13 de maig de 2015

El hombre delgado. Dashiell Hammett: la novela negra como crítica social

[cicutadry, 12 de mayo de 2015]

Jaime Molina



Si existe un arquetipo de la novela policial que inspiró el cine negro de los años treinta, cuarenta y cincuenta, y aun posteriores, dicho arquetipo puede encontrarse en casi cualquiera de las novelas de Dashiell Hammett quien, junto a Raymond Chandler fueron sin duda dos de los pilares que más contribuyeron a renovar el lenguaje literario en lo que al género policial o negro se refiere. El hombre delgado quizá no sea el paradigma de novela con un detective solitario y huraño, pues de hecho su protagonista, Nick Charles, es un tipo que puede llegar a ser bastante sociable y comunicativo, incluso simpático, aunque también tenga un lado cínico y duro, tan típico del perfil detectivesco; en cualquier caso, de lo que no cabe duda, es de que esta novela está construida con una estructura perfectamente enmarcada en el género policial. Como sucede en muchas otras novelas de género posteriores, el protagonista es un detective privado retirado sin intención alguna de volver a ejercer aquella profesión. De hecho, Nick Charles y su esposa Nora viven, aunque sin grandes ostentaciones, de una forma bastante acomodada que les permite, por ejemplo, ir a Nueva York para pasar las vacaciones de Navidad y divertirse alternando en diferentes clubes en los que saben que sirven, en la época de la ley seca, bebidas alcohólicas. Pero, como cabe suponer, las cosas no siempre salen a gusto de uno, y Nick se ve forzado a intervenir en un caso cuando un viejo amigo, Clyde Winant, le solicita encarecidamente mediante una carta con tono desesperado su ayuda para resolver un feo caso de asesinato en donde la víctima resulta ser la amante de Wynant y en donde el principal sospechoso no es otro que él mismo. Aunque Nick no siente ningún deseo de aceptar la oferta, al poco tiempo es la familia de Wynant quien se pone en contacto con él para solicitarle igualmente que les ayude a resolver el embrollo y limpiar el nombre de Clyde, quien se encuentra en paradero desconocido, escondido de la justicia.
Partiendo de esa base, El hombre delgado transcurre como todas las buenas novelas policiales, entre pistas que juegan a confundirnos, policías violentos que no desean que nadie interfiera en su investigación y que sospechan que Nick se guarda información y un montón de personajes que, de un modo u otro, resultan sospechosos, pues tienen intereses que les pueden haber movido a cometer un crimen. Como cabe esperar, la novela está llena de giros que buscan despistar y jugar con el lector. Y todo ello lo consigue Hammett imprimiendo a su obra un ritmo vibrante y utilizando un lenguaje sencillo y directo, plagado de diálogos con los que descubrimos rápidamente el verdadero carácter de los personajes sin necesidad de exhaustivas descripciones, con una economía de medios que convierte esta obra en un guión perfecto para el cine, algo que, de hecho, sucedió al no mucho tiempo de publicarse en 1932. The thin man fue el título original de aquella película que respetaba así el de la novela, aunque en España se cambió por el de La cena de los acusados, un espléndido film del ya olvidado director W. S. Van Dyke, que se rodó con un presupuesto ajustado en apenas dos semanas y que, sin embargo, fue todo un éxito de taquilla, llegando esta película a estar nominada a los Premios Oscar en el año 1934, e incluyendo entre sus nominaciones la de mejor película, director, guión y actor principal. Interpretada por una pareja maravillosa, William Powell y Mirna Loy, la química de esta pareja causó tal sensación (sin olvidar el famoso perrito Asta que los acompaña) que el esquema se repitió en una serie de seis películas más con los mismos protagonistas. Les dejo una breve presentación sobre esta película en el siguiente vídeo:


 Es conocida la historia de Dashiell Hammett: que ejerció como detective privado, que obtuvo un éxito casi inmediato con su escasa producción literaria, cuya carrera duró apenas cinco años, que realizó algunos guiones de cine para Hollywood y que, posteriormente, cayó en desgracia bajo el yugo del macartismo y murió en 1961, injustamente olvidado. El mérito de Hammett fue el de inventar un estilo de novela que posteriormente quizá fuese perfeccionado por otros autores como Raymond Chandler , James M. Cain, Ellery Queen, o James Ellroy, pero cuyo germen, cuyo origen, nació de su imaginación. Leer El hombre delgado es una experiencia que no defrauda, pues además de su interesante trama, nos enseña que a un buen escritor de novela negra le bastan unas pocas frases ácidas, o un retazo de conversación, para presentarnos a un personaje.
No solo Chandler reconoció a Hammett este mérito y lo tuvo siempre por su maestro. Escritores de la talla de Malraux, Camus o Gide alabaron la valiente denuncia que el autor hacía de la corrupción política en La llave de cristal. Sin olvidarnos de poetas como Luis Cernuda, cuyo interés por Hammett rebasó los límites del género como mero entretenimiento y se declaró un admirador de su estilo, llegando a afirmar que, “en sus mejores momentos, nos parece superior a otros escritores que pasan por estar destinados a sobrevivir a su tiempo, como por ejemplo Hemingway y hasta Faulkner”, destacando la fuerza de sus diálogos, así como “la reticencia y la aguda notación psicológica sin concesiones mercenarias al gusto vulgar, a la facilidad, a la superficialidad, al efectismo”.
El tiempo ha terminado por darle la razón a estas palabras y, quien parecía haber sido condenado al ostracismo y al olvido, ha regresado su merecido lugar en la cumbre de los grandes autores de la novela negra, un género del que, en cierta medida, fue su inventor y que marcó el comienzo de una literatura no sólo destinada al más puro entretenimiento sino que se atrevió a incluir crítica social dentro de unas tramas en las que el crimen y la corrupción eran sus principales elementos.
El hombre delgado. Dashiell Hammett. Alianza Editorial


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