10 de desembre de 2014

Toni Hill a propósito de “Los amantes de Hiroshima”, su nuevo libro

[Culturamas, 9 de diciembre de 2014]

Benito Garrido

«Así debería ser el trabajo policial, piensa: automático, coherente en su ejecución, constante y pausado. Aséptico y yermo de emociones. La realidad, en cambio, no puede ser más distinta. Avanza a ráfagas, por corazonadas que a veces suponen un retroceso o desembocan en una vía muerta; después se retoma despacio, intentando aprender la lección, pero el frenesí de la investigación acaba imponiéndose y el paso se acelera otra vez».


Toni Hill (Barcelona, 1966) es licenciado en psicología, aunque lleva más de diez años dedicado a la traducción literaria y a la colaboración editorial en distintos ámbitos. Sus dos primeras novelas protagonizadas por el inspector Héctor Salgado, El verano de los juguetes muertos (2011) y Los buenos suicidas (2012), se han publicado en más de veinte países y han sido respaldadas unánimemente por crítica y público. Su debut literario alcanzó la excelente cifra de 120.000 ejemplares vendidos solo en España, convirtiéndose en un verdadero fenómeno editorial que no solo traspasó las fronteras, sino que además tendrá su adaptación a una serie de televisión. La esperada continuación de la trilogía, y que supone el cierre de todos los misterios que habían quedado pendientes, llega ahora con Los amantes de Hiroshima. Toni Hill vuelve a sorprender e impactar con una sólida novela policíaca que, firme en sus planteamientos y soportes argumentales, consolida al inspector Héctor Salgado como uno de los detectives más interesantes y enérgicos dentro del género. Siguiendo la estela de los grandes clásicos del género policíaco, el autor construye una novela vibrante en su evolución e impecable en su estructura de saltos: de una investigación a otra, del presente al pasado, de una perspectiva objetiva a otra más íntima y airada en lucha constante con lo establecido. Demuestra nuevamente su aptitud narrativa para profundizar en el carácter de los personajes y mostrar su lado más humano, ese que viene cargado de recelos e inseguridades.
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Los amantes de Hiroshima. Toni Hill. DeBolsillo, 2014. 468 páginas. 12,95 €
En mayo de 2011 la juventud toma las calles y el movimiento de los indignados ocupa plazas de las más importantes ciudades. Barcelona no escapa a este acceso de rabia y rebelión social. Mientras, el inspector Héctor Salgado y su equipo se encuentran enfrascados en una compleja investigación de asesinato: en una casa abandonada cerca del aeropuerto habían sido descubiertos dos cadáveres dispuestos en una suerte de escenografía funesta: los cuerpos, apenas reducidos a piel y hueso, están abrazados y envueltos en un hule de flores amarillas que a modo de sudario les protege al tiempo que oculta una gran suma de dinero. En otra línea de investigación paralela, aunque no oficial, Héctor sigue buscando el paradero de Ruth, su ex mujer, desaparecida sin dejar rastro hace ahora seis meses. El apoyo en este caso de la agente Leire Castro se ha hecho realmente inestimable para él. Inesperados datos y pesquisas sobre niños robados durante la dictadura, les permitirán atisbar las raíces de aquella dolorosa desaparición… Oscuras razones que, ancladas al pasado, aventuran consecuencias trágicas e imprevisibles. Dos tramas policíacas, que ligadas a crueles sucesos, irán avanzando parejas al ritmo de una ciudad en crisis, plagada de contrastes y contradicciones, que reclama impasible su papel protagonista.
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P.- Cuando el escritor se plantea una trilogía, ¿lo hace desde el principio o surge conforme se va cerrando el primer episodio?
Hay autores que lo tienen claro desde el principio, pero mi caso no es así. Yo me propuse hacer una sola novela, El verano de los juguetes muertes, pero al final en ésta quedaba una puerta abierta, la desaparición de Ruth, que cuando me planteé cerrarla me dí cuenta que no podría hacerlo en solo libro más, sino que necesitaría al menos dos títulos más. Fue entonces cuando finalmente se me confirmó esta primera serie del detective Salgado que consta de tres novelas. La trama de los niños robados tenía tanta enjundia que, aunque cerrada en mi cabeza, necesitaba respirar durante más tiempo, una investigación más larga. En Los amantes de Hiroshima coinciden dos casos sin llegar a solaparse; en una arquitectura interna que tuve que estudiar mucho para llegar al final que ya tenía buscado. Me gusta jugar con la investigación, pero también doy cartas para que el lector juegue.
Toni Hill.
Toni Hill.
P.- Aunque no llega al pesimismo, tu novela rezuma cierta tristeza, como algo desgajado y olvidado sin querer, como una pérdida irrecuperable… Un aliento poético que te distingue.
Yo quería hacer una novela con un triángulo amoroso como protagonista, pero también una historia de amistad, sobre gente que no acepta que no la quieran y sobre los borrosos límites del amor. Cristina y Daniel representan esa pareja que funciona con reglas propias y a la que todo el mundo envidia. Su muerte por tanto, implica una pérdida tremenda en el entorno de amigos que pivotaban a su alrededor, y que evidencia una grave constatación: no vivimos en una época triste, pero sí que pensábamos que las cosas nos iban a ir muy bien y hemos descubierto, resignados, que no es así.
En cuanto al toque poético que comentas, es mi forma de escribir. Leo mucha novela negra, pero no tanta, leo muchos clásicos, pero no tantos. Así que supongo que ese rasgo lo he ido conformando poco a poco conforme he ido escribiendo.
P.- Hablas del 15-M y de sobrevivir al sistema. ¿Es hora de revolver algo interior en el individuo?
Yo en el fondo lo que reclamo sobre todo son revoluciones personales. Aunque quizás provocados por el entorno, eso es lo que viven los personajes, unas profundas revoluciones internas. Sin querer, todos vamos impulsados por la crítica o la desconfianza ante lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Ya no te crees nada de nadie. Eso es lo que respiran los personajes a la hora de plantearse sobrevivir al sistema, aunque ello suponga mentir, revelarse contra los propios valores en los que habitualmente se cree.
P.- Héctor Salgado se ha convertido en un investigador que confirma haber llegado para quedarse. ¿Inspiración clásica, precedente en algún personaje real o de novela?
Principalmente intenté construir un personaje con el que me sintiese cómodo. Tampoco buscaba un tótem que se perpetuase en cada una de las escenas, necesitaba aire, que entrasen secundarios. Héctor es el resultado de la idea que tengo sobre un policía del actual siglo, buena gente, un poco desarraigado, una persona que ha vivido experiencias más o menos terribles, emocionalmente desubicado, muy humano. No busqué el exceso de cinismo por mucho que resulte algo vistoso en otros detectives; a mí personalmente es un rasgo que me termina cargando y tampoco creo que sea una característica muy habitual en un policía de hoy día. Me gustaba que fuese un hombre muy aficionado al cine, que disfrutase de cada película como si de una investigación se tratase. Es inteligente y además la gente de su alrededor le quieren mucho, incluso la casera. Y luego está la agente Leire Castro, que es un personaje que me costó mucho dibujar, pero que representa el contrapunto adecuado a Héctor.
P.- La escenografía que rodea al crimen es verdaderamente impactante…
El hecho de que el crimen de los amantes fuese el único centro de investigación me empujó a plantearlo en un escenario que resultase inolvidable para el espectador, y le mantenga enganchado a la novela… Una casa abandonada, cuadros en las paredes sobre los amantes, las víctimas abrazadas… Ya me pasó algo parecido en el primer libro de la serie.
P.- Y está el amor como fondo borroso pero imborrable, no de uno sino de hasta podríamos decir tres triángulos amorosos.
Cierto. Hablemos del amor en todas las vertientes posibles: la gente que no consigue encontrarlo, la que tiene todo un repertorio donde elegirlo y la que gente que lo vive conformista pero de forma triste, sin acabar de lograr lo que realmente buscaba. En todas ellas surgen dudas. Todos vivimos en cierto modo dentro de un triángulo, y no porque se tengan dos parejas a la vez, sino porque se tienen presentes los recuerdos de la anterior (que te quiso y no quisiste, o quisiste y no te quiso…).
P.- La ciudad de Barcelona se presenta también como protagonista de la novela. A veces luminosa y otras sórdidamente gris, pero siempre única.
Hablamos de Barcelona ciudad y extrarradio. La novela es claramente Barcelona, con su zona franca y sus barrios más céntricos, la ciudad de oportunidades perdidas y de gentes que creían que su vida sería distinta de la que finalmente fue. Los que se iban a comer el mundo, no llegaron a hacerlo. Hace unos años la pregunta en Barcelona era “¿estudias o diseñas?”. Nadie parecía trabajar en algo normal. Todos queríamos ser directores de cine con mucha hambre de futuro, pero cuando la realidad se impone, y eres consciente de que lo mejor de la vida ha pasado ya, entonces surgen otros colores más tristes.
P.- ¿Las deudas del pasado, antes o después, siempre acaban pagándose?
Siempre ha sido y será así. Los dramas particulares se prolongan en el tiempo. Si no se purgan o extirpan de alguna manera, acaban personándose para reclamar su pago.
P.- Toni, ¿esperabas el éxito de tu primera novela y todo lo que ello trajo aparejado?
No, para nada, no se lo esperaba nadie. Las publicaciones fuera del país, en veinte países, hicieron que se dispararan aquí aún más las ventas. Las reseñas estadounidenses de la novela eran totalmente inesperadas, por la complejidad que tiene el hecho en sí.
P.- ¿Continuarás con alguna novela más teniendo a Héctor como protagonista?
Después. Ahora (entre risas) se plantea un cese temporal de la convivencia. Lo dejo en un momento que está muy bien para tomar distancia. Tengo un nuevo proyecto en la cabeza que está alejado de estos personajes. Es un poco de novela negra, casi más de misterio, pero distinto.



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