14 de març del 2015

El caso de las franquicias literarias

[Fiat Lux, 7, primavera 2015]

Jordi Canal. Biblioteca la Bòbila


Hubo un tiempo en que la literatura era un juego. Mientras Arthur Conan Doyle escribía las aventuras protagonizadas por Sherlock Holmes, Maurice Leblanc publicaba el relato "Herlock Sholmès llega demasiado tarde", cambiando ligeramente la grafía para no ser acusado de plagio. Desde entonces han proliferado los pastiches holmesianos en todo el mundo, adaptando el personaje a distintos entornos y aventuras. Solo en el ámbito español, resulta imprescindible el estudio que Alberto López Aroca dedicó a los pastiches sherlockianos, Sherlock Holmes en España.

No es de extrañar que en el mundo del capitalismo global, la cultura se mercantilice hasta extremos inauditos, como hemos visto recientemente cuando un autor como el multipremiado y prestigioso John Banville ―que también escribe novela policíaca como Benjamin Black―  accediese a escribir una historia de Philip Marlowe por encargo de los herederos de Raymond Chandler: así nació La rubia de ojos negros. De la misma manera nació Los crímenes del monograma, un encargo de los herederos de Agatha Christie a Sophie Hannah para recrear a Hercule Poirot. La voracidad de los herederos de grandes autores no tiene límite, no se conforman con cobrar sustanciosos derechos de autor por las obras escritas por sus antecesores, sino que los amplian conviertiendo en franquicias a los grandes personajes creados por estos.

  Pero la recreación de grandes personajes de la literatura negra y policíaca comenzó como un juego con los pastiches. Así en 1975 se publicaba Al estilo Hammett, del ex detective y escritor Joe Gores, que tomaba la figura del padre de la novela negra, Samuel Dashiell Hammett, lo convertía en personaje literario y lo presentaba como detective privado al cual un antiguo compañero de la Pirkenton le pedía ayuda, y como escritor enfrascado en la redacción de lo que sería El halcón maltés. Una obra muy bien documentada, ambientada en el San Francisco de 1928, que dio lugar al film El hombre de Chinatown, de Wim Wenders. Años después Joe Gores retomó los personajes de El halcón maltés de Dashiell Hammett en Spade & Archer (2009).

El personaje de Marlowe de Raymond Chandler ya había sido tomado prestado en 1973 por el argentino Osvaldo Soriano en Triste, solitario y final, en la que Stan Laurel le contrataba para averiguar por qué Hollywood ya no contaba con él. En 1986, por el escritor y crítico literario uruguayo Hiber Conteris en El diez por ciento de vida, donde recreaba la figura de Marlowe y combinaba el homenaje a Chandler con la investigación de un par de asesinatos y un juego para chandlerianos. En 1988 el editor Byron Preiss encargó a veinticinco autores recrear la mítica figura de Marlowe con motivo del centenario del nacimiento de Chandler, y el conjunto de cuentos fue publicado como El Philip Marlowe de Raymond Chandler. Al año siguiente aparecía La historia de Poodle Springs, firmada por Raymond Chandler y Robert B. Parker. Los herederos de Chandler pidieron al escritor Robert B. Parker, conocido por su serie sobre el detective Spencer y buen conocedor de la figura del detective clásico de la novela negra, que desarrollara una historia iniciada por Chandler que quedó inconclusa a su muerte, de la que solo se conservaban unas treinta páginas, en la que Marlowe se casaba con la Linda Loring de El largo adiós y se trasladaban a Poodle Springs. Parker en 1991 aún publicó un nuevo pastiche de Marlowe en Perchance to Dream, una secuela de El sueño eterno.

El verdadero imperio de la franquicia en este género es el James Bond de Ian Fleming, en el que participan Ian Fleming Publications Ltd, The Ian Fleming Estate y EON Productions. Después de la muerte de Fleming, el agente 007 ha cobrado vida gracias a una legión de autores como Kingsley Amis, John Gardner, Raymond Benson, Jeffery Deaver, Sebastian Faulks, Charlie Higson, Samantha Weinberg o William Boyd, y así cincuenta años después de la muerte de Fleming continuan apareciendo novelas y películas del famoso agente secreto. Parecido al caso de Bond es el del agente de la CIA Jason Bourne, que ha sido recreado en diez ocasiones después de la muerte de su autor, Robert Ludlum, por el escritor Eric Van Lustbader. Business is business!

Otros encargos similares han sido el de los herederos de Dorothy L. Sayers, que encargaron a Jill Patton Walsh completar un manuscrito inacabado de la autora, protagonizado por lord Peter Wimsey y Harriet Vane, que se convirtió en 1998 en Thrones, Dominations. Posteriormente, Walsh ha escrito algunas novelas más con el mismo personaje. El periodista y escritor Robert Goldsborough ha escrito nueve novelas protagonizadas por Nero Wolfe, a petición de los herederos de Rex Stout. En 2011 Don Winslow recreó en Satori la figura de Nicholas Hel, el personaje creado por Trevanian en Shibumi; y el mismo año, Ace Atkins era escogido por los herederos de Robert B. Parker como continuador de la serie Spencer, mientras que Michael Brandman era nombrado continuador de la serie Jesse Stone, serie que desde 2014 asume Reed Farrel Coleman.

El último caso de franquicia literaria hasta ahora, es el de la aclamada serie Millenium de Stieg Larsson. Al morir este intestado, sus bienes y los derechos de autor que devenga la serie no fueron a parar a su compañera Eva Gabrielsson ―con la que vivió treinta años―, sino a Erland y a Joakim Larsson ―su padre y hermano menor respectivamente, con los que apenas mantenía contacto― y estos, no contentos con los royalties generados por las ventas de 75 millones de ejemplares y las adaptaciones cinematográficas, han decidido encargar al escritor David Lagercrantz una cuarta entrega de la serie protagonizada por Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander para, según ellos, «mantener con vida a aquellos personajes y aquel mundo que fue creado por Stieg Larsson». Así, el próximo agosto verá la luz Lo que no te mata te hace más fuerte, que probablemente habría sido más honesto titularlo Lo que no mata engorda.

Una buena noticia final. Desde finales de 2013 el personaje de Sherlock Holmes ha pasado al dominio público en los Estados Unidos. Buena noticia para todos, excepto para los herederos de Arthur Conan Doyle.




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