26 de maig de 2015

El baile acaba de empezar

[Bearn Black, 26 de mayo de 2015]

Sebastià Bennasar



Dicen los sabios que entienden de esto de la novela negra (entre ellos el siempre genial Carlos Zanón y los imprescindibles estudiosos Álex Martín y Jordi Canal) que la gran perla oculta de la novela negra española es Julián Ibáñez (1940). Incorporado a principios de los 80 a los Juan Madrid, Andreu Martín y Vázquez Montalbán de turno, Ibáñez ha ido creando una obra sólida, dura, de piedra picada, pero que no ha tenido la repercusión en lectores que debería merecerse este escritor. Mientras Andreu Martín -y en menor medida Juan Madrid- se han prodigado en conferencias y festivales y ejercen de embajadores de lo noir, Ibáñez se dedica a lo que mejor sabe hacer: escribir (aunque dicen los entendidos que el tema de la pesca de secano también se le da de maravilla). En estos tiempos que corren tal vez no sea suficiente producir una obra imprescindible para conectar con el público y esta es la desgracia. Mientras esperamos la lectura de los títulos nuevos que ha sacado con Cuadernos del Laberinto, recuperamos El baile ha terminado, publicada por Roca Editorial en 2009 y ganadora del premio L’H Confidencial (tenéis el libro también disponible en e-book).
En esta novela, Ibáñez abandona los paisajes manchegos y las desoladas planicies con prostíbulos de carretera y partidas de cartas que pueden llevar a la cuneta para adentrarse en un seguimiento policial: el de una chica joven y guapa que viaja de Alicante a Bilbao, casi con toda seguridad para reunirse con su padre. Un policía del grupo de Localización de Fugitivos va siguiéndola sin más instrucciones que las que aporta un contestador automático en Madrid. En Bilbao es donde Ibáñez recupera la maestría narrativa: su personaje anodino pero terco y obstinado, tendrá que lidiar con el marcaje que le hacen por un lado la Ertzaina, que coloca a dos agentes a sus órdenes, y la Guardia Civil, que ve terrorismo en todos lados.
Y a partir de aquí, la rutina. Seguimiento, coche, la chica paseando o comprando o yendo a la biblioteca o a las afueras de la ciudad, soledad, rutina, bares donde comer algo, una cierta fascinación por la agente de la Ertzaina, un cierto rechazo y luego esos silencios, esos sobreentendidos, y la visión general: un policía que al final ha resultado ser mejor agente de lo que nadie había previsto.
Ibáñez va creando un ambiente tan desapacible como la lluvia que cala la novela. Sus personajes son tremendamente humanos y de ahí el gris que impregna toda la novela. Es curioso ver como un libro en el que no pasa casi nada -precisamente esa es la gracia, la dilación de los acontecimientos- te atrapa brutalmente como sólo esa prosa de escalpelo (sujeto, verbo, predicado, punto) puede hacerlo. Y al final, la corrupción moral que lo impregna todo en una ciudad con el terrorismo aún latente en todo el libro, como una amenaza soterrada. Al final todo es mucho más sórdido de lo que parece y ahí, en la sordidez, es cuando Ibáñez no defrauda y se convierte en el mejor de los maestros de la novela negra española contemporánea.
El baile ha terminado
Julián Ibáñez.
Roca Editorial
Barcelona, 2009
204 páginas.




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