secreta con su prima carnal Bella. Un secreto a voces, ya que no hay lugareño que no lo sepa ya. 

Mientras todo esto sucede, la abuela Pearl Fargo sigue de forma ferviente las doctrinas del párroco Silas Witcomb. Él trata de embaucarla para que le done la casa familiar, pero ella considera que es mejor donársela al "jefe", y secretamente cambiará las escrituras para que la casa pertenezca... a Dios Todopoderoso.

Historias y anécdotas una detrás de otra para mostrar una forma de vivir y de pensar en un momento y un lugar preciso de los EE.UU. Y Thompson sabía de lo que hablaba, porque pasó buena parte de su infancia en Nebraska. En las conversaciones nos mostrará la forma que tenían de trabajar la tierra, el tipo de cultivos con los que obtenían más beneficios, por qué era recomendable cambiar cada determinados años y pasarse a la ganadería para no agotar la tierra, la forma en que las multinacionales fabricantes de maquinaria agrícola trataban de aprovecharse de los incultos campesinos. 

Veremos cómo se introducen elementos en sus vidas que años atrás habrían considerado impensables, como el hecho de tener un baño dentro de casa o que exista una tienda de alimentación con autoservicio en la que hubiera que pagar al momento, en vez de abonar la cuenta cada seis meses como era habitual. Hasta tendremos una dosis de corrupción en la carrera política y cómo de fácil era (y sigue siendo) caer en ella.

El número de personajes resulta ingente en algunos momentos. Como sabéis soy especialmente torpe cuando aparecen muchos nombres y me falta una guía para no perder el hilo. Lincoln, Pearl, Sherman, Grant, Myrtle, Edie, Philo, Alfred, Bella... Quién es hijo de quién, quién está casado con quién. Pero todos ellos son necesarios, juegan su papel en la historia, en aportar un momento específico a la historia que se nos cuenta a través de ellos. Los diálogos son brillantes, las descripciones de los lugares y sus gentes hacen que tengas en tu mente una imagen muy precisa de aquellos parajes áridos y duros. Lo mejor, las perlas de sabiduría que Thompson suelta aquí y allá, párrafos que resumen la forma de ser y de pensar de esas gentes:

Supongo que nunca aprendemos, Edie. Nunca aprendemos, no hay ninguno de nosotros que sepa decir si mañana lloverá o no. No sabemos si nuestros hijos serán niños o niñas. Ni por qué el mundo gira en un sentido en vez de en otro. Ni... ni el cómo ni el por qué ni el cuándo de nada. Nuestra intuición, ese es el único don que tenemos, salvo por una cosa. En eso todos somos profetas. Sabemos qué es lo que pasa por la cabeza del vecino. Y no importa si lo conocemos, o si no lo habíamos visto nunca. Sabemos que nos la jugará en cuanto tenga ocasión. 


Que no os confunda que esté escrita por Jim Thompson. El trueno no es una novela negra. No es tampoco un western, no tenemos al típico sheriff con su estrella ni a los forajidos, aunque la ambientación se acerca más a este género que a ningún otro. No es una de esas novelas en que te importe tanto cómo acaba la historia como todo lo que te cuenta a lo largo de la novela. Toda esa sabiduría sobre la forma de vida en Nebraska a finales del siglo XIX y principios del XX, cómo se formó la Norteamérica que hoy conocemos, cuáles eran los orígenes de los inmigrantes que compusieron el nuevo país. 

Gracias a Arte Salvaje, la magnífica biografía de Jim Thompson que publicó el año pasado Es Pop Ediciones, descubrimos algunos de los pasajes que son directamente autobiográficos en El Trueno. Tanto ésta novela como Aquí y ahora, su primera novela, tienen una fuerte carga autobiográfica y hay fragmentos que han sido tomados literalmente de la vida de Thompson y que aparecen ahí reflejados. Hay un fragmento especialmente divertido de una de las travesuras de Bob Dillon que parece ser que fue una travesura que el propio Jimmie Thompson llevó a cabo de niño, para susto de sus familiares.

Una de las autoras que en Arte Salvaje nos apuntan que influyó, y mucho, en Jim Thompson para esta novela fue Willa Cather y especialmente su novela Uno de los nuestros (no tiene nada que ver con la película de Scorsese), que recibió el Premio Pulitzer en 1922. Cather vivió también en Nebraska en su infancia y vio de primera mano la difícil vida de los pioneros. Buscando información sobre ella, también he descubierto que influyó en la obra de Eudora Welty, cuya novela Las batallas perdidas disfruté muchísimo hace tres años. Tenemos la suerte de que Uno de los nuestros está editada en castellano por Nórdica, así que habrá que hacerse con ella.


Título: El trueno.
Autor: Jim Thompson.
Editorial: Diagonal.
ISBN: 9788497620710.
Páginas: 384.
Precio: Descatalogado.






0 comentaris:

Publica un comentari a l'entrada

 
Google Analytics Alternative