17 de desembre de 2014

Cosecha Roja / La llave de cristal, de Dashiell Hammett

[Mundo Obrero, 16 de diciembre de 2014]

Antonio José Domínguez

La lectura de la narrativa de Dashiell Hammett nos sitúa en el principio de la historia de un género, la novela negra, que se inscribe por derecho propio en la corriente realista de la literatura occidental en la que el lector puede encontrar, junto al placer de la lectura y la ruptura de los códigos de la novela policiaca, la crónica de su tiempo y la denuncia: Novelas como Cosecha roja y La llave de cristal, muchos años después, serán más que un espejo no solo de la sociedad de los años veinte y treinta, sino también de un tiempo, el nuestro, en el que los mecanismos enajenantes permanecen imbricados en las democracias entre los distintos poderes, al tiempo que descubren la naturaleza del sistema capitalista en la que se legitiman y sostienen, siempre en perpetua vigilancia por sus perros de presa. 

Dashiell Hammett publica su primera novela en el 1929 después de una larga experiencia y un aprendizaje en el oficio de narrador de relatos cortos en los que se desarrolla un arquetipo de personaje que llegaría a definir después la denominada novela negra, diferente de la novela policiaca tradicional. La evolución de este héroe-detective, cuya caracterización crearía el estilohard-boilet, un hombre duro de roer, lo encontramos configurado en Cosecha roja. El propio Dashiell Hammett explica el origen de este tipo de detective: “No estoy seguro que merezca un nombre. Representa más o menos un cierto tipo, el del detective privado que resuelve generalmente sus investigaciones. No tiene la cabeza de madera, ni las huellas deformadas por una cierta escuela de ficción, ni el genio infalible y la omnisciencia de otros. He trabajado con varios ejemplos de este buen hombre”.

Las fuentes de Cosecha roja hay que buscarlas en la realidad americana de los años veinte y en la propia biografía del autor. Su escenario es una ciudad de cuarenta mil habitantes que vivían en medio de un paisaje de chimeneas de ladrillos de los altos hornos, cuyos humos habían revestido de amarillo ahumado sus edificios. Un paisaje que descrito en sus primeras páginas es como una premonición del posterior desarrollo de la misma. Parece ser que esta ciudad era el trasunto de Bute (Montana), ciudad donde trabajó el autor en una época de su vida como detective. Este lugar había sido centro de largas y graves huelgas sindicales a partir del otoño del 1917 recién iniciada la participación de los Estados Unidos en la guerra. Sus yacimientos mineros eran imprescindibles, pero la situación que soportaban los hulleros era sencillamente inhumana, hasta tal punto que sus protestas fueron tan violentas que a los patronos no les bastaba la policía urbana ni la Guardia Nacional para reprimir a los piquetes y reventar las huelgas, que tuvieron que contratar la colaboración de agentes privados. En una de estas huelgas fue linchado el líder sindical Frank Litle, acontecimiento que ejemplifica una de las páginas más dramáticas de aquellas luchas y que puso al descubierto complicidades múltiples, hasta el punto que la patronal invocó el espíritu patriótico en los obreros para que desistieran de sus luchas cuando los Estados Unidos se unieron a la guerra. Sobre esta situación leemos en la narración: “La huelga duró ocho meses. Se derramó abundante sangre en ambos bandos. Los sindicatos tenían que derramarlas ellos mismos. Elihu, el Viejo, empleó a pistoleros y esquiroles, a la Guardia Nacional…” Continúa el narrador que cuando terminó la huelga la organización laboral de Personville estaba descuartizada. El cacique ganó la huelga, pero los matones se quedaron a partir de entonces en la ciudad en la que imponían sus leyes.

A Personville/ Poisonville, (ciudad envenenada), llega el detective de la Continental contratado por Donald Willsson, director de los dos diarios de la ciudad, para que le resolviese un problema personal, pero es asesinado la misma noche de su llegada. Este personaje, era hijo del “zar,” Elihu, el Viejo, que era dueño de un banco, dos diarios y copropietarios de todas las empresas de la ciudad y “propietario” de un senador de Estados Unidos, de un par de diputados, del gobernador, etc., es decir, era el amo de todo y de todos. Como otros relatos de la novela policiaca clásica, Cosecha roja arranca con un asesinato y la búsqueda del asesino, articulándose la trama en torno a interrogante tras interrogante para mantener el suspense de la acción, pero esta configuración lineal se va a romper al principio de la narración, porque aquí el culpable aparece en el capítulo séptimo –la narración consta de veintisiete capítulos– y con un desenlace imprevisto: el móvil del crimen era fue cuestión pasional. Es el momento en el que la línea narrativa se quiebra para abrir otra en la que Poisonville estaba ya madura para la cosecha.

Y es entonces, cuando el narrador, el agente de la continental, despliega toda su estrategia para limpiar la ciudad de matones y distorsionadores, mandamiento que recibe de Elihu, el Viejo, después de duras negociaciones, una vez que aquel había descubierto el asesino de su hijo:“Necesito a un hombre para limpiar esta pocilga que se llama Poisonville, para fumigar las ratas, grandes y pequeñas. Es una tarea de hombre. ¿Es usted hombre?” Una tarea que llevará cabo hasta el final, no sin haber sacrificado su código moral, pero que, sin embargo, le da una dimensión y cercanía humana que rompe con la imagen del tipo duro de roer. 

El tema de la corrupción política aparecerá de nuevo en La llave de cristal, novela que Dashiell Hammett publica en cuatro entregas en la revista Black Mask entre marzo y julio de 1930 después del éxito que obtuvo El halcón maltés y que es recibida, en un principio sin entusiasmo por parte de la crítica, pero hoy día se afirma que es su obra maestra.

Aquí el protagonista no es un detective profesional, pero a diferencia de las novelas anteriores, sí con su nombre, Ned Beaumond, que no se comporta como tal, pero decide esclarecer el asesinato de un hombre, Henry Taylor, hijo del senador, que puede interferir la vida de su amigo Paul Madvig, dirigente político de una ciudad cercana a Nueva York, para quien trabaja como asistente. Esta muerte se produce cuando se van a realizar unas elecciones en las que Paul Madvig se presenta a la reelección, pero por causas que se irán desvelando, este personaje, que está enamorado de Janet Henri, hija del senador, se encontraba momentos después del crimen junto al hombre asesinado por lo que todas las sospechas recaen sobre él, hecho que puede hacer peligrar la ayuda de su padre como su ruptura sentimental con él.

En estos momentos el papel de Ned Beaumond es encontrar al culpable o culpables del crimen para que su amigo no sea inculpado. Para restablecer la verdad utiliza la estrategia del “hacer creer” y la manipulación de los hechos, a través de un recorrido lleno de vicisitudes violentas hasta encontrar al culpable y poder dejar el camino abierto a su amigo. Para ello, Dashiell Hammett, al tiempo que busca la objetividad con diferentes técnicas narrativas, como la caracterización de los personajes configurados en diálogos y en acciones, persigue también que el lector dirima la significación de la novela por sí mismo. Los dos sueños que Janet Henri ha tenido -una llave de cristal aparece en uno como clave metafórica- al final son dos elementos más para este fin, y cuyos enigmas, que debe el lector desvelar, se encuadran en la dimensión cognitiva de la narración, y así poder alcanzar sus claves políticas en una novela aparentemente apolítica, aunque el lector de hoy día, tiene suficientes referentes para clarificar y codificar diferencias y similitudes.

La llave de cristal es una novela que también indaga en las relaciones humanas y en los instrumentos degradantes y deshumanizadores del ejercicio del poder. Sobre este tema, Louis Aragon escribió en 1961 que las novelas por así decir elisabetianas de Dashiell Hammett le habían enseñado sobre la naturaleza de la sociedad moderna más que sesudos tratados, y queCosecha roja permanece como la gran novela del nacimiento del mal. 

Dashiell Hammet murió en 1966. Después de su muerte algunas sombras quieren oscurecer su biografía. Es posible que algunos no le perdonan su militancia comunista y escarban en todos los vericuetos de su biografía. Es cierto que su firma va junto a otras ciento cuarenta y nueve más de figuras de los ámbitos intelectuales norteamericanos en 1938 a favor de los procesos de Moscú en el que expresaban su reconocimiento a la Unión Soviética por su fuerza y progreso alcanzado, y también por ser un referente de futuro para la democracia americana, al tiempo que instaban que se liberase de las amenazas internas que eran un peligro para la paz y la democracia. Esto aconteció en un tiempo, y lo saben, que se era comunista o fascista. No había terceras vías.



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