25 de juny de 2015

EL HOMBRE QUE AMABA LOS LIBROS

[Bearn Black, 25 de juny de 2015]

Sebastià Bennasar

(Este texto de Àlex Martín Escribà) abre la recuperación de Ginesta pels morts, de Agustí Vehí, publicada por Alrevés esta semana)


Hay policías y policías. Los hay que rondan por la ciudad, ponen orden y civismo, señalizan y orientan, cumplen órdenes y velan por la seguridad de los ciudadanos. De estos hay muchos. En cambio, hay otros que además de hacer todas estas labores tienen cargos de responsabilidad, como ser subinspector de la Guardia Urbana de Figueres, doctores en Historia, docentes en materia de seguridad pública en la Universitat Autònoma de Barcelona y escritores de primera línea de fuego. En este artículo quiero recordar la figura de un escritor, de un intelectual, y que ha sido para mí el gran descubrimiento literario de esta entrada de siglo. Un hito más que hay que añadir a las letras negras catalanas, con permiso de Rafael Tasis, Manuel de Pedrolo y Jaume Fuster. Detrás de una producción prolífica e incansable, una tarea desplegada admirable en la que hay libros sobre cuestiones históricas, textos sobre seguridad pública, manuales de autoprotección, rondallas, cuentos, poesía, ensayos y artículos en la prensa, me interesa destacar aquí  hoy su aportación al frondoso campo de la novela negra y policíaca. El resultado son cinco novelas que todavía están por estudiar y analizar (investigadores, ya lo sabéis), con toda profundidad por diferentes motivos: en primer lugar por el retrato gastronómico, antropológico, histórico, artístico, cultural y urbanístico del Empordà tan querido por el autor y a la vez tan literario e universal, unas tramas llenas de elementos históricos mezclados de manera magistral con elementos de género negro y la construcción de personajes y ambientes inolvidables.

Un género –el negro y policial- que él mismo definía como “idóneo incluso para estudiar Historia y entenderla. Estoy convencido que la sociedad se explica mejor a través de la novela negra”. Y no le faltaba razón: cuando leemos nos damos cuenta que todas ellas son una fuente primaria para aprender la historia de este país: desde la persecuciones implacables a la policía de la República por las tropas franquistas y nazis, la creación de búnqueres en el Empordá levantados por el franquismo, la invasión de los maquis en la Vall de Aran, la descripción de la postguerra en la ciudades catalanas, huir de los fascistas en la embajada española que se dedican a perseguir todo aquello que suene a republicano, son paradigmas que confirman esta tesis. Ahora bien, por encima de todo, no querría pasar por alto tampoco la caracterización de sus personajes, algunos de inteligencia luminosa, diría yo, verdaderos “alter-egos” del autor, de un policía –no lo olvidemos- que escribía novelas de policías, aquellos que el escritor definía como “los trabajadores de la condición humana y unos mediadores entre formas cada día más diferentes de entender la vida y la convivencia. Alguien que ayuda y guía. Alguien que facilita la recuperación de la normalidad cuando esta se rompe, alguien que reeduca, alguien que evita, alguien que salva. También pienso que ser policía es sonreír en el paso de cebra a una persona que pasa. Tal vez será la única sonrisa que se lleve en todo el día”. De aquí que todos sus personajes despierten estimación: desde el culto, hambriento y solitario sargento de los Mossos de Esquadra Jaume Planagumà en Ginesta per als morts; la fidelidad a la causa republicana de Joaquim Santgenís, comisario de tercera del cuerpo de Investigación y Vigilancia (Brigada Criminal) –no os perdáis Abans del silenci ni la novela póstuma Remor de serps-, que en tiempo de guerra, con media Europa en llamas y la guerra empezada en París, el personaje opta por mantener, ante la destrucción, la serenidad y el coraje para continuar siendo la representación de la ley y la seguridad; el compromiso con la justicia del inspector Iríbar, que mira de tirar hacia adelante sin odiar ni menospreciar –Quan la nit mata el dia-; pasando –a mi parecer- por los personajes que muestran la parte más humana y más humorística de Agustí, porque como afirmaba, “el cinismo de un policía es el termómetro perfecto para saber cómo está la sociedad. Nos salva el sentido del humor”. No es extraño, pues, ver en acción a personajes como Palomu, Nicetu y Marcel·lí, los más queridos e inolvidables, protagonistas de Torn de nit y que aparecieron por primera vez en la antología “crims.cat”, con el relato titulado “Qualsevol nit, a Figueres, pot sortir el sol”. Unos personajes que nos han ayudado no sólo a reír sino a superar los aspectos idiomáticos y a construir un lenguaje policial y delincuencial en catalán, porque como aseguraba, “escribo en catalán de manera natural pero también de manera querida (…) Porque es evidente que escribir novela negra es normalizar, como lo sería escribir novelas rosas, por seguir con los colores. Y normalizar, sean cuales sean las consecuencias, quiere decir asegurar un poco más la lengua, fortalecerla, hacerla crecer. Y eso es un deber, pienso, de todos los ciudadanos de Cataluña”. A través de sus novelas recordaremos siempre un escritor que contribuyó al desarrollo del género y, lo que es más importante, a la normalización de nuestra cultura. Desde “crims.cat”, yo como director y todo el equipo, te decimos gracias, amigo Agustí, por todo lo que nos has dado.

ÀLEX MARTÍN ESCRIBÀ



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